¿Cuánto hace que no voy al cine? Muchísimo; por sí solo este es un hecho que carece de mayor relevancia, pero el caso es que me estoy perdiendo cosas. Me gustaría haber visto Avatar en 3D, pero a estas alturas se me fue; Alicia en el País de las Maravillas va por el mismo camino. Pero claro: el dinero tira para atrás…
Archive for the 'Meriendas de celuloide' Category
Un poco moñas, pero miren qué corto más curioso me ha pasado Omar:
(Pasen a la segunda parte cuando terminen con la primera.)
La noche de un cinco de enero de hace unos cuantos años estábamos mi madre y yo esperando en el salón a que se durmieran mis hermanos para dejarles los regalos pertinentes. Por pasar el rato estábamos viendo la tele, y echaban Amélie. No vi más que un trozo: una secuencia sobre enanos de jardín que recuerdo que me pareció bastante tonta. Y hasta ahí llegaba, hasta hace nada, mi conocimiento.
Años después, mi mejor amiga tiene por película de cabecera Amélie. Llevaba ella mucho tiempo dándome la vara con que tenía que verla, y yo me negaba en redondo a hacerlo; en parte porque lo poco que había visto de ella me había dejado igual, pero principalmente por dar por culo. Como ellos solitos se juntan, resulta que esta muchacha es tan enfermizamente retorcida como yo, así que acabó optando por regalarme por mi cumpleaños la película en DVD (aparte de un barril de cinco litros de Franciscana, que es la manera de que no la mate). Uno no puede dejar sin estrenar un regalo, así que aquí estamos: reseñando Amélie.
La película es mala de cojones: sin rodeos se lo digo. No entiendo cómo pudo tener tanto éxito un producto que es tan difícil de ver (después explicaremos esto) y ni siquiera ofrece ningún tipo de compensación posterior (porque, después de todo, está vacía de contenido). Amélie pretende ser una especie de oda a las cosas pequeñas; para ello abusa de las listas hasta dejar al espectador cansado y aturdido. ¡Es una cosa sin interés tras otra! Los personajes son completamente irreales (encima, no me gusta cómo lo hace casi ningún actor) y los diálogos, que supongo que pretenden decir mucho con contadas palabras cargadas de significado y simbolismo, son diálogos de besugos. Pocas escenas consiguen transmitir la ternura a la que aspiran; en general, acaban siendo más bien irritantes (a lo que se suma la banda sonora, que está bien per se, pero que aquí colocada lo pone a uno de los nervios con la parisinez de las narices). La ambientación no está mal, aunque, como decían en Vicisitud y sordidez, si el presupuesto no es irrisorio es que no se le puede pedir otra cosa; de modo que ¿qué tiene de bueno?
Pero es que eso no es todo. Decíamos que la película es difícil de ver; no lo es solamente porque a un servidor lo exasperen las listas que no van sobre nada, sino porque es que encima está mal montada. Amélie es la película más efectista que he tenido el dudoso placer de echarme a los ojos: todos esos jueguecicos (que a mí suelen gustarme) están puestos de manera que acabas sin saber dónde estás. Y, encima, abusan de ellos. El visionado de esta película es un sufrimiento.
En definitiva, ¡vaya una gilipollez de película! Les recomiendo encarecidamente que inviertan su tiempo en otra cosa que no sea verla, porque ni siquiera vale para echarse unas risas (de hecho, entre otras cosas intenta hacer reír. Y no conseguirlo es precisamente parte de lo que la hace mala). No sé ustedes, pero yo les prendería fuego a estos intelectualillos de la cotidianidad.
Esta película y la anterior me las recomendó Omar, detalle que desde aquí agradezco. Mientras que Hacia rutas salvajes me gustó bastante y ya está, American beauty entró de cabeza en la lista de mis películas favoritas de todos los tiempos. Lo único que encontré irritante en ella fue que se me hizo demasiado corta (y realmente no lo es); todo lo demás es bueno. La trama, sórdida y tristísima; los personajes, humanos pero interesantes; la banda sonora, reconocible (me conformo con eso). Búsquenle ustedes las moralejas; a mí me marcó, lo que creo que es suficiente.
Mi pregunta es: ¿no encuentran un poco absurda la traducción española del título de esta película? Por supuesto que se puede ir hacia una ruta, pero lo acostumbrado es ir por ella hacia otro sitio. En fin: la película me ha gustado bastante, sin llegar a entusiasmarme. Lo que de verdad aplaudo es que siendo tan rara, tan personal, tan anticomercial, no se llegue a hacer lenta: mantiene en todo momento el interés del espectador. Otra cosa que me llamó la atención fue la pinta de viejuna que tiene; luego te enteras de que es del año 2007. (A lo mejor es que me la bajé con poca calidad, pero creo que no es eso.) Recomiendo.
Los hombres que miraban fijamente a las cabras. No: no la he visto ni sé si lo haré, pero jamás un título había causado tanto impacto sobre mi persona (ni sobre mi entorno). Deberían existir premios para estos detalles tan importantes.
Extraño juego. El único movimiento ganador es no jugar. ¿Hace una partidita de ajedrez?
Me has conocido en un momento extraño de mi vida.
(El narrador, El club de la lucha. Al final he comprimido tanto el microrrelato que se me ha quedado solo en la cita inicial.)
Vaya por delante que detesto el título que le han puesto la película al traducirla al español; es por ello que lo que encabeza estas líneas lo dejo en pérfido albionés. Pasa que «malditos» es un eufemismo de esos que solo salen por la tele, y «bastardos» lo usan los traductores de películas americanas para insultarse entre sí. Yo lo habría dejado como Capullos infames, o (mejor aún) no habría tocado el título, porque las pelis de Tarantino, por tradición, siempre se han quedado como están. Y les viene bien, pero no parecen pensar lo mismo los responsables de esta.
Inglorious Basterds es una película que está al nivel de las primeras del director. Eso podría ser decir mucho, pero creo que la violencia tarantiniana está aquí representada tan cruda, surrealista, imaginativa y turbadoramente divertida como en cualquiera de sus obras anteriores, o mejor. Vuelven los diálogos (naturales e ingeniosos), los planos cómplices, la banda sonora; los personajes chulescos y la absoluta ausencia de aburrimiento. No hay momento de desperdicio.
La película constituye un revuelto de idiomas bastante curioso, y si algo se le puede echar en cara es un final, si bien apoteósico, un poco salido de la serie B; porque no encuentro una diferencia clara entre una venganza judía y unos surfistas nazis, pero puede que ese sea uno de los encantos de Tarantino. De modo que hasta eso, con reparos, podríamos salvarlos. Recomendación total.
Y es que estoy tan enganchado que no sólo me estoy viendo la serie en sí (en el momento de escribir esto tengo recién empezada la quinta temporada), sino también los dos cortos previos y la película que sacaron en el noventa y nueve.
La peli, no obstante, no me ha gustado tanto como los episodios. Parte de la culpa la tendrá el doblaje, que es distinto y les pone a todos los personajes la misma voz, que es de puro cómic; excepto al Chef, al que le cambia su espléndida voz de cantante de soul por un acento cubano que no viene a cuento. Y los chistes no me han hecho tanta gracia como los de la serie en sí, y la trama no me ha parecido excesivamente imaginativa. Le daré el aprobado por puntos aislados.

