Monthly Archive for diciembre, 2008

Al borde del abismo

Ha sido un año bonito pero todo lo bueno se acaba, dando así paso a lo peor o, en el caso que nos ocupa, a un nuevo año dominado por la incertidumbre. No tiene por qué ser 2009 una desgracia, pero de esas cuatro cifras y los propósitos que traen consigo hablaremos en el siguiente post, ya mañana, ya en enero. Mientras tanto, diviértanse esta noche y cuenten con mis deseos para un feliz año.

La condena

Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

(Gabriel García Márquez, Cien años de soledad.)

#1000 Untitled

Parece mentira pero no lo es: con esta entrada ya llevamos mil registradas en esta bitácora, y de momento, aunque el ritmo haya decelerado, no tenemos intención de acabar con esto. No hay por qué engañarse: la mayor parte de mis posts, si ustedes revisan el archivo, son tontadas sin mayor relevancia, pero yo creo que las grandes obras son siempre excesivas, irregulares, grotescamente imperfectas; y si por algo brilla esta página es por su imperfección.

Con todo, creo que hay cosas francamente salvables entre tanta estulticia. De determinadas entradas me siento abiertamente orgulloso; pero van a ser ustedes quienes elijan, pues, con motivo de este numerico, lanzo esta pregunta a responder en los comentarios: ¿cuáles son, de este blog, tus posts favoritos?

Pueden señalar simplemente aquel post que recuerdan con especial cariño por la razón que sea; no importa. Los resultados, de estar listos para el día dos de enero, tercer aniversario de este sitio, se publicarán entonces. Si no, cuando sea posible.

Bella del Señor

Numerosas son las reseñas que definen a Bella del Señor como obra maestra; pero, aunque es cierto que he observado grandes virtudes entre sus páginas y he apreciado muchas cosas en ella, no me ha llegado del todo. Puede ser que yo prefiera un sentido del humor más lúgubre y éste sea descaradamente paródico y destile una mordacidad sin concesiones en tanto que la excesiva solemnidad con que están escritos muchos pasajes provoque una risa centrada más en la forma que en el contenido; puede ser también que la pensada estructura de algunos capítulos no haya llegado a impresionarme. Puede ser que sea, a ratos, muy moñas.

Pero en fin: hay que tener en cuenta el mérito que tiene el collage de técnicas literarias usadas en la novela (que tiene cosas muy modernistas) y, sobre todo, el colosal capítulo XXXV, que es salvaje. Quizá ustedes sepan apreciarla mejor.

Mi humilde selección

En breves saldrá la reseña del último libro del año; mientras tanto, aquí tienen, por si les interesa, una lista con los que más me han gustado de los ciento cuarenta y dos que me he leído desde el pasado enero:

  1. Rayuela, de Julio Cortázar
  2. Trainspotting, de Irvine Welsh
  3. Club de lucha, de Chuck Palahniuk
  4. Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter S. Thompson
  5. Un mundo feliz, de Aldous Huxley
  6. El señor de las moscas, de William Golding
  7. Crónicas marcianas, de Ray Bradbury
  8. El viejo y el mar, de Ernest Hemingway
  9. Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
  10. En el camino, de Jack Kerouac
  11. Mujeres, de Charles Bukowski
  12. La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza
  13. El nombre de la rosa, de Umberto Eco
  14. Ulises, de James Joyce
  15. El talento de Mr. Ripley, de Patricia Highsmith
  16. La saga/fuga de J. B., de Gonzalo Torrente Ballester
  17. Ficciones, de Jorge Luis Borges
  18. Extraños en un tren, de Patricia Highsmith
  19. El árbol de la ciencia, de Pío Baroja
  20. En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust

He intentado no poner más de un libro de cada autor, pero en un caso (el de Highsmith) me ha sido imposible elegir. Sólo he incluido novelas. Quizá falte (o incluso sobre) alguno, pero creo que esta lista puede dar una buena idea de mis gustos.

NOX Moonlight

NOX MoonlightYo no tengo, como ustedes podrán comprobar, ni idea de estas cosas, pero no estaba contento con la caja de mi ordenador, la cual no pude elegir en su día por razones que no vienen al caso, y le tenía echado desde este verano el ojo a ésta. Y ocurrióseme, en estas fechas de alegre despilfarro monetario, hacerme con ella como mero capricho de escasa utilidad real y quitarme el mal sabor de boca, pues ya saben que desde hace dos mil años todo cuanto hacemos no está encaminado sino a la enmienda de nuestros errores. Mírenla: técnicamente no tengo ni puta idea de si será buena o mala, y capaz es de caerse a pedazos al tercer día, pero reconózcanme al menos que es bonita. Anda. (Si se rompe lo contaré.)

Problemas

En estos días en que se sucede sin descanso celebración tras celebración, yo debería tener más de lo que escribir, más acontecimientos notorios que comentar; pero no es así: tenía un proyecto para acabar el año con buen pie y me está siendo difícil brindarles a ustedes los resultados, además de que estoy tardando más de lo previsto en terminar el último libro del año. Aun así, aún cabe cierta esperanza.

Felicidades redentoras

Bueno, no estaría bien dejar el día de Navidad con solamente esa cita tan bruta, así que, por dejar la mañana redonda, habrá que felicitarles a ustedes o algo. Pasen ustedes un día divertido en compañía de quien les parezca conveniente. Y, si les es posible, hagan lo mismo mañana, y pasado, y al otro…

El fin de la niñez

No te has dejado caer pero has pensado en ello;
cuando eras niña pensabas que el mundo te dejaría ser feliz.
Unos momentos sin luz no pueden dejarte ciega;
se han abierto los semáforos: es el fin de la niñez.

(Ilegales, Sucia.)

Gigantes en el tiempo

Si me diese siquiera el tiempo suficiente para realizar mi obra, lo primero que haría sería describir en ella a los hombres ocupando un lugar sumamente grande (aunque para ello hubieran de parecer seres monstruosos), comparado con el muy restringido que se les asigna en el espacio, un lugar, por el contrario, prolongado sin límite en el Tiempo, puesto que, como gigantes sumergidos en los años, lindan simultáneamente con épocas tan distantes, entre las cuales vinieron a situarse tantos días.

(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido.)