Uno está vivo, así que a veces las circunstancias lo llevan a escuchar reggaetón. O más bien a oírlo: es inconsciente, está de fondo, pero son las cosas de vivir en sociedad. Y se me ocurrió hace unas semanas que, si lo piensas, el reggaetón no dista mucho de la lírica tradicional: la repetición de mantras sencillos y carnalmente evocadores no constituye nada nuevo.
Lo pensé al llegar a mi pabellón auditivo los elaborados versos de una tonadilla titulada Tocarte toa. Puede parecer obsceno (lo es), pero ¿qué es lo que queremos al declarar nuestros amores a una muchacha si no es tocarla toa? ¿De verdad los que no son adeptos al reggaetón piensan en los bares en formar una familia y pagar la luz? Yo creo que «tocarte toa» es una frase que resume a la perfección eones de lírica amorosa. Y me parece admirable tanta expresividad concentrada.
Puede decirse algo similar de muchos otros engendros sónicos.


Hahaha excelente reflexión, sí señor.
Pero eso de compararme el reguetón con la lírica tradicional… hombre, según con cuál, pero el ingenio y perfección de las coplas tradicionales está cualitativamente a años luz por encima de las letras de esa bárbara danza.