Monthly Archive for Julio, 2009

El río tranquilo

Julio podría haber ido peor. No ha sido un gran mes, pero no hemos sufrido la ya tradicional sequía, en general. (Hablamos del blog.) Ahora, que espérense a agosto, porque lo van a flipar.

Tres cosas hay en la vida

A saber: salud, dinero y amor. Pero vayamos por partes:

  • Salud: hoy pensaba cumplir con aquello que me propuse (y que a ustedes no les conté) de haber probado cincuenta cervezas distintas antes de que terminara julio. Hasta hoy llevaba cuarenta y cinco, y otras cinco que he probado esta noche*; pero hay que joderse porque buscando para apuntarlas en la base de datos he descubierto que la última de ellas era una sin alcohol. De modo que o mañana pruebo otra o me habré estafado a mí mismo (para variar).
  • Dinero: esta misma mañana he pedido que me enviaran (pagando) un MacBook Pro. Efectivamente: soy un pijo, pero me da igual.
  • Amor: bueno, ésta iba de pega.

* No se preocupen, pues cuento con colaboradores que me ayudan a acometer tamaña y tan heroica empresa.

Impostor

Otro relatillo de Philip K. Dick en el que se repiten los temas a los que nos tiene ya acostumbrados el autor. Es, por tanto, una historia típica, pero cercana a la media más por arriba que por abajo. Las preguntas sobre la memoria y la identidad planteadas una vez más bajo esa envoltura de acción y de intriga de siempre; buena nota.

Introducción a la teoría de la computabilidad

Un librito de apenas cien páginas y, de nuevo, más texto que simbología. Como manera de enterarse de una vez de qué cojones es una máquina de Turing está bastante bien; como introducción es, a pesar de su brevedad, bastante completo. No es una lectura ligera, claro está, pero dentro de eso es recomendable. (El autor se llama Hans Hermes.)

Me cago en Dios

Buenas tardes. Me llamo Eduardo y soy subnormal profundo. ¿Por qué cojones esperé a que una amiga volviera para ir juntos a echar la matrícula? Con las vueltas que hay que dar, he terminado esta mañana, y —atención— no quedaban plazas para las clases de por la mañana; así que me he matriculado en las de la tarde. Pediré cambio de grupo, por supuesto; pero como no me lo concedan les juro por lo más sagrado que me pego un tiro.

Asfixia

AsfixiaYa me he leído dos libros de Palahniuk y creo que es uno de los mejores escritores de nuestra época; o, al menos, uno de los más representativos. Posee lo que se llama una imaginación desbordante y bastante especial, obscena y contemporánea. Además, puede superarse a sí mismo, puesto que Asfixia es aún más surrealista y exagerada que Club de lucha (además de contar con un estilo un tanto más descuidado, pero supongo que eso es parte del ambiente frenético grotesco —de adicto al sexo, ni más ni menos— en el que se desarrolla).

Estoy releyendo ahora la reseña de Club de lucha que escribí, y la verdad es que dejé el libro un poco mal. Sin embargo, a pesar de ese estilo minimalista que considero lo más negativo de Palahniuk, luego uno se acuerda de cosas y le entran ganas de volvérselo a leer. Con éste supongo que pasará lo mismo.

Otra sobre el verano

Se me está descontrolando el sueño. Parece ser que mi ritmo natural no coincide con el periodo de rotación de la Tierra, de modo que si me acuesto cuando me caigo y me levanto cuando estoy harto almuerzo cada día más tarde. Pongamos, por ejemplo, que a principios del verano me dormía yo a las doce; me despierto a las diez de la mañana del día siguiente y la cosa está aún dentro de la normalidad. Pero esa noche no tengo tanto sueño, y me acuesto a las doce y media; pueden interpolar cómo avanza la cosa. Ya no consigo conciliar el sueño hasta las cuatro, y hoy, con rabia, he visto al abrir los ojos que era ya la una de la tarde (ayer cuando miré el despertador eran las doce y media, de modo que esto no se para).

Hay, por supuesto, una solución, pero requiere sufrimiento: si un día me obligara a levantarme mucho antes de haber dormido mis horas recomendadas de sueño, esa noche querría acostarme bastante antes. Pero no lo suficiente: esto habría que repetirlo durante unos cuantos días, y en esos días apenas dormiría. Y —qué quieren que les diga— yo estoy de vacaciones. No me voy a sacrificar sólo por una convención social: me pasaré al noctambulismo. El placer no es nunca recomendable.

Girls just want to have fun, de Russian Red

Por una vez y sin que sirva de precedente, vamos a colgar una canción actual.

He aquí una lección magistral de cómo hacer una versión que deje a la original a la altura del betún. Claro que no es difícil con una de los ochenta…

Una recta de regresión

Un año más, las notas de corte de julio han salido. Y, una vez más, la nota de corte para entrar en medicina en Granada ha aumentado, superando por primera vez el nueve, que ya tiene cojones. A uno se le ocurre que, si seguimos a este ritmo, llegará un día en que la calificación necesaria sea superior a diez. Vale: no va a pasar ni que la nota lo roce, pero sería divertido.

De modo que supongamos que es posible. ¿Cuál será la primera adjudicación en la que la nota de corte para entrar en medicina en Granada sea un diez, o más? Yo se lo diré: julio de 2012. Atentos a la demostración.

La validez de estos cálculos está sujeta a muchas suposiciones: a que la evolución de la nota de corte sea lineal con respecto del tiempo; a que las notas que he encontrado por ahí de años anteriores sean correctas; a que yo recuerde algo de la estadística que he dado este curso. Pero vamos allá, y ya me corregirán ustedes los fallos.

No es difícil: sólo hay que hallar la ecuación de la recta de regresión que relaciona cada año con su correspondiente nota, y después ver qué año le asignará a la calificación de diez. La ecuación, empezando por 2004, será parecida (espero, si lo he hecho bien) a:

y = 3,63x + 1974,88

Para x = 10, esto nos da aproximadamente agosto de 2011. Pero, claro, hemos supuesto que la progresión es continua; las adjudicaciones, sin embargo, van a saltos. La de julio del año siguiente sería la primera con una nota de corte mayor que diez. Demostrado, pues.

(Esto es prácticamente coña y carece, por tanto, de exactitud.)

Teoría de la información y codificación

Continuamos con nuestro periplo matemático de bajos vuelos, pues todo lo que leo tiene propósito introductorio. Teoría de la información y codificación, de Norman Abramson, va exactamente de lo que su título indica; más que en demostrar los teoremas que contiene (que lo hace) se entretiene en exponer las consecuencias que el modelo matemático implica una vez que le ha sido dada la interpretación para lo que ha sido desarrollado. Pese a su carácter de introducción, formalmente es impecable. Una buena nota que se lleva.