La primera parte del Canto General empieza de manera tranquila, como una oda, y a partir de determinado momento, ya hacia el final, se politiza y se hace furiosa. En este segundo volumen ocurre lo contrario: empieza de ese modo violento y luego se asienta, aunque aun así la poesía se rebela de nuevo en algunos puntos. La verdad es que quizá este poemario sea demasiado denso, con secciones largas en exceso que llegan a aburrir; en cualquier caso, se trata una obra ambiciosa y llena de sentimiento que debió de exigir tiempo y trabajo y que merece ser tenida en cuenta.
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