Acerca de mi persona

¿De dónde venimos?

Como decía John Lennon, ¿qué puedo decir sobre mí que no sepáis ya gracias a esos que nunca mienten? En mi caso, quienes nunca mienten son las entradas, que si digo la verdad la airean y si me tiro un farol me dejan por embustero. Mis padres salieron juntos por primera vez para ir a comprar un alimentador, lo que al cabo de los años terminó por resultar en mi persona. Normalmente suelto esta idiotez para resumir las circunstancias de mi nacimiento:

Me llamo Eduardo, aunque mis amigos me llaman Paco. Nací hace dieciocho años en Granada, ciudad conocida mundialmente por el monumento que es de ella símbolo: las tapas gratis.

Pero creo que se queda corta. Mi primer recuerdo (tan antiguo que es en blanco y negro) consiste en ser perseguido por mi tía con un plátano en la mano. Eso era en el piso; a los tres años y medio nació mi hermana, con lo que nos tuvimos que mudar a una casa en un pueblo del cinturón metropolitano. De antes de eso también recuerdo toboganes y un intenso olor a plastilina.

Luego nació mi hermano. A los seis años me adelantaron de curso, lo que hizo que, hasta el día de hoy, siempre haya estado rodeado de gente mayor que yo. Puede que ser muy joven sea una parte importante de mi caracterización; además, he tendido siempre a aparentar más edad de la que tengo, lo que da lugar a situaciones divertidas. Pero el adelanto de curso no ha traído consigo nada bueno en general: durante bastantes años he sido víctima de acoso escolar y esas cosillas que dan vidilla a la existencia. Ahora estoy bien.

También contribuyeron al acoso escolar una serie de hechos bien documentados:

  • Con un año y medio me comí el manillar de un triciclo, con lo que todos mis dientes quedaron deformados y perdí ambas paletas.
  • A los siete años, o algo así (en torno a dicha edad, desde luego), empecé a echar tripa, y no paré hasta alcanzar un estado que no llamaré obesidad mórbida por respeto a quienes padecen tal condición.
  • Yo es que de chico era muy feo.

Durante una semana llevé gafas, supongo que porque mis padres pensaron que estando gordo y mellado mis compañeros de clase no me darían las suficientes palizas. Pero me las quitaron, porque nunca las he necesitado.

Aun así, lo peor del adelanto es que durante toda mi infancia me creí tan listo que no desarrollé mi inteligencia; no sentía curiosidad por nada, circunstancia de la cual ahora me arrepiento porque mi narcisismo prematuro me ha hecho perder muchísimo. Tampoco es que podamos arreglar nada a estas alturas…

Me pusieron aparato y empezó una etapa de mi vida en la que me fascinaba la fantasía épica. Luego me dejé el pelo largo y me metí de lleno en una adolescencia de tendencias más bien depresivas, y me convertí en el melómano poco sistemático pero enormemente receptivo que ahora soy. Después me dejé barba, me afeité al mismo tiempo que me corté el pelo y me la volví a dejar. Ahora mismo tengo el autoestima a un nivel respetable, no pertenezco a ninguna tribu urbana y mi vida social roza, aunque raspado, el suficiente. Las cosas van medianamente bien.

¿A qué dedicamos el tiempo?

Toco respetablemente bien la guitarra (tanto acústica como eléctrica) y la armónica y me defiendo con los acordes de piano. (Aparte, en el colegio me enseñaron, como supongo que a casi todo el mundo, a tocar la flauta dulce.) Devoro libros de manera compulsiva (tengo puesto el límite de quince al mes porque, de no habérmelo propuesto, no haría otra cosa en todo el día que leer), me gusta el cine (aunque he visto menos películas de las que me gustaría) y sigo al día unas cuantas series (en versión original, más por prisa que por otra cosa).

Escucho muchísima música. Soy una puta esponja: me gusta todo, y empiezo a pensar que si no escucho reggaetón es por puro decoro, porque no creo seguir ningún criterio. Soy un ávido consumidor de cerveza, e intento probar todas las que puedo (en el momento de escribir estas líneas van ciento seis) a pesar de mi escasa formación técnica. Pero, a pesar de todo, me considero un tío cabal.

Actualmente estudio la carrera de física con más interés que fortuna en la Universidad de Granada. Me apasionan la física teórica, la didáctica de la física, los fundamentos de las matemáticas, la filosofía de la ciencia, la ontología y la historia del pensamiento; lo que no quiere decir que cuente con la habilidad suficiente para desenvolverme adecuadamente en ninguno de esos campos. Pero se intenta.

¿Quién está detrás de esta broma?

No está bien eso de no poder ponerle cara a la persona que te está contando su día a día con vergonzosa exactitud, así que aquí me tienen (como pueden comprobar con solo un vistazo, soy tan pudoroso que llevo gafas de sol):

Mi menda

Soy la persona menos fotogénica que conozco (bueno, una de las tres), así que agradezcan que haya encontrado una foto medio decente que poner aquí. Y, como decía Porky, eso es to… eso es to… eso es todo, amigos. Hay mucho más que esto.

Contactos (se garantiza discreción)

Si quieres contactar conmigo necesitas sin duda alguna asistencia psicológica urgente. De todos modos, como soy hombre de Dios y tengo a bien ayudar a los misericordiosos, dejaré que me escribas tus sugerencias y amenazas de muerte a forniciopez(a)gmail.com. (Sustituye la (a) por una arroba, o séase @, si quieres que lo que escribas en el correo sirva para algo.)

1 Response to “Acerca de mi persona”


  • Oye, sabes que tenemos un blog que se llama igual “Al fondo a la derecha”. Te espero a medio camino, en Madrid, entre Granada y La Coruña para darnos de ostias y solucionar esto. Al primero que se le caiga un diente pierde. No se pueden llevar armas, lo digo porque la gente está muy pasada, aunque me da que tu y yo somos eso: unos señores

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