
Parece que nos hemos decantado por los miércoles, ¿no? Es un bonito día: eso es algo innegable. Y a ustedes les habrán dicho muchas cosas del disco del plátano: que si es un disco rompedor, que si por cada persona que lo compró se formó una banda… Pues déjenme que les diga: el disco del plátano… ¡una mierda al lado del tercero! Efectivamente, hay temazos en el primero, pero entre que no acabo de acostumbrarme a la voz de Nico y que los experimentos sónicos hay más de una vez que no llegan a buen puerto, me quedo con la sensación de que si hubieran estado más centrados podría haber sido un disco mucho mejor.
En el tercer disco, que se llama como la banda, no hay nada de eso. Nuestros amiguitos debían de haber quedado saturados después del pasón que es White light/White heat, una ida de olla lo pilles por donde lo pilles, y decidieron hacer algo más convencional. Así que, simplemente, cogieron sus instrumentos, se pusieron a cantar y grabaron diez canciones de las de toda la vida. (Bueno, nueve. Ya hablaremos de esto más tarde.) También es posible que la marcha de John Cale tuviera algo que ver con este paso al bando enemigo, porque muchas de las ideas raras eran suyas. Este tío catalizaba las ganas de hacer ruido del resto de componentes; su sustituto, Doug Yule, es un tipo mucho más de andar por casa que en The Velvet Underground demuestra que la elección de reemplazo ha sido acertada. O por lo menos me lo demuestra a mí…
Así que lo que tenemos aquí son unas cuantas baladas (algunas de las cuales casi son espléndidas nanas), un par de muestras de rock más clásico y ciertos segmentos que, por inclasificables que sean, no incluyen violas disonantes. (¿Ha parecido que no me gusta el primer disco? La verdad es que me encanta; lo que pasa es que es mucho más divertido rajar de algo que ensalzarlo.) La última vez que reseñé un disco me resultó bastante coñazo hacer la lista de canciones porque todas eran prácticamente iguales, pero esta vez va a estar más entretenido. Al lío:
- Candy says: la primera en la frente. Una de esas nanas de las que he hablado antes, con una diferencia fundamental respecto al resto de nanas: trata sobre un transexual. Además, la primera canción la canta Doug Yule, lo que yo interpreto como una provocación a los que echaran de menos a Cale. Una melodía preciosa, acordes apenas arañados y esa voz que es un susurro. Y aun así podríamos llamarlo un comienzo potente.
- What goes on constituye una oportunidad única e inigualable de oír a Lou Reed ¡forzando la voz! En efecto: el hombre que canta tan flojito que a veces hasta lo hace mal aquí se muestra rasposo como en ningún otro sitio. Por lo demás, se trata de un rock en el que le sacan a la guitarra un sonido genial (no me refiero únicamente al solo). Y el órgano también es increíble.
- Some kinda love es una canción… country. O por lo menos a mí me lo parece: ¡bendita variedad! Melodía no tiene mucha, pero solo por aportar algo (más) de diversidad merece alabanza.
- Pale blue eyes: ¿qué decir? Pues muchas cosas, aunque ya habláramos de ella hace unas semanas. La progresión de acordes me parece bellísima, y podría estar tocándola hasta que se me cayeran al suelo los dedos de ambas manos (con cejilla y todo). Me encanta cómo modula Reed la voz, y la letra me parece sencilla, honesta y… pura poesía. Puedes darte por muerto después de escribir una canción así. La mejor canción del disco, entre otras cosas porque no creo que vaya a salirme ningún párrafo más largo que este. ¡Ah! Al llegar a ese verso que dice «But it’s truly, truly a sin», ¿no les pasa como a mí, que es como si Reed se apartara del micrófono y durante tres segundos ocupara Bob Dylan su lugar? ¡Es que es él! Venga: siguiente.
- Jesus es una canción religiosa, lo cual no deja de resultar curioso. Toda la letra es como un salmo. ¿Sabe alguien qué pretendían exactamente? Posiblemente ellos, y ni eso. Pero es un temazo, con una melodía increíble y una parte de guitarra realmente bonita.
- Beginning to see the light es el segundo rock del disco; se parece bastante a What goes on, y me vuelve a encantar. ¡Y volvemos a oír carraspeos por parte de nuestro amigo Lou! El estribillo, con su melodía y sus coros, podría ir suelto y seguiría siendo grande, por cierto.
- I’m set free recuerda mucho al principio, con su media distorsión y sus timbales, a varias canciones del primer disco. Y es ciertamente más rara que otros temas de aquí, pero dentro de eso es normal: la voz está bastante bien (sobre todo al acabar cada estrofa) y el estribillo es… curioso, como poco.
- That’s the story of my life suele pasar un poco desapercibida, pero tiene unos cuantos puntos en su favor. Se trata de un jueguecico pop bien escrito. Y es bastante pegadiza, así que no le den de lado.
- The murder mystery es el único experimento del disco. Y, aun así, les sale bien: es escuchable y todo. Hay un riff repetitivo de fondo y, por encima, distintos recitados superpuestos; no suena muy apetecible, pero no es desagradable en absoluto. Al final hay un piano que está gracioso.
- After hours es un temazo. Otro ejemplo de lo que es escribir grandes canciones: una melodía alegre e incluso naïf, una progresión de acordes bien construida y un planteamiento nada pretencioso. Tenemos una guitarra acústica y a Maureen Tucker cantando de una manera bastante especial. ¿Adorable es la palabra? Mi opinión, definitivamente, es que sí.
Lo que he dicho del último tema se aplica un poco al disco en su conjunto: algo que siempre llevará The Velvet Underground en su favor es que no es pretencioso en absoluto. Solo son canciones. La portada es bonita, y está bien elegida: ilustra, podríamos decir, el intimismo que transmite la mayor parte del álbum.
Puede que el disco del plátano sea más influyente y representativo, pero este es mejor. Así que, si quieren adentrarse un poco en el mundo de la Velvet y no morir en el intento, esta me parece la mejor opción (aunque yo empecé por el primero y aquí estoy). El siguiente álbum, Loaded, sigue la senda ya trazada, pero las canciones no son tan buenas. Señores, esta es su mejor opción.