Archive for the 'Burricencias' Category

Las tropas napoleónicas derrotadas en Siberia

A ver: la primera versión de este relato iría camino de cumplir los tres años de no ser porque la perdí. De todos modos eso está bien porque nunca llegó a convencerme y mi intención era reescribirlo; no llegué a hacerlo cuando aún lo tenía, y ahora que no lo tengo no he tenido más remedio que cumplir mi propósito.

Con lo que no hay mal que por bien no venga. Hay que decir que sigue sin convencerme cómo está escrito, pero me niego a seguir escondiéndolo. La historia sí que me gusta bastante; ojalá supiera darle un mejor tratamiento…

Aquí lo tienen: Las tropas napoleónicas derrotadas en Siberia. Una historietilla etílico-surrealista no demasiado desarrollada (porque me veo incapaz de hacerlo bien). Y, efectivamente, el título no significa nada.

La vía de servicio es un cenagal

Casi peor que ir en bici mientras llueve es echarse a la carretera justo después de que haya llovido: no solo hay charcos, sino que además es el momento en el que salen a echar un vistazo todos los insectos de nuestra región. Uno va viendo como su camiseta se va rellenando a base de puntitos negros; también puede uno adelantarse, pues si mira al frente se encontrará con infranqueables nubes que el sujeto no puede sino comerse enteras. Se meten en los ojos, se meten en la boca. Y cuando llegas a casa te has dado un banquete.

Desorientación

¿Conoces esa sensación de desorientación, de no saber exactamente dónde estás ni por asomo a dónde vas, que achacas a la adolescencia? ¿Esa sensación que te parece infantil y que consideras pasajera?

Pues no se va a ir.

Algo de sociopatía

Más que a cualquiera que me desee mal o que se esfuerce conscientemente en promover y desarrollar mi infelicidad, odio a esa gente que camina por delante de mí en ciudad. Y encima caminan lentamente, y ocupan todo el ancho de la calzada, y se detienen de improviso cuando les estás pisando los talones (a menudo). Una cosa que suelen hacer también mucho es desviar repentinamente su trayectoria sin importarles lo que ocurra a su alrededor: ¿no están de acuerdo conmigo en que tiene prioridad aquel que se mueve en rectitud?

Un día voy a darme una vuelta por Granada con un lanzallamas. Las aguas se abrirán a mi paso, y podré elegir con mis piernas soberanas la velocidad (en módulo) y la dirección de mi paseo. Y el que me lo impida… chamuscado.

¿Soy un sociópata? Muy probablemente, sí. Pero, bien pensado, seguro que el que va detrás de mí piensa lo mismo de mis torpes pasos.

La única opción concebible

En diciembre escribió un breve ensayo autobiográfico sobre la carrera que acababa de empezar; sobre cómo veía el futuro y las expectativas que tenía. No esperaba que los acontecimientos se desarrollaran de una forma brillante, pero sí estaba bastante seguro de que al final conseguiría terminar la carrera y dedicarse a lo que le gustaba, y aportar algo. El camino iba a ser duro, pero sabía que al llegar a la meta podría empezar a hacer uso de ese otro tipo de inteligencia que él poseía, y entonces las cosas se pondrían interesantísimas. Estaba convencido de haber nacido para esa última etapa. Porque era eso, o nada.

Pues ya no era diciembre, sino febrero, y en los parciales se lo estaban follando a base de bien. No había aprobado ni uno solo. Y en medio de todo aquello se le ocurrió hacer lo peor que podría haber hecho: releyó aquel breve ensayo autobiográfico y se sintió inerte, transparente, absolutamente invisible a los ojos de la gente que le importaba. Era el ser más decepcionante jamás inventado; porque al releer aquello se dio cuenta de la pasión con la que había sido escrito, de que lo que había muerto era mucho más que una opción de tantas (en realidad era, desde hacía años, la única opción concebible). Nada merecía ya la pena. ¿Para qué?

¿Cómo te sientes hoy?

Míralos una segunda vez: no son tan listos. Al menos, no son listos en todos los sentidos, o no en todos los más importantes. Una de las características que encuentro más fáciles de descubrir cuando leo a Feynman es su inocencia: ese hombre era (me parece a mí) incapaz de concebir la maldad, lo cual le resta un punto de picardía. Algunos de los hombres que mayores aportaciones han hecho a la ciencia no eran sino niños crecidos que, jugando, lograban resultados asombrosos; a veces pienso que muchos no eran conscientes de lo que se traían entre manos, que solo buscaban divertirse con algunos rompecabezas.

Pues eso: bastantes máquinas resolutoras de problemas (no todas) son infantiles y sueltan carcajadas más bien tristes. Uno piensa que rara vez se habrán planteado quiénes son. (Posiblemente toda esta reflexión se deba a que me siento inferior enfrentado a estos tipos y quiero resolverlo descubriendo que poseo otro tipo de inteligencia.) Vamos, que encima son felices los cabrones…

Los entierros

Tengo un sueño que se repite. En él, asisto a una gran fiesta que se celebra en los jardines que rodean a una lujosa mansión; y coinciden en dicha fiesta, de manera asombrosa, todas las personas que han pasado por mi vida. Allí están mis amigos de la infancia, los profesores que me han dado clase a lo largo de todos los ciclos, las mozas por las que me he interesado y todos mis familiares. Y más gente.

El otro día me di cuenta de que eso es lo que pasa en los entierros.

Odio el verano

Me he dado cuenta hoy de que lo único que encuentro atractivo en el verano son las vacaciones, y de que es por ellas por las que solía esperarlo y sentirme eufórico al tenerlo aquí; pero la verdad es que, aparte de las vacaciones, el resto de las cosas que trae consigo el verano provocan, más bien, mi más enérgica repulsa.

El verano es, primeramente y por definición, calor. El calor es molesto de por sí, pero da lugar además al sudor (que trae el olor) y a la sed, que hace ir ochenta veces a beber agua (que de helada resiente la garganta) y otras tantas al servicio a completar el ciclo; y se completa temporalmente, pues pronto volvemos a repostar.

Hay insectos, pero ya hemos hablado de ellos más de una vez por aquí. Hay más carne a la vista, pero se resiste, pues, ay, hoy no te me asobines, que me das calor: la contemplación del objeto lleva al deseo, y la insatisfacción de este último conduce al sufrimiento. Hay playa; pero ¿qué es la playa sino arena y humedad? La humedad permite a la arena adherirse al cuerpo desnudo, y ahí sufrimos también.

Además, las cosas dejan de funcionar. Estas líneas las escribo en papel; cuando vuelva la cordura las daré a conocer… Odio el verano, la verdad.

La semana santa

Me aburro tanto que no encuentro palabras con las que describir cuánto me aburro. Devoro libros y luego los aparto; he estudiado más de lo que cabría esperar de mí dada mi condición de haragán, y no ha sido por otra cosa que por puro aburrimiento. La nota que quiebra mi ser es que, a pesar de todo, siempre quedarán infinitos hexágonos de libros por leer, y volveré a las estanterías y cogeré otro para acabar apartándolo después de prenderle fuego con mis dedos, furiosos como cerillas.

Las opciones habituales de entretenimiento están exiliadas; otras se exilian aquí para quemarme los labios durante dos días (el ciclo es éste: dos días buenos que dan paso a semanas de recuerdo frustrado) y luego marcharse con esa sonrisa que un día haré eterna dejándome a medias. Pues en eso consiste la existencia de Pérez: en quedarse a medias. Moriré a medias, sin material suficiente para escribir un libro…

Asesinato en la graduación

Escribí este relato como continuación de una coña que tenía con una amiga y después, al hacerlo rular por la clase, pude ver que tenía cierta aceptación; aunque lo escribí del tirón y por puro entretenimiento, no puedo decir que me quedara del todo mal, así que, ya que no tengo otra cosa que contar por estos lares, aquí lo tienen.

Todos los nombres que salen corresponden a personas reales; la cosa está llena de referencias personales, pero creo que no es difícil de entender por dónde van los tiros aunque no se me conozca en persona, e insisto en que los chistes no son tan inaccesibles. He aquí mi primer acercamiento al relato policíaco, aunque supongo que esta historieta también podría encuadrarse en géneros como el drama psicológico o el surrealismo chorra. A ver qué les parece.