Resulta cuando menos curioso que a mí, a quien de chico le chiflaban la mitología y los universos inventados, ahora me atraigan más bien poco las obras literarias para las que el autor se tiene que sacar de la manga toda suerte de nombres ficticios, geografías y demás. Debe de haber sido por eso por lo que no me ha gustado mucho Dune. Además, no es lo mío la ciencia ficción rústica, sino algo, aunque posiblemente más frío, más avanzado; no les voy a decir que la novela no sea profunda ni que deje de tratar temas complejos, pero a mí, personalmente, no me llama. Siento no poder ser más amable.

