Las novelas de aventuras no son lo mío: prefiero cosas más calmas y a la vez más intensas, si es ello posible. De todos modos, El Corsario Negro es un clasicazo que se merece toda la atención del mundo; pues su fama está justificada por tratarse la novela de entretenimiento en estado puro. Las novelas de Salgari son la quintaesencia del género de aventuras, así que de ellas, por más que uno se empeñe, no puede hablarse mal.
Monthly Archive for marzo, 2009
Hoy me he cruzado con un chaval defectuoso,
un chaval hortera que no era como hay que ser:
hay que ser como hay que ser; y ¿cómo hay que ser?
La respuesta es bien sencilla: ni puta idea; no sé.(Mamá Ladilla, Defectuoso.)
Me gustó más Orlando, pero también en La señora Dalloway despliega Virginia Woolf sus sabios recursos: su elegante ironía y su inmensa cultura, que le permiten escribir libritos ejemplarizantes e inteligentes con cuya escritura puede a su vez divertirse la autora. Aun siendo modernista y aun buscando la innovación, Woolf siempre tuvo muy claro que el objetivo primero del arte es la comunicación, y en consecuencia actuó.
Esta tarde, una vez que me haya afanado en comer más rápido de lo que dicta el sentido común, cojo dos autobuses y luego otro y me voy a Murcia. Joder, no paro de ir para allá. De todos modos, hay entradas programadas para esos días en los que no estoy por aquí (el domingo vuelvo).
Todo lo bueno se acaba, señores; la tercera serie de los Episodios nacionales constituye un ejemplo de dicha circunstancia. Bodas reales, que es la entrega con la que se cierra la tercera serie, cumple su cometido sin resultar impresionante; supone un digno final, pero deja un regusto agridulce, pues, aunque probablemente esta decena haya sido en su conjunto la que ha contenido los mejores episodios hasta el momento, las últimas entregas no han destacado tanto como las primeras. Bien hecho a pesar de todas las pejigueras que puedan surgir del arte de la comparación.
Recomendación número catorce en lo que va de año: Al sur de Granada, de Gerald Brenan. Un libro sencillo y bien escrito cuya principal baza es su contenido: toda una colección de anécdotas interesantes que retratan a la perfección la situación que vivía la España de los años veinte; un país atrasado y supersticioso pero, a pesar de ello, enormemente pintoresco. El libro está escrito con muchísima lucidez y con una gran capacidad de observación que lo hace inmensamente devorable. Recomendado, repito.
(El blog no va, ni mucho menos, en tiempo real: la reseña de Watchmen la escribí nada más ver la peli pero tardó algo más en ser publicada, y lo que aquí se cuenta pasó hace ya, pero sale ahora a fin de no dar lugar a inconsistencias lógicas.) He ido otra vez al cine y he vuelto a ver Watchmen. Necesitaba hacerlo; de no haberlo hecho ahora mismo me sentiría incompleto. Por Dios, por Dios: véanla.
Un buen episodio nacional; uno de los más heterogéneos, pues incluye cartas, diarios y partes noveladas, y quizá por ello sea también uno de los más entretenidos, de los más ligeros de leer. Con todo esto supongo que la tercera serie retoma el buen paso que llevaba, tras dos episodios un poco menos brillantes, y está lista para ser clausurada de manera triunfal; todo depende de cómo esté Bodas reales, la única entrega que nos falta por leer.
(Y la portada en rojo ¿sólo existe en mi cabeza?) Bueno, bueno, bueno. Puede que el tono periodístico me resulte a veces eso que yo denomino “tontorrón”, pero en términos generales me ha gustado A sangre fría. Entre Highsmith y esto empiezo a darme cuenta de que soy un gran aficionado a la novela negra; y la habilidad de Capote para introducirnos en la mente de los asesinos es considerable. Si A sangre fría hubiera sido una novela negra a secas me habría terminado de encandilar, pero como está cruzada con el género periodístico no llega tan lejos; aun así, como me encantan las mentes retorcidas y las narraciones escabrosas va para la lista de recomendaciones.
Acabada la Primera Guerra Carlista, hay otros menesteres e insurrectos que preocupan a la política española y que, aunque no sea tanta la virulencia que alcanzan en sus intervenciones, también merecen algo de atención. Los hay que me han gustado más, la verdad: parece que el bajón que había sufrido el ritmo de la tercera serie con Vergara se ve confirmado en Montes de Oca, que, si bien no es ni por asomo malo, palidece al compararlo con otras entregas de la presente serie. Veremos si se acentúa la decadencia en los dos episodios que quedan para acabar con este periodo o si, por el contrario, volvemos a tiempos mejores. Crucen los dedos porque ocurra lo segundo.

