Probablemente el título más impactante de mi carrera, pero lo he tomado prestado de un libro de Bukowski que vengo a reseñar hoy. Bueno, en realidad no vengo a reseñarlo. Vengo a decirles que es tan bueno como siempre, que va de lo mismo de siempre y que como dato interesante puedo decirles que en los relatos de esta colección se basan las escenas de Ordinaria locura. Y por ser un libro de relatos a veces Bukowski deja volar la imaginación…
Monthly Archive for septiembre, 2008
Clásico de Steinbeck que puede presumir de poseer un estilo directo que no se vale de artimañas para arrancar emociones: la emotividad de este libro reside en el argumento, en las situaciones desesperadas, en el constante regomello que se siente al pasar sus páginas. Nada he notado panfletario en el texto, a pesar de haber sido advertido de que podía haberlo; y ha de hablarse también del final, que te deja cuajado, aunque, como también de esto estaba advertido, no fue tanta la impresión como tendría que haber sido. Vamos, que lo recomiendo mucho.
El mejor libro de Cela, lo digo desde el principio. O por lo menos el mejor de los que le he leído, que ya son unos cuantos. Cela escribe de puta madre y, además, de una forma que me resulta atractiva; pero en esta novela el estilo gañán que me gusta de él se encuentra en su mayor exponente, y el retrato del Madrid de posguerra que hace es interesante y ameno. Vamos, que, por lo que yo sé (que bien pensado tampoco es mucho), si quieren un libro de Cela vayan a por éste de cabeza.
Bueno, parece que esto ha llegado a su fin. No hay tres entradas programadas para mañana: sólo una, que es la del libro que toca reseñar; así que parece ser que se acabó la racha, a no ser que se me ocurra velozmente algo. Ha sido un mes absurdo, pero tampoco me ha salido del todo mal la jugada, aunque quizá haya resultado un tanto cansino. Nos veremos más de vez en cuando…
Miguel Costas, miembro fundador de Siniestro Total cuya marcha del grupo provocó la mayor polémica existente en lo que a dicha banda se refiere, tiene nuevo disco este año; y para presentarlo sacó un single de adelanto, cuyo videoclip pueden ver aquí. El videoclip no está mal; la canción, para qué andarnos con rodeos, es malísima. La letra es una llantina de niño rico que no encuentro lógica en boca de un señor que se acerca ya a los cincuenta, aunque alabo el uso que en la misma hace de la palabra “hilaridad”. La melodía y tal no está mal; pero la producción le da un sonido tan plano, tan de maqueta… tan aburrido, en definitiva, que la hace carecer de interés. No entiendo a la gente que dice que Siniestro se va al carajo y Costas sigue tan fresco como siempre. Pero cada uno…
El señor de la izquierda es William Faulkner, cuyo libro El ruido y la furia vengo a reseñar hoy. Es modernista, lo que va en detrimento de la comprensión; pero una vez más Internet es nuestro amigo y una rápida búsqueda previa viene de cojones para enterarse. La novela se divide en cuatro capítulos, y podríamos distinguir a su vez entre dos primeros más abstractos y otros dos más lineales que no requieren mayor preparación. Tanto en un caso como en otro la lectura es interesante y, ante todo, el complejo entramado psicológico tejido por Faulkner merece un aplauso.
Nos han mandado para clase de Lengua estos libros:
- El árbol de la ciencia, de Pío Baroja.
- La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza.
- La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca.
- Luces de bohemia, de Ramón María del Valle-Inclán.
- La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela.
Sólo me he leído uno de ellos (La verdad sobre el caso Savolta), aunque una vez estuve a punto de comprarme La familia de Pascual Duarte y también tenía en mente, por alguna razón, El árbol de la ciencia; también he visto representada La casa de Bernarda Alba. Me parece una buena selección y, además, atípica en cuanto a cantidad: cinco libros en un curso es algo inaudito para mi historial de escolarización.
Me enteré a través del Sr. K, webmaster del Diario de Burgos, de esta noticia que apareció reflejada en dicho periódico. Les dejo que la lean antes de proseguir con este post, pues en caso de no hacerlo de poco van a enterarse.
¿Ya la han leído? Bien, pues vamos a lo nuestro. Me enorgullece decir en estos momentos de levantamiento popular que a mí nunca me cayó bien Robe. Musicalmente lo admiro (faltaría más, siendo Extremoduro uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos), pero como persona siempre me ha parecido un flipado, y en los últimos tiempos un poco cabrón; hasta estos límites a los que llegamos ahora. Ya habrán supuesto que yo estoy de parte del público (porque hay gente que no); que pienso que no se puede hacer a un grupo de personas abandonar la vía pública, que no se les puede montar el pollo a los que han pagado la entrada por una rabieta del músico, etcétera. Estarán de acuerdo conmigo.
Cierto es que esta actitud errática e infantil es la que luego da lugar a leyendas de la música, pero vivida en el momento resulta ofensiva.
Fedro es otro diálogo de Platón. El buen señor sigue dándole al peyote, pero como ahora no trata temas tan metafísicos no se nota tanto; éste toca temas como el amor y llega a decir cosas incluso razonables para alguien con un nivel de alcoholemia moderado. De nuevo, una lectura interesante para alguien sin prejuicios.
Acabé por ver la adaptación cinematográfica del relato de Joyce que me recomendó Maribel. Los muertos es el último de los relatos incluidos en Dublineses, y el más largo de ellos; una buena parte de la colección la ocupan sus páginas. John Huston rodó una película en 1987 en la que era adaptado a los menesteres audiovisuales el guión de Los muertos, y el resultado fue muy satisfactorio. La peli dura sólo una hora y cuarto, pero basta para hacernos con los personajes; esto también puede venir del desarrollo que de los mismos hizo Joyce en el relato original, pero hay que decir que el guión de la película consigue que las personalidades permanezcan intactas y se conserve la cercanía. Y tiene mérito que en tan poco tiempo uno acabe por conocer también a la gente, por calarlos a todos. Todo lo demás bien.

