Ulises

Resumiendo, Leopold Bloom sale de su casa y se da un paseo por Dublín, va a un funeral, se toma un par de cañas, escribe una carta y se vuelve a su casa con su mujer. Hace falta mucha cara para envolver esto en novecientas páginas de barroquismo exacerbado, pero ¡qué demonios!

(El Ulises según la Inciclopedia. Por cierto, ese artículo, el dedicado a la vida y obra de Joyce, es buenísimo; léanlo.)

La verdad es que no sé por dónde empezar, así que, bueno, por qué no hacerlo por la ya clásica foto de rigor, para acompañar visualmente sus indignadas exclamaciones sobre si estoy loco o dejo de estarlo:

James Joyce

Ese tío es Joyce, y ése sí que estaba loco. Porque el fragmento de la Inciclopedia que he citado al comienzo de este artículo… bueno, refleja la pura verdad sin concesiones, porque de eso va el Ulises. Y de un propósito tan estrambótico como es talar una burrada de árboles para contar un día en la vida de un par de personajes normales y corrientes sale una novela que es la polla.

Miren, el Ulises es una obra tan enorme y tan compleja que aunque uno no la entienda o no la disfrute en el momento es para sentir una devota admiración por la mente perversa que ha ideado y construido todo este satélite. No es mi caso, porque yo la disfruté mucho; pero es que todas esas referencias, juegos de palabras, asociaciones, analogías con la Odisea, toda esa pura maldad reflejada en las palabras, son para morir de placer intelectual. Son toneladas de sabiduría concentradas en las ya mencionadas novecientas páginas; y, bueno, no creo que quepa duda de que el Ulises constituye una de las cumbres de la literatura universal.

Ah, puede que hayan pensado, pero ¿se puede leer el Ulises? Bueno, yo lo he hecho, y soy un ceporro. Por supuesto uno no puede cogerlo así a lo bestia y ponerse a leérselo sin prolegómenos, porque no se entera de nada. Antes hay que informarse; cada capítulo exige una preparación que consiste en una búsqueda previa del título asociado al mismo, de los temas que se van a tratar, de los símbolos presentes; conviene leer, aunque sea resumido, el mito clásico al que se refiere el título del episodio. Una vez hecho eso, el Ulises me parece una lectura digerible. Por supuesto que si no te has tirado toda la vida estudiando a Joyce no vas a entenderlo todo, y habrá cosas con las que no habrá cojones; pero no te perderás, eso asegurado.

El rollo de los títulos y símbolos está a disposición del personal en los imprescindibles esquemas de Linati y Gilbert, que hay que tener siempre a mano mientras se lee la novela. Mi capítulo favorito posiblemente sea Circe, la locura absoluta, aunque otro que me gustó mucho fue Ítaca, y por supuesto cada episodio tiene algo por lo que merece la pena. Hay que leérselo entero, leñes.

No voy a recomendárselo, pero allá ustedes si no se lo leen. El Ulises será complicado pero puede leerse y disfrutarse enormemente, y todo cuanto hay en él obedece a alguna razón para estar ahí; aunque cueste, es un libro comprensible, y aunque haya que escarbar, es un libro que sigue una lógica. Otra historia completamente distinta es Finnegans Wake, con el que nos veremos las caras tarde o temprano.

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