He tardado en escribir esta entrada porque quería hacer las cosas bien: pensé que antes de reseñar la calculadora sería recomendable estar al tanto de todas sus posibilidades, y la única forma de controlarlo todo era leerse el manual entero (aunque no llegara a estudiármelo). Esto puede parecer fácil, pero es que el librito tiene mil páginas, señores. Así cualquiera, ¿no?
La calculadora al principio parece increíblemente complicada. Las cosas más sencillas se llevan un rato de tu preciado tiempo y nada parece lógico: ¡cuántos botones, y nueve funciones por cada botón! Sin embargo, conforme vas cogiendo manejo te das cuenta de que todo tiene su explicación, y a la larga los cálculos están pensados para ser hechos de la manera más rápida, más eficiente. El modo RPN no tarda en entrar, y es una maravilla que engancha. Los menús no son en principio demasiado intuitivos (HP nunca se ha caracterizado por eso), pero tampoco es difícil acabar haciéndose con ellos.
Hay que tener en cuenta que si la calculadora resulta en algún momento complicada lo será por la sencilla razón de que tiene muchísimas cosas. No puedes hacer tan sencillo como una escoba algo que no lo es. Y es imposible aprender a manejar a la primera un cacharro que hace cosas como estas:
- Resuelve ecuaciones y sistemas de ecuaciones. Además, viene con un amplio catálogo de ecuaciones con aplicaciones en diversos campos de la ciencia: por ejemplo, si tienes un problema de tiro parabólico puedes decirle lo que sabes y la calculadora te dirá lo que no sabes. Aluciné pepinillos con esto.
- Te permite trabajar con vectores y matrices. El escritor de matrices es bastante cómodo, porque si tuvieras que metérselas a pelo te lo ibas a pasar bien. (Las cosas que puedes hacer con las matrices, por cierto… no tienen precio. Muchas son preguntas de examen de álgebra de primero.)
- Representa gráficamente funciones en dos y tres dimensiones. Las opciones son muchísimas, y medio empiezo a dominarlo.
- Calcula límites, derivadas, integrales y demás bestias. ¡Una bicha que sabe de infinitos! Las ciencias avanzan que es una barbaridad.
- Permite encontrar un montón de resultados estadísticos y de probabilidad, aunque para eso tienes que meterle los datos antes. Esto no lo he probado (ahora mismo no hago mucho uso de la estadística), así que no sé si hay que calentarse mucho la cabeza. Ya les contaré si tengo ocasión.
- Cambia números de base. Útil, sí.
- Es programable, lo cual abre un mundo de posibilidades al que sepa explotarlas. Esto, por el momento, no va por mí.
- Tiene hora y alarmas. Y se le puede meter una tarjeta SD.
Me parece que en algunos puntos se ha notado demasiado que mi anterior calculadora era una Casio comprada en una papelería, pero bueno. Hay algo que hace más cómodas las operaciones si en algún caso se te cruza el modo RPN: el escritor de ecuaciones, con el que puedes tardar más pero que resulta enormemente intuitivo. Y algo que me asombra: el modo paso a paso. ¿Recuerdan cuando los profesores decían que si te limitabas a poner el resultado te lo tachaban? Bueno: pues esta amiga te divide los polinomios, te calcula el límite, te resuelve los problemas… cuenta por cuenta. Puedes aprender a hacer ciertos ejercicios con ella, pegado a la pantalla. Me parece genial.
Por supuesto, lo primero que hice nada más recibirla fue meterle el Tetris: así somos por estos pastos. (Hay por ahí cosas rarísimas para meterle.) Esto tiene un montón de posibilidades; al principio uno piensa que va a ser demasiado potente para lo que hacemos, pero se le acaba sacando partido a todo. Cuesta dinero, sí; pero estoy muy contento con ella. No hace falta estar doctorándose…

A escalas muy pequeñas, cuando se quieren observar las propiedades de una partícula lo que se hace es lanzar un fotón de modo que éste choque contra ella; el problema es que en una escala como ésta el fotón no es mucho más pequeño que la partícula en cuestión, y al producirse el choque no sólo el fotón es desviado, sino que también se desvía, en cierta medida, la otra partícula. Cuando un rádar envía un haz de ondas de radio para que choque contra una roca y que el tiempo que tarde en volver nos indique la distancia a la que se encuentra el objeto, podemos estar seguros de que la roca seguirá allí después de hacer esto, porque los fotones son inconmensurablemente más pequeños que ella y el efecto que le producirán va a ser mínimo. Pero ¿qué pasa cuando tenemos rocas del tamaño de fotones?
¡Bravo! ¡Loado sea el capellán! Me es difícil imaginar una frase con la que me lo hubiera podido poner más sencillo; porque ésta trae consigo un ejemplo de libro. Forma parte también, por cierto, de ese primer texto que se titula Las contradicciones del materialismo científico. Pues sí, es verdad: efectivamente, las jirafas no heredan el cuello largo porque sus padres los fuercen. Esto fue desmentido hace mucho tiempo; y ¿saben por quién? Por los darwinistas. Porque este asunto de cuellos era lo que sostenía el
Lo que viene ahora es la cuestión central de este post, cosa que acabo de improvisar, así como acaba de ocurrírseme también que finalmente esto va a ser una serie. Y es ésta la cuestión central porque vamos a ver si, además de enfurecernos un poco, esta entrada sirve también para aportarles algo a ustedes, algo que quizá no supieran; y es que a continuación el capellán incurre en la llamada
La falacia de Hoyle viene a decir, en resumidas cuentas, que es estadísticamente imposible que las 
