Archive for the 'Eso que aquí no se ve' Category

Mis siete episodios favoritos de House

Esta lista llevaba años en mi cabeza (como algunos de los episodios listados a continuación no tienen tanto tiempo, se deduce que he ido revisando periódicamente mis preferencias). La cosa es como sigue:

  1. Euforia. Bajo este título cuento tanto la primera parte como la segunda como si fueran un único episodio. Porque ambas partes transcienden el universo de las series: son cine puro, tensión dosificada con una maestría asombrosa. Este doble episodio es durísimo, adulto, aterrador… casi tanto como la increíble interpretación de Omar Epps. Además, cuenta con el mérito de hallarse bien alto sin esos trucos narrativos que tanto definen la serie y tanto nos gustan a los que la seguimos con obsesión.
  2. Tres historias. El clásico por excelencia, y por algo es. Este fue el primer episodio en descubrirnos los trucos narrativos de los que acabo de hablar: es difícil de seguir, pero también divertidísimo. Y empezamos a aprender más sobre House como persona de carne y hueso.
  3. Último recurso. Otro tenso, como Euforia, y un poco largo también. No sabía bien dónde colocarlo, así que vamos a dejarlo en el tercer puesto, por ejemplo. Muy bien construido, pero no solo eso: además hay una discusión de fondo bastante entretenida.
  4. La cabeza de House y El corazón de Wilson. Hombre, sí: como episodio doble (que cuento como único) fueron un bombazo, y cuentan con recursos narrativos para dar y regalar. Además, El corazón de Wilson es posiblemente el episodio más triste de House: es lo que ocurre cuando quien la palma es un personaje a quien ya tenías cercano.
  5. Apuesto el resto. Me encantó la primera vez que lo vi, no tanto por la historia médica (que también tiene muchísimo interés) como por la contextualización del caso: el hecho de que todo ocurra en una sola noche mientras los especialistas van y vienen de la fiesta… Desde el principio me pareció muy bien hecho (además de que es un no parar).
  6. Sin razón. Si me siguen desde hace lo suficiente y cuentan con una memoria prodigiosa puede que les sorprenda lo lejos del podio que está este episodio (¡rima!). La primera vez que lo vi me pareció increíble y en ese momento lo habría colocado en lo más alto; pero con el tiempo me ha ido pareciendo bastante deslabazado. Aun así, se trata de un episodio sorprendente que requiere toda la atención del espectador. Y la escena de Cameron con la máquina es de lo mejor de la serie: puro cine, como Euforia.
  7. House contra Dios. Un episodio divertido al que nunca le tuve demasiada consideración excepto por palabrería ajena que acabó calándome. Nunca está de más echarle un vistazo: realmente curioso.

Intenté sacar diez, pero no hubo manera. La segunda temporada se lleva la palma de forma indiscutible, pero para quienes dicen que la serie está en decadencia ahí tienen cosillas de las temporadas cuarta y quinta. (Bueno, sigue pudiendo estar en decadencia porque de la sexta, de momento, no hay nada.) Sus sugerencias, en caso de haberlas, serán escuchadas.

Una sobre educación

Hijo, creí que diciéndote que no ibas a ir al Kampamento Krusty te esforzarías y aprobarías, pero está visto que me equivoqué. ¿Por qué vas a pagar tú por mi error?

(Homer Simpson.)

La decimotercera temporada de South Park

Está tremenda; no sé si ha sido porque el resto de temporadas las vi del tirón (un empacho de la hostia) y esta la he ido degustando poco a poco, pero el caso es que me ha parecido muy buena. No es ya que mantenga el nivel: es que se trata una de las mejores colecciones de episodios de South Park que he tenido el gusto de catar, y miren que llevan años. No hay ya tantas conspiraciones ni tramas traídas por los pelos, sino argumentos ingeniosos, bien construidos, ácidos y divertidos. Ya ha terminado, pero la recomiendo.

Californication

Californication

Érase una vez, en California, un escritor que bebía en exceso, se metía en peleas y poseía la extraña habilidad de acabar follándose a cada mujer con la que intercambiara más de dos palabras. Me suena: efectivamente, el personaje de Hank Moody está basado en su tocayo Chinaski, aunque pronto se descubre que las semejanzas entre ellos se reducen prácticamente al concepto de partida, por las razones que más tarde expondré.

De Californication se hablaba bastante en mi clase, así que me dio por echarle un vistazo, y acabé cepillándomela entera en un puente. Las tramas al principio parecen, más que el desarrollo de una historia coherente, una sucesión de sórdidos episodios, una competición por ver quién dice la mayor burrada; no obstante, van mejorando conforme se acumulan las temporadas, y ahora (en la tercera) empiezan a responder a ciclos completos con un sentido específico.

Esa es una de las mayores diferencias que existen entre las novelas de Bukowski y esta serie: mientras que los libros de Carlitos son auténticas obras maestras, Californication está entretenida, pero no pasará a la historia. Hay que admitir, eso sí, que es descojonante: hay momentos en los que alucinas al darte cuenta de hasta qué punto se ha retorcido la historia, y de lo surrealistas que llegan a ser algunas situaciones. Pero ese es el problema: a veces es todo demasiado increíble, y eso no le pasa a Bukowski ni en el más imaginativo de sus relatos.

La otra diferencia principal que posee Moody con respecto a Chinaski es que en Californication los guionistas deciden desarrollar el personaje por unos derroteros bien distintos: mientras que la ex mujer y la hija de Chinaski apenas aparecían más que en algún capítulo disperso dentro de la bibliografía de Bukowski, en esta serie ocupan un papel central para el desarrollo de la historia, y la verdad es que se agradece, porque el tener que educar a una hija adolescente da mucho juego a la hora de enfrentar este personaje al del escritor atormentado. En ese sentido, la serie presenta posibilidades nuevas y muy interesantes.

Poco más. Una serie muy divertida (muy bestia también) y que, aunque en un principio no destacaba por su calidad, puede llegar a dar de sí cosas realmente buenas. Échenle un vistazo.

Cómo conocí a vuestra madre

Cómo conocí a vuestra madre

Así me maten, diré que Friends. Esta última, por supuesto, fue pionera en su estilo, pero lo que Friends hizo primero esta lo está haciendo mejor. No es perfecta, claro: hay por ahí incoherencias y tramas forzadas, pero es divertida y humana como pocas.

Lo que más interesante me parece de esta serie es el tratamiento: el uso intensivo de flashbacks y el punto de vista subjetivo, la manera de jugar con el lenguaje cinematográfico, la hacen menos linear que muchas otras, lo que contribuye a hacerla destacar. De modo que la recomiendo bastante.

Graham Chapman

Un último comentario sobre South Park

Aquí estoy, doce temporadas y media y casi doscientos episodios después de anunciar que pretendía verme entera South Park. Ha merecido la pena, y sólo quería dejar constancia de que he cumplido lo que me propuse. Las primeras temporadas son, como en prácticamente cualquier cosa, las mejores; las últimas, no obstante, son también correctas, y cuentan con el aliciente de ir satirizando la actualidad a tiempo real. El problema que tienen es que las tramas se descontrolan un poco, y los guionistas abusan del rimbombante efecto que producen las conspiraciones internacionales y los misterios de la cripta. Al final, en casi cualquier episodio interviene el FBI, y eso es un exceso.

Pero incluso estas temporadas de hipérbole merecen la pena. No hace falta repetir que las primeras están mucho mejor, pero no constituye una pérdida de tiempo verlas todas. Y con esto ya me callo, que bastante le hemos dedicado al tema.

South Park

Parece ser que un ritual clásico practicado por los niños cuando yo era chico era quedarse levantados hasta tarde para ver a escondidas South Park. En aquellos tiempos yo estaba demasiado ocupado no teniendo amigos, de modo que puedo decir bajando la cabeza que hasta hace unos días no había visto yo un solo episodio de esta serie. Y ya era hora.

South Park

South Park es una de las series más descojonantes jamás creadas; y es tan bestia que te hace sorprenderte de las cosas que se pueden llegar a echar por la tele. La cuestión es que ayer terminé de verme la primera temporada, y seguiré viendo la serie. Me ha encantado, si quieren que les diga la verdad.

Esto no es una recomendación, principalmente porque todos ustedes la conocerán ya (es un clásico), y porque a quienes pudiera gustarle ya la habrán visto entera. Pero escribir esto me hace sentirme mejor.

Monty Python’s Flying Circus

Monty Python’s Flying Circus

El Monty Python’s Flying Circus es una de las series de humor más importantes de todos los tiempos, y sin duda una pionera en el campo de los sketches. No sólo tiene mérito por ser tremendamente divertida, sino también —y aquí es donde se diferencia de muchas otras— por serlo de una forma bastante inusual; pues su humor surrealista suele venir sustentado por referencias culturales de todo tipo que le dan un nivel más bien alto.

Así, podemos encontrar desperdigado por sus episodios todo un cúmulo de personajes históricos y literarios que no escapan a la burla. Habrá en este mundo cosas divertidas, pero no tantas habrá que al mismo tiempo sean tan enriquecedoras como un partido de fútbol entre filósofos griegos y alemanes o un concurso de resumir En busca del tiempo perdido en quince segundos.

Una vez más, gracias a C. por el regalo. Échenle un vistazo un día de éstos.

Nietzsche

Bueno. Mira: a mí me comen los huevos desde Platón hasta Heidegger, pasando por Savater; fíjate lo que te digo. Y eso sin ser contemporáneo ni ná. O sea, que me la suda todo muchísimo.

(Friedrich Nietzsche, según los salvajes de Muchachada Nui. Vía La Realidad Estupefaciente.)