No es muy propio del que suscribe poner exitazos internacionales de esta década, ¿no? Y ni siquiera es rock:
Pero los arreglos y lo bien que te lo pasas justifican completamente su inclusión.
Oiga, por favor: ¿dónde está su puta madre?
No es muy propio del que suscribe poner exitazos internacionales de esta década, ¿no? Y ni siquiera es rock:
Pero los arreglos y lo bien que te lo pasas justifican completamente su inclusión.

Es bastante típico; no hace falta que me lo recuerden, porque lo sé. Pero esta es otra de mis escuchas recurrentes en el autobús, así que van a tener que aguantar una reseña que mil veces habrán leído ya. Intentaré que les sea leve.
Back in black es —lo reconozco— un disco en el que todas las canciones suenan igual, pero al mismo tiempo constituye un ejemplo de calidad compositiva; de cómo hacer canciones potentes, bien construidas y que enganchen. (Además, por supuesto, de tratarse de una de las exaltaciones más reconocibles del género.) Lo que hay aquí son riffs redondos, solos emocionantes y estribillos que seguir; y, a pesar del ruidazo que meten, todo el disco es completamente accesible (es decir: completamente comercial, lo cual ya saben que en esta casa no es considerado en absoluto un pecado). Y las letras son coherentes dentro del reducido mundo de los AC/DC.
Las canciones:
Pues eso: este disco es prácticamente un temazo tras otro, y si alguna canción no es un temazo por lo menos es disfrutable. La portada (¿tiene portada?) no me gusta, por eso de que la Times New Roman no va bien para la música (tampoco van bien las tipografías serifadas en general, pienso yo). Hedu recomienda Back in black.
Esto lo subieron hace poco y lo he encontrado de casualidad:
(Hay otras cuatro partes a las que pueden llegar sin problema.) ¿Les sigue costando entender por qué admiro a este hombre?
But I have no fear:
’cause London is drowning and I ─
I live by the river!(The Clash, London calling. Ya he dicho alguna vez
que esta me parece la frase más gloriosa de la historia del rock.)
Me he comprado una guitarra (eléctrica) nueva. Necesito unos cuantos días para tenerla un poco más sobada y poder elaborarles un informe condiciones; de momento solo quería hacerlos partícipes de mi entusiasmo.
Jipis… No me gustan los jipis.
Hay una cosa que se llama jabón:
mata los piojos y te quita el olor.¡Heil Hitler!
Nazis… Simpáticos, los nazis.
Nazis… Conozco muchos nazis.
¡En la noche alemana
los judíos rezan!¡Heil Hitler!
¿Rockers? ¿Qué pasa con los rockers?
¿Rockers? ¡Yo soy un rocker!
¡Diez años de lucha solitaria
son suficientes para reventar!¡Heil Hitler!
(Ilegales, ¡Heil Hitler!)
Me encanta leer críticas de discos, supongo que porque me entretiene saber qué piensa otra gente sobre las cosas que a mí me gustan. En este sentido, soy un incondicional de la página de George Starostin. George Starostin, por cierto, es un señor que ha reseñado muchísimos discos con un estilo ameno que, por otra parte, no escatima en erudición: sus reseñas son divertidas y exhaustivas.
Además, en términos generales coincidimos bastante (en ciertas cosas, por supuesto, no estoy de acuerdo), por lo que no me cabrea leer su página. Y hay muchísimo texto: todo esto da para un montón de tardes en blanco.
Si se aburren tanto como yo, ya saben cómo solucionarlo.
Esta canción me parece preciosa:
Poco más puedo añadir. La pondré una vez más…

Recuérdenme que un día de estos les explique por qué Blur me parecen mucho mejores que Oasis. De momento, la historia que venía a contarles es que hace poco había en una conocida cadena de centros comerciales presente en mi ciudad una oferta de discos muy decentes a seis aurelios. Rescaté cuatro: dos los había oído, de uno tenía referencias y de este no conocía ni una canción. Cuánto tiempo perdido a lo largo de mi vida, porque ahora estoy enganchado.
La verdad es que de Blur, hasta esta época en la que (a raíz de la escucha de este disco) me ha dado por estudiarlos en profundidad, solo conocía el Parklife y alguna canción suelta más. The great escape es una especie de dignísima continuación de Parklife; para algunos llega a superarlo, cosa que para mí es imposible, pero en cualquier caso se trata de un álbum muy meritorio, o no estaríamos hablando de él.
The great escape es un disco más compacto (lo que está bien), pero menos divertido. No estoy diciendo que no sea divertido; de hecho, sigue en la misma línea de experimentalidad razonable, preciosismo pop, falsetos y comentario social que tanto éxito tienen por estos lares. Lo único que digo es que la obra maestra en este sentido es Parklife. Por lo demás, The great escape es un discazo. Y lo que nos vamos a encontrar en él es lo que ya he dicho: pop inteligente, divertido; música accesible, lo que a un esnob le sonará a inconveniente pero no es más que una ventaja añadida a algo que posee profundidad per se. Podría a continuación soltar un rollo sobre el contexto histórico-musical en el que esta obra salió a la luz, pero ¿para qué? Ya hay muchos sitios en los que viene perfectamente explicado. El señor Albarn se arrepiente a estas alturas de haber grabado este disco… Allá él. Las canciones:
Perdonen si esta vez he dedicado menos líneas a cada tema, pero es que son quince. Lo que tenemos es, en definitiva, composiciones a veces decentes y a menudo realmente buenas envueltas en unos arreglos como pocas veces se han visto en este planeta. Después de esto Blur avanzaría por otros derroteros igualmente aceptables (no me pueden decir que su álbum homónimo no es otro discazo), pero como estas joyas pop… nada. En esta ocasión la portada, signifique lo que signifique, me parece muy buena. Ya lo saben: si les gustan las buenas melodías y los arreglos trabajados, The great escape constituye una gran opción.
¡Ah! Por si les intriga saber qué discos me compré aparte de este, yo se los digo: A love supreme, de Coltrane (el jazz estaba a cinco euros), Kolpez kolpe, de Kortatu, y No somos nada, de La Polla (este último es ese del que solo conocía una parte). Como habrán comprobado, más incoherente no puedo ser.
Y no solo suelto los nombres, sino que encima las pongo en orden de preferencia. La decisión es ante todo estética; todo lo que pueda yo saber de sonido o características me lo han contado.
La lista puede parecer un poco bipartidista: lo es. Pero las Rickenbacker son feas y tampoco es que yo tenga una gran cultura musical. La Gibson SG no ha entrado por poco (y eso que en su día ni siquiera me gustaba) y a la Stratocaster le tengo ya repulsa, como supongo que mucha gente, por estar hasta en la sopa. Más divertido es decir cuáles me parecen un insulto a la estética: la Mustang, la Flying V (¿han visto esta última del revés? Eso ya sí que es para arrancarse los ojos)…
Ah, y como acústica me encanta la Martin D-28, pero esta lista era de eléctricas. (Debería haber puesto fotos, lo sé, pero no se preocupen porque la mayoría de los enlaces llevan alguna. Y si no busquen ustedes.)
¿Me compraré algún día alguna de estas?