Me he tumbado en la cama sin abrirla, con ropa y con el ordenador y la luz encendidos para ver si conseguía engañar a mi cerebro haciendo que pensara que esto era una siesta, pese a ser las dos de la madrugada, y me dormía, ya que parece ser que soy reticente a dormir de noche y convencionalmente. Pero el muy cabrón no se ha dejado timar y al final he vuelto a levantarme.
De modo que, ya que estoy, les informo de cómo va el verano: bien. No parece que vaya a tener problema con lo que me propuse; es más: con las mates ya he terminado y con el alemán, pues casi, aunque esto ya se sabe que es un aprendizaje continuo. Sigo leyendo, pero las reseñas correspondientes vendrán en septiembre, todas de sopetón (van ustedes a hartarse). El teclado llegó y ahí estamos.
¡Coño!, ¿eso ha sido un bostezo? Me voy corriendo a aprovechar el ramalazo momentáneo de sueño, antes de que se me pase.

