Author Archive for Fornicio Pez

¡Adiós, amigos!

Buenas tardes, mis estimados lectores. De acuerdo con los axiomas por mí establecidos para el correcto funcionamiento de este blog, y como ya se les adelantó, esta ha de ser la última entrada que aparezca en él publicada antes de las vacaciones de verano. El lado bueno es que cuando volvamos no van a tener ustedes tregua: voy a tener con qué darles la vara. Creo, de hecho, que tan pronto como es ahora puedo ir anticipándoles las cosas que por ese entonces se nos habrán acumulado:
  • Los resultados obtenidos en los exámenes de junio, e incluso en los de septiembre (a los que desde ya me temo que me voy a tener que presentar en los casos de más de una asignatura).
  • Crónicas bien documentadas de los conciertos a los que espero haber ido para cuando volvamos; serán estos los ya anunciados de Ilegales y AC/DC, y posiblemente ese festival que va a celebrarse en Getafe y del que ya les hablé.
  • Un reportaje exhaustivo de mi estancia en la capital británica, que esperemos que se lleve a buen término. Mi intención es dedicarle prácticamente una entrada (y larga) a cada día que pase allí.
  • También les contaré si he aprobado o no la parte práctica del examen de conducir. Para esas alturas rezo porque todo esté terminado.
  • Paralelamente a todo lo anteriormente expuesto estarán también, por supuesto, las reseñas de todos los libros que me pienso leer durante este verano; serían estas las que nos faltan de junio unidas a las de julio, agosto y casi todo septiembre. Van ustedes a hartarse.
  • Y las series que está entre mis planes devorar. Les diré qué me han parecido.
  • A todo esto pueden sumarse, claro está, opiniones sobre productos de consumo que yo haya tenido el placer de consumir a lo largo de estos meses, aparte de los ya mencionados libros y series. Vamos: que si descubro algún grupo, alguna película, lo que sea, yo se lo diré.
Gracias por la atención prestada. Nos leemos en septiembre, pues.

Territorio comanche

¡Hombre!, algo nuevo a lo que hincarle el diente. Lo que aquí tenemos es la crónica de un reportero de guerra, un género que aún no había tenido el placer de catar; y es interesante, además de bastante duro. El estilo de Pérez-Reverte es aquí más directo que en otras obras suyas, lo cual me parece adecuado teniendo en cuenta el tema tratado. Un notable le voy a dar, aunque podría haberme llegado más.

Fuego, camina conmigo

Twin Peaks

Anda que son ustedes piadosos conmigo: les pido que me recomienden algo que me dé satisfacciones intelectuales, algo lógico que no tenga nada que ver con Perdidos, y me recomiendan ustedes una serie coescrita y codirigida por David Lynch. Nunca se me olvidará lo turbado que quedé después de ver Mullholand Drive; y menos si ustedes se dedican a hacerme ver cosas del mismo estilo.

No obstante, Twin Peaks (de ella hablamos) va con la verdad por delante prácticamente desde el primer episodio: los métodos de investigación empleados por el agente que vertebra toda la trama no son apenas racionales, pero tampoco nos han prometido que lo sean en ningún momento. Twin Peaks es una serie con un trasfondo místico; la mitología subyacente resulta a veces un poco simplona, pero sabemos desde el principio de qué va la serie. Los sueños y las visiones constituyen una parte fundamental de la trama; aunque a veces sea un poco difíciles de entender, en todo momento mantienen entre sí la coherencia que se espera de una obra honesta. Existe, una vez que ha acabado la serie, una explicación para todo; mitológica, sí, pero se veía venir.

Pero Twin Peaks no es solo una serie fantástica, o de misterio o terror (géneros a los que pertenece, en parte, a base de introducir ciertos tonos dentro de la fantasía). Uno de sus mayores aciertos consiste, precisamente, en la habilidad que tienen los guionistas a la hora de saltar entre un género y otro: tenemos ratos bastante policíacos (quitando la mística), tramas que parodian los retorcidos culebrones liando entre sí a todos los personajes según todas las combinaciones que permite la combinatoria… Y está la comedia; porque Twin Peaks no es solo emotiva o aterradora, sino por encima de todo hilarante.

Lo es por sus personajes, que están todos locos; algunos han perdido evidentemente el juicio, y otros son simplemente más raros que un perro verde. Entre los primeros se incluyen Leland Palmer, que da risa cuando debería dar pena, Ben Horne, Nadine Hurley… Esta gente (quitando a Leland) cobra mayor protagonismo una vez resuelto el misterio que da pie al comienzo de la serie; conforme la crítica empezaba a cansarse las situaciones y los diálogos de carácter más mundano se iban convirtiendo en auténticas obras maestras. Otros personajes son simplemente raros y lo fueron desde el principio: Dale Cooper y Audrey Horne, por ejemplo, son absolutamente adorables. Cooper, en concreto, es el descojone encarnado. Y a algunas escenas no les hacen falta grandes personajes para ser ellas mismas inmensas: todo lo que ocurre alrededor de Leo mientras este está paralizado debería pasar a la historia del cine.

Conforme se suceden los episodios la parte mística se va haciendo más y más surrealista; el asesinato en cuya resolución consiste en principio la serie se resuelve a mitad de la segunda temporada (la primera es brevísima, por cierto), y a partir de ahí todo se centra en las tramas paralelas y en los espíritus, que lo vuelven todo raro hasta extremos desesperantes. Y el final ya ni les cuento; pero acaba bien.

¡Ah! Olvidábaseme hablarles de la banda sonora (esta). La calidad es evidente, pero algo por lo que se pasa de largo a veces es la variedad: hay un tema que encaja perfectamente en cada situación. Es algo que también contribuye.

La película no es que aporte mucho, y tampoco cuenta con la irreprochable calidad alcanzada por los episodios, pero está entretenida y siempre está bien completar. Ustedes, que en general me sacan unos cuantos años, habrán visto esta serie, con lo que no tiene mucho sentido hacer ninguna recomendación; pero, por si acaso hay alguien por ahí a quien esto le sirva, ¡véanla!

No sé qué hacer contigo, de Barricada

¿Dos canciones en el mismo día? Generosos estamos:

Me acordé de esta hace una tardes.

Los hijos de Matusalén

Menos mal que hasta dentro de unos meses no voy a tener que reseñar más libros de este hombre, porque no sé ya qué decir. Está bien (peor que otras obras suyas, eso sí) en estilo, ambientación y trama. Y con eso tienen suficiente.

Gimme! Gimme! Gimme!, de Yngwie Malmsteen

Esto lo he visto en el Facebook de Alfonso Romero. No es —lo sé— el tipo de tema que ustedes esperarían encontrarse por aquí, pero es que está guapísimo:

Los solos son melódicos, la voz también lo es. Así da gusto la épica.

Los precios de los animales

Curioso esto que he encontrado en Microsiervos (responde, de hecho, a una pregunta que siempre había tenido por dentro):

(…) una gallina se puede comprar por unos 6 euros, un cerdo por unos 200, un avestruz por unos 600, una vaca por unos 700 y el más grande y caro sería un elefante, por el que se pagan unos 10.000 euros.

Yo es que, encima, nunca he tenido mascotas.

Problema en Pollensa

Así es como funciona el sistema: a finales de cada mes me gasto el dinero mensual que tengo para libros en unos cuantos libros que tengo interés en leerme. Un par de semanas después se me han gastado las lecturas y tengo que recurrir a bajarme obras menores de las redes o chorizárselas a mis padres. De modo que cada mes tiene unos cuantos libros que quiero leerme y otros cuantos que me leo a falta de otra cosa. Pero supongo que eso ya lo habrán notado ustedes.

En fin: Problema en Pollensa es el título de un relato, y al mismo tiempo el título de un volumen recopilatorio cuyo primer relato es el citado. Está interesante, pero sobre la obra de Christie ya hemos dicho prácticamente todo lo que hay que decir.

Un disco: Blind man’s zoo, de 10,000 Maniacs

10,000 Maniacs

Debería hacer una lista de los discos que definen lo que se escucha en mi coche. Este ha estado, por voluntad paterna, presente en él desde donde alcanzan mis recuerdos; uno acaba sabiéndoselo de memoria y pasa a convertirse en una escucha de cabecera. Pero lo primero es lo primero: ¿quiénes son estos tíos?

Estos tipos (a los que uno puede llamar «diez mil maníacos» si no le importa dejar claro que no acaba de salir de la redacción de una revista) fueron un grupo de rock universitario que estuvo sacando buenos discos entre mediados de los años ochenta y principios de los noventa. De hecho siguen activos a día de hoy, pero desde que en 1993 se fue la característica voz de Natalie Merchant, que era realmente lo que definía el grupo, podemos considerarlos disueltos.

Dado el ambiente del que salieron nuestros colegas, su proyecto era más bien ambicioso: sus letras estaban llenas de imágenes que pretendían tratar temas centrales con una orientación completamente humanista. La música, por su parte, empezó siendo sencilla y radiante y fue gradualmente transformándose en una oscura y compleja joya. Todo esto está muy bien, pero lo que nos queda, más allá de las grandes ambiciones, es un puñado de buenas canciones.

Blind man’s zooBlind man’s zoo, el tercer disco de la banda, se encuadra en esa segunda etapa más seria. Las canciones son todas solemnes, y en algunos casos incluso aterradoras (más adelante especificaremos a cuáles me refiero). La parte musical carece de estridencias: las melodías son buenas (¡y más cantadas por esa voz!) y los arreglos constituyen probablemente lo mejor del álbum. Es todo muy pop, así que a los músicos no les da ninguna vergüenza hacerlo sonar todo preciosista y (de nuevo) un poco pretencioso. Pero el caso es que, tema tras tema, el disco entero suena de puta madre. Tema tras tema:

  1. Eat for two: canción sobre una preñada de dudosa estructura; gran presencia de los teclados. Algunos fragmentos de la melodía son sublimes.
  2. Please forgive us: un tema técnicamente muy bueno, muy equilibrado, aunque no llama especialmente la atención.
  3. The big parade: ¡emocionante! Entre la melodía y los arreglos uno tiene la impresión de encontrarse frente a un tema enorme; y así es.
  4. Trouble me: lo más conocido que ha salido de este disco. Es comprensible, porque esta canción entra bastante fácilmente. Y es buena.
  5. You happy puppet: vuelta al estilo de los discos anteriores. Una canción luminosa, pero no se le puede poner nada en contra.
  6. Headstrong: lo más potente del álbum, tanto por la atronadora voz como por el resto de instrumentos. Además está bien escrita.
  7. Poison in the well: demasiado parecida a las anteriores, pero mantiene el nivel. Esta es la parte más alegre (dentro de lo que cabe) del disco.
  8. Dust bowl: volvemos a las tinieblas. Extrañamente acústico, este deprimente tema posee cierta magia. Transmite algo.
  9. The lion’s share: como Poison in the well, solo que mejor.
  10. Hateful hate: puede que mi favorita, probablemente por esa tremenda parte de órgano que la hace sonar apocalíptica. Una de esas que los hacen valer.
  11. Jubilee: la más pretenciosa, pero como consigue lo que se propone resulta que es la mejor. A esto me refería con lo del sonido aterrador.

No es que sea un disco increíble, pero todas las canciones son decentes y algunas de ellas son realmente buenas. La portada está bastante chula; les recomiendo, en definitiva, que le echen aunque sea una oída. No será una pérdida de tiempo.

La universidad pública

¿A ustedes no les mosquea que les lleguen folletos de universidades públicas en los que intentan convencerte de que te matricules ofreciéndote servicios como jacuzzi y sauna? A mí, por lo menos, me parece vergonzoso. No es que uno tenga que ir a la universidad a sufrir, pero con cosas como esta se alcanzan extremos ridículos. Es simplemente que eso no es serio, joder.