Monthly Archive for enero, 2010

La masacre

Pues con esto terminamos el mes. Ya no tengo más clases hasta dentro de tres semanas, pero amablemente me las sustituyen por una sesión ininterrumpida de sadomasoquismo creativo. Hombre: siendo creativo…

El plan es el siguiente:

  • Lunes, 1 de febrero: examen de cálculo. La primera en la frente, aunque estuve mirando algunos exámenes de otros años y por lo menos sabría por dónde pillar el que ahora nos toca. Algo es algo.
  • Miércoles, 3 de febrero: examen de química. Teniendo las prácticas aprobadas y quitada de en medio la mayor parte de la teoría… habrá que hacer un último esfuerzo por los créditos.
  • Lunes, 8 de febrero: examen de álgebra. Me quité de encima la mitad del temario, así que solo es cuestión de no reventar en estos dos temas.
  • Lunes, 15 de febrero: examen de física. No sé si presentarme o irme a los servicios a llorar durante dos horas. Aun sí, no pierdo la esperanza.
  • Miércoles, 17 de febrero: examen de programación. Pues no sé yo qué decirles: no lo llevo mal, pero lo mismo mi ingenio no es suficiente para aprobar, y algunos temas los tengo más descolgados. En fin…

Tengo la oportunidad de terminar con cuatro asignaturas y quitarme de encima la mitad de una quinta (cálculo). Alguna aprobaré, digo yo.

Finnegans wake

No me he enterado de nada. Me he ido leyendo un capítulo por día, en paralelo al resto de libros de este mes, y soy incapaz de decir de qué coño va esta novela. Entiendo muchos de los juegos de palabras y uno puede ir deduciendo por qué pone Joyce cada cosa, pero respecto a la trama… ni puta idea.

De todos modos, impresionante.

Charlie, el unicornio

Miren esto y díganme si no les ha resultado un soplo de aire fresco después de tantas series de humor del mismo estilo:

Los dos siguientes episodios (fácilmente encontrables) son también muy recomendables. El cuarto decae un poco, pero espero que se recuperen.

Azucarillos para todos

No está mal, no está mal: se puede beberciar. Habéis acertado cuatro de cinco personajes. Eran, por este orden, los siguientes:

  1. Frank Zappa (1940-1993): músico estadounidense conocido por lo variado y experimental de su prolífica (es más: inmensa) obra, su técnica a la hora de tocar la guitarra y su irreverente sentido del humor.
  2. Joe Strummer (1952-2002): el líder de los Clash. Un tipo inteligente y combativo que componía, cantaba y tocaba la guitarra eléctrica.
  3. Richard Feynman (1918-1988): físico estadounidense conocido por su contribución a la mecánica cuántica y a la bomba atómica y, por encima de todo, por estar como una puta regadera.
  4. Kim Deal (1961-): bajista y cantante ocasional de los Pixies. Es la única de la lista que no está muerta, así que más le vale asustarse.
  5. Bill Hicks (1961-1994): humorista estadounidense que destaca entre los demás bufones por su inteligencia y mala uva.

Les ha faltado el último, pero supongo que es perdonable porque no se trata de un personaje muy conocido por estos lares. Gracias por participar.

Q

  • Título: Q.
  • Autores: los Wu Ming.
  • Editorial: no en este caso.
  • Número de páginas: 645.

Novela colectiva y en un principio medio anónima que ha resultado estar bastante guapa. (Una breve explicación de en qué consiste todo esto puede encontrarse aquí.) La trama es apasionante y se aprende un montón sobre historia (más concretamente sobre el fundamento de la Edad Moderna) y política. La novela está escrita con picardía, inteligencia y erudición. Ya solo me queda recomendarla…

Tocarte toa

Uno está vivo, así que a veces las circunstancias lo llevan a escuchar reggaetón. O más bien a oírlo: es inconsciente, está de fondo, pero son las cosas de vivir en sociedad. Y se me ocurrió hace unas semanas que, si lo piensas, el reggaetón no dista mucho de la lírica tradicional: la repetición de mantras sencillos y carnalmente evocadores no constituye nada nuevo.

Lo pensé al llegar a mi pabellón auditivo los elaborados versos de una tonadilla titulada Tocarte toa. Puede parecer obsceno (lo es), pero ¿qué es lo que queremos al declarar nuestros amores a una muchacha si no es tocarla toa? ¿De verdad los que no son adeptos al reggaetón piensan en los bares en formar una familia y pagar la luz? Yo creo que «tocarte toa» es una frase que resume a la perfección eones de lírica amorosa. Y me parece admirable tanta expresividad concentrada.

Puede decirse algo similar de muchos otros engendros sónicos.

El cambio es definitivo

No se ha pronunciado demasiada gente sobre el tema del cambio de nombre, pero está clara la tendencia predominante (es más: única). Así pues, queda Fornicio Pez como pseudónimo definitivo del que suscribe. Ahora tocaría darle un repaso a la información de usuario en un montón de sitios, e incluso cambiar de dirección de correo (que es como echar sal sobre lo quemado). Gracias por opinar.

La caída de Hyperion

La caída de Hyperion

Mientras que en Hyperion los capítulos a veces se alargaban hasta ocupar cincuenta páginas, hay algunos en La caída de Hyperion duran dos. (Es una observación que hago.) Posiblemente me haya gustado (aún) más esta segunda parte. A ver cómo sigue la cosa.

Un disco: el tercero de la Velvet Underground

The Velvet Underground

Parece que nos hemos decantado por los miércoles, ¿no? Es un bonito día: eso es algo innegable. Y a ustedes les habrán dicho muchas cosas del disco del plátano: que si es un disco rompedor, que si por cada persona que lo compró se formó una banda… Pues déjenme que les diga: el disco del plátano… ¡una mierda al lado del tercero! Efectivamente, hay temazos en el primero, pero entre que no acabo de acostumbrarme a la voz de Nico y que los experimentos sónicos hay más de una vez que no llegan a buen puerto, me quedo con la sensación de que si hubieran estado más centrados podría haber sido un disco mucho mejor.

The Velvet UndergroundEn el tercer disco, que se llama como la banda, no hay nada de eso. Nuestros amiguitos debían de haber quedado saturados después del pasón que es White light/White heat, una ida de olla lo pilles por donde lo pilles, y decidieron hacer algo más convencional. Así que, simplemente, cogieron sus instrumentos, se pusieron a cantar y grabaron diez canciones de las de toda la vida. (Bueno, nueve. Ya hablaremos de esto más tarde.) También es posible que la marcha de John Cale tuviera algo que ver con este paso al bando enemigo, porque muchas de las ideas raras eran suyas. Este tío catalizaba las ganas de hacer ruido del resto de componentes; su sustituto, Doug Yule, es un tipo mucho más de andar por casa que en The Velvet Underground demuestra que la elección de reemplazo ha sido acertada. O por lo menos me lo demuestra a mí…

Así que lo que tenemos aquí son unas cuantas baladas (algunas de las cuales casi son espléndidas nanas), un par de muestras de rock más clásico y ciertos segmentos que, por inclasificables que sean, no incluyen violas disonantes. (¿Ha parecido que no me gusta el primer disco? La verdad es que me encanta; lo que pasa es que es mucho más divertido rajar de algo que ensalzarlo.) La última vez que reseñé un disco me resultó bastante coñazo hacer la lista de canciones porque todas eran prácticamente iguales, pero esta vez va a estar más entretenido. Al lío:

  1. Candy says: la primera en la frente. Una de esas nanas de las que he hablado antes, con una diferencia fundamental respecto al resto de nanas: trata sobre un transexual. Además, la primera canción la canta Doug Yule, lo que yo interpreto como una provocación a los que echaran de menos a Cale. Una melodía preciosa, acordes apenas arañados y esa voz que es un susurro. Y aun así podríamos llamarlo un comienzo potente.
  2. What goes on constituye una oportunidad única e inigualable de oír a Lou Reed ¡forzando la voz! En efecto: el hombre que canta tan flojito que a veces hasta lo hace mal aquí se muestra rasposo como en ningún otro sitio. Por lo demás, se trata de un rock en el que le sacan a la guitarra un sonido genial (no me refiero únicamente al solo). Y el órgano también es increíble.
  3. Some kinda love es una canción… country. O por lo menos a mí me lo parece: ¡bendita variedad! Melodía no tiene mucha, pero solo por aportar algo (más) de diversidad merece alabanza.
  4. Pale blue eyes: ¿qué decir? Pues muchas cosas, aunque ya habláramos de ella hace unas semanas. La progresión de acordes me parece bellísima, y podría estar tocándola hasta que se me cayeran al suelo los dedos de ambas manos (con cejilla y todo). Me encanta cómo modula Reed la voz, y la letra me parece sencilla, honesta y… pura poesía. Puedes darte por muerto después de escribir una canción así. La mejor canción del disco, entre otras cosas porque no creo que vaya a salirme ningún párrafo más largo que este. ¡Ah! Al llegar a ese verso que dice «But it’s truly, truly a sin», ¿no les pasa como a mí, que es como si Reed se apartara del micrófono y durante tres segundos ocupara Bob Dylan su lugar? ¡Es que es él! Venga: siguiente.
  5. Jesus es una canción religiosa, lo cual no deja de resultar curioso. Toda la letra es como un salmo. ¿Sabe alguien qué pretendían exactamente? Posiblemente ellos, y ni eso. Pero es un temazo, con una melodía increíble y una parte de guitarra realmente bonita.
  6. Beginning to see the light es el segundo rock del disco; se parece bastante a What goes on, y me vuelve a encantar. ¡Y volvemos a oír carraspeos por parte de nuestro amigo Lou! El estribillo, con su melodía y sus coros, podría ir suelto y seguiría siendo grande, por cierto.
  7. I’m set free recuerda mucho al principio, con su media distorsión y sus timbales, a varias canciones del primer disco. Y es ciertamente más rara que otros temas de aquí, pero dentro de eso es normal: la voz está bastante bien (sobre todo al acabar cada estrofa) y el estribillo es… curioso, como poco.
  8. That’s the story of my life suele pasar un poco desapercibida, pero tiene unos cuantos puntos en su favor. Se trata de un jueguecico pop bien escrito. Y es bastante pegadiza, así que no le den de lado.
  9. The murder mystery es el único experimento del disco. Y, aun así, les sale bien: es escuchable  y todo. Hay un riff repetitivo de fondo y, por encima, distintos recitados superpuestos; no suena muy apetecible, pero no es desagradable en absoluto. Al final hay un piano que está gracioso.
  10. After hours es un temazo. Otro ejemplo de lo que es escribir grandes canciones: una melodía alegre e incluso naïf, una progresión de acordes bien construida y un planteamiento nada pretencioso. Tenemos una guitarra acústica y a Maureen Tucker cantando de una manera bastante especial. ¿Adorable es la palabra? Mi opinión, definitivamente, es que sí.

Lo que he dicho del último tema se aplica un poco al disco en su conjunto: algo que siempre llevará The Velvet Underground en su favor es que no es pretencioso en absoluto. Solo son canciones. La portada es bonita, y está bien elegida: ilustra, podríamos decir, el intimismo que transmite la mayor parte del álbum.

Puede que el disco del plátano sea más influyente y representativo, pero este es mejor. Así que, si quieren adentrarse un poco en el mundo de la Velvet y no morir en el intento, esta me parece la mejor opción (aunque yo empecé por el primero y aquí estoy). El siguiente álbum, Loaded, sigue la senda ya trazada, pero las canciones no son tan buenas. Señores, esta es su mejor opción.

Planificación

No sé si se habrán dado cuenta, pero esta es la última semana antes de los exámenes. Este viernes cortan las clases, de modo que hasta el 22 de febrero estoy otra vez de lo que podríamos llamar vacaciones (o infierno académico camuflado: como ustedes lo quieran llamar). Así que, de acuerdo con lo estipulado a finales del año pasado, entre este viernes y el mencionado lunes no voy a escribir.

Puede que los más ágiles se estén preguntando: ¿cómo lo harás entonces para encajar las quince reseñas de los quince libros que te piensas leer en febrero (porque sabemos que estás pensando hacerlo, gañán) en los cinco días que para este blog va a tener dicho mes? Fácil: tocan a tres por día.

No, hombre. En mi código no escrito figura, desde hace años, el límite de tres entradas por día, y no las voy a invertir exclusivamente en reseñas; porque entonces, amigos míos, no podré contarles nada. Así que esto es lo que haremos: reseñaremos diez libros en febrero (lo que dejará sitio para otras cinco entradas no literarias) y aplazaremos el comentario de los cinco restantes a la primera semana de marzo. ¿Por qué les cuento todo esto? Fácil también: por rellenar.