Para escribir una novela hace falta pretensión; sólo un genio puede poner las palabras tal como le salen, sin ningún convencimiento, sólo por divertirse, y dar lugar a una obra maestra. Ésta es la sensación que me da Pulp, de Bukowski.
Una novela que parece escrita del tirón, como escupida, y la liberación de Bukowski de su grave esquema previo (esto es, Henry Chinaski muriéndose de asco) para simplemente parir un poco de ficción ligera. Una metralla de diálogos ingeniosos, contestaciones disparadas una tras otra y un argumento delirante: eso es Pulp. Un absoluto descojone, y la madurez del autor por conseguir despreocuparse un poco.
También es cierto que Nick Belane no se distancia mucho de Chinaski en cuestión de resacas y afición al hipódromo, y a veces da la sensación de que es Chinaski metido a detective; pero no importa. Nada la hará menos divertida. Léanla mucho.


Definición de Bukowski sobre sus obras: “Escribo como el que mea.” Y no me lo estoy inventando, que el tipo era así. Contaba, por ejemplo, con total naturalidad, que después de salir del hospital tras estar ingresado por una hemorragia gástrica provocada por el alcohol, lo primero que hizo fue meterse en un bar.
¿Te ha quedado ya claro? Y ten cuidado con Bukowski. Con Faulkner y Kafka es uno de los autores que más daño han hecho a la literatura, aun a su pesar: no por malos sino por mal asimilados.