Los papeles del capellán I: La falacia de Hoyle

Un día estaba un amigo de un servidor sentado esperando en el hospital y llegó un señor y le dio unos papeles impresos que acompañó con explicaciones habladas sobre los temas tratados y el objeto que tenían. Mi amigo ni se los miró, pero los conservó para dármelos sabiendo que yo hallaría en ellos gran regocijo y que pasaría un buen rato leyéndolos. El señor que se los dio era capellán.

No tengo ni idea, ahora que acabo de empezar a escribir este post, de cuánto me va a ocupar; de si va a ser un ladrillo capaz de batir récords o de si me veré obligado, incluso, a dividirlo en varias entregas (lo cual sería todo un hallazgo, pues me surtiría durante varios días de material). Porque ya se habrán figurado ustedes cuál es el propósito de esta parrafada que se les viene encima: desmentir una por una las barbaridades que en estos textos pudieran ser encontradas. O, si no nos vemos con fuerzas para tanto, por lo menos sacar a relucir un buen número y echarnos unas risas, de ésas que nos entran por no llorar.

El primero de los textos se titula Las contradicciones del materialismo científico.

Cualquiera (…) comprende por qué en Estados Unidos están de vuelta del darwinismo y han suprimido la obligatoriedad de enseñarlo en las escuelas. No se trata de una decisión en contra de la verdad científica sino a favor de ella, pues, como reconocieron recientemente dos premios Nobel de ciencia en un debate televisivo[citation needed], la ciencia no está en condiciones de explicar el origen de la vida.

Las negritas y el [citation needed] son míos. Y, bueno, la cita es corta pero no sé por dónde empezar a diseccionarla. Así, al azar, lo primero que se me ocurre es que no sé qué tiene que ver el darwinismo con el origen de la vida, cuando cualquiera que se haya introducido un mínimo en dicha teoría sabe que el darwinismo pretende explicar exclusivamente el mecanismo evolutivo: cómo unas especies derivan de otras, y en ningún caso de dónde sale la primera. Lo segundo es que todavía entendería la supresión del darwinismo por tan admirables razones si no fuera porque la intención en los Estados Unidos es reemplazarlo por una explicación (aún, dirían ellos) más peregrina que envuelve una cantidad de circunstancias no demostrables mucho mayor que lo que este señor piensa que es el darwinismo.

Fred HoyleLo que viene ahora es la cuestión central de este post, cosa que acabo de improvisar, así como acaba de ocurrírseme también que finalmente esto va a ser una serie. Y es ésta la cuestión central porque vamos a ver si, además de enfurecernos un poco, esta entrada sirve también para aportarles algo a ustedes, algo que quizá no supieran; y es que a continuación el capellán incurre en la llamada falacia de Hoyle. Dice el señor:

La vida es demasiado compleja para haberse formado por azar en un tiempo récord. Esto lo demostró Hoyle con el siguiente argumento: una proteína es tan compleja como el cubo de Rubik, es decir, ese comecocos formado por un cubo compuesto de muchos cubitos de colores, que al intentar ordenar los colores de una cara se estropean los de las otras. Si alguien intentara ordenar el cubo de Rubik con los ojos vendados, haciendo un movimiento cada segundo, tardaría 1,2 billones de años, o sea, trescientas veces la edad de la Tierra. Eso es lo que tardaría una proteína en formarse por azar. Por si fuera poco el cuerpo humano consta de doscientas mil proteínas, luego es imposible que la vida se haya formado por azar. Por tanto se engaña a todos los estudiantes cuando se les explica el origen de la vida a partir de unas chispas eléctricas en un caldo primordial, pues esto sólo explica el origen de algunos aminoácidos, pero no explica cómo se formó la primera proteína a partir de los aminoácidos.

Bueno, esto tiene hasta nombre, y se llama, como ya hemos dicho, falacia de Hoyle. Vamos, que siendo ése su nombre generalizado se entiende que el mundo científico no le da mucho crédito. No es difícil explicar por qué es una falacia; Richard Dawkins lo hace más detalladamente en varios de sus libros (que yo haya leído, en El espejismo de Dios), pero aquí seremos breves.

MioglobinaLa falacia de Hoyle viene a decir, en resumidas cuentas, que es estadísticamente imposible que las proteínas surgieran a partir de los aminoácidos por puro azar. Pero no lo es, puesto que no estamos hablando de un solo hombre resolviendo el cubo de Rubik con los ojos vendados, sino de una persona por cada uno de los lugares donde podrían haberse formado proteínas en un principio. Y, teniendo en cuenta la escala a la que se producen estas reacciones y el inmenso tamaño del universo, el número de posibilidades es mucho mayor. Además, la falacia asume que se pasó directamente de los aminoácidos a las proteínas tal como hoy las conocemos, y no contempla la posibilidad de un estado intermedio más sencillo y estadísticamente más razonable.

Dice a continuación:

Pero si no se puede explicar ni la formación de una proteína, ¿cuánto menos la formación de cientos de miles de especies hasta llegar al hombre? Por eso Hoyle considera una perogrullada atribuir la multitud de especies a la simple selección natural. Tampoco* se puede explicar por mutaciones accidentales de los genes, pues el ADN es tan estable que cuando se altera no mejora la especie, sino que la estropea, ya que produce enfermedades hereditarias.

Dejen de buscar a dónde lleva el asterisco, porque lleva aquí; sólo quería que se fijaran en esa palabra: “tampoco”. ¿Tampoco? ¿Son acaso la selección natural y las mutaciones accidentales dos métodos opuestos? Pues miren, no: se complementan. Las mutaciones accidentales crean poblaciones genéticamente diversas, y la selección natural se encarga de cepillarse a aquellos individuos cuyos genes no son apropiados para las circunstancias en las que le ha tocado vivir a dicha población. Y ya lo siguiente es de libro: ¿que las mutaciones producen cambios a peor? Sí, en muchos casos así es; y como los cambios son a peor los individuos que los padecen la palman sin dejar descendencia. Por su parte, los pocos agraciados a los que la mutación les ha favorecido se casan y tienen muchos hijos tan altos y rubios como ellos, y las características resultantes de la mutación se mantienen a lo largo de las generaciones. Pero ¿de verdad tengo que explicar en qué consiste el darwinismo a estas alturas?

Venga, la última cita y después a la cama:

Es evidente que no pudo ser la materia amorfa, ni tampoco el azar [quien guió el proceso evolutivo]; sólo la sabiduría infinita de Dios pudo hacer el programa informático más sofisticado y miniaturizado que ha habido y habrá jamás. A esta conclusión llega Hoyle, el astrofísico más grande del siglo XX, después de treinta años de investigación.

Bueno, bueno. Los ojos se le quedan a uno haciendo chiribitas después de esa deslumbrante exhibición de fuegos de artificio retóricos. Aunque no creo que Hoyle, a pesar de apostar en sus escritos por el diseño inteligente, se expresara nunca con esa devoción por “la sabiduría infinita de Dios”. Además de que decir que el más grande astrofísico del siglo XX fue un señor que es principalmente recordado por una teoría tan ampliamente desmontada como la del Universo Estacionario

Permanezcan atentos a sus monitores porque aún me quedan bastantes cosas que decir sobre estos bienhallados papeles del capellán.

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