El universo elegante, de Brian Greene, tiene un buen título: conciso e impactante, sin ser directamente Apocalipsis nuclear ni ningún timo apelante a la adrenalina similar. Lo que es el título de este libro me encanta; lo que pone debajo, ya no: Supercuerdas, dimensiones ocultas y la búsqueda de una teoría final. Suena completamente a Íker Jiménez; pero bueno, no puedes juzgar un libro por la cubierta, así que me lo he leído.
La verdad es que lo de las supercuerdas (el libro va sobre la teoría de cuerdas) tiene, salvando las distancias, un poco de aire a Cuarto Milenio. Vaaale, me he pasado: la teoría de cuerdas es una idea muy notable, con una intención muy noble, y propone una serie de conceptos bastante sencillos y elegantes. A mí mismo, al iniciarme en la teoría, me daba la impresión de que me gustaría que fuera cierta. Pero conforme te vas adentrando en el marco explicativo de las supercuerdas, ves lo siguiente:
- No hay me parece que nada en toda la teoría que sea demostrable empíricamente, por falta de medios actuales.
- Todo lo que ha predicho hasta el momento lo ha predicho a posteriori; vamos, que así yo también me hago adivino.
- Cada dos por tres te encuentras con que lo que se llevaba de teoría hasta cierto momento tuvo que ser ajustado para ser matemáticamente coherente… lo que nos llevó a asombrosas conclusiones físicas que, sin embargo, no parecían tener un pie en la realidad y que sólo resultaban lógicas tras deshacer una maraña de ecuaciones, agárrense, aproximadas.
No sé, no termina de convencerme a mí la teoría de cuerdas; claro que yo no puedo tener mucha opinión sobre esto porque no sé mucho de casi nada, pero si quieren saber lo que pienso no creo que las supercuerdas estén muy dadas de momento a llamar a un público iletrado. Además, llegado cierto momento se jode la sencillez con la inclusión de las diez dimensiones espaciales y ese cúmulo de branas y pi-branas y tal, y ya no parece todo una respuesta tan elegante.
Sobre el libro en sí he de decir que está bastante bien escrito, pese al entusiasmo que destila a veces —ya les digo que, aunque las supercuerdas pudieran existir finalmente, su descripción habría de ser más calmada—, y que tiene una cosa muy buena: antes de meterse de lleno con la teoría de cuerdas se ve obligado a explicar por qué es necesaria, es decir, tiene que exponer la relatividad especial y general y la mecánica cuántica, y lo hace de puta madre, con una abundancia de ejemplos que no había visto nunca antes. Las metáforas elegidas para la relatividad son las mejores que he visto hasta el momento; las de la mecánica cuántica, no tanto, pero también están bien. Ha conseguido que un mendrugo como yo se entere perfectamente.
Resumiendo: del tema del libro ya saben lo que pienso, pero el libro en sí es bastante bueno, y sólo por las explicaciones previas ya merece la pena.