Pues no sé yo qué decirles del Que parezca un accidente; puede que haya sido un trabajo un poco precipitado, pero no está mal tampoco. El sonido no acaba de resultarme del todo correcto (¿no notan ustedes demasiado ruido, barriéndolo todo por todas partes?), y hay un par de cosas que desapruebo: no deberían aparecer en un disco para la posteridad las características equivocaciones de Julián en cuanto a las letras (ay, Tan hermoso: ¿qué vamos a hacer contigo?).
Mi opinión es que si querían reflejar cómo es se desenvuelve Siniestro en directo en la actualidad podrían haberlos seguido durante una gira y haber seleccionado los mejores momentos. De todos modos, hay grandes momentos en este directo: las últimas canciones, directamente, emocionan.
Por su parte, el documental de Mikel Clemente contiene un buen montón de imágenes desconocidas al menos para un servidor; pasa a toda hostia por los primeros años de la banda y se centra en su trayectoria a partir de 1993. Podría haber dado más de sí, pero está bien; de nuevo, emocionan algunas secuencias.
En definitiva, un regusto agridulce; y este lanzamiento me ha hecho tomar plena consciencia de que están ya muy mayores…
Publicado el
Sábado, 5 de abril de 2008 en
Celsius 232.
Los escritores como Bukowski o Kerouac tienen una cosa que me estremece: los mueve un impulso exclusivo de contar sus vidas, de hacer literatura de sus experiencias; y así es como no se molestan en inventar historias de ficción y pretender que resulten creíbles, sino que simplemente sueltan episodios que les sucedieron y cambian poco disimuladamente los nombres de los implicados.
En el camino, que es la que me he leído de Kerouac, encaja perfectamente en esta descripción: Kerouac nos relata, parapetado tras el nombre de Sal Paradise, una serie de viajes realizados a lo largo y ancho de los Estados Unidos a finales de los años cuarenta por él y un grupo de amigos, entre los que destaca Dean Moriarty (esto es, Neal Cassady en la realidad paralela en la que vivimos), que en realidad es el auténtico protagonista de la novela, pues el personaje de Kerouac actúa la mayor parte de las veces como mero narrador de las peripecias de Dean (personaje, por cierto, apasionante). La historia, frenética, produce auténtica envidia en mi persona.
Cierto es que, comparando las aventurillas de Kerouac con las salvajadas de Bukowski, Sal Paradise se nos convierte en un pijo. Pero casi que mejor así; a veces nuestro Bukowski es tan bruto que resulta abrumador… Recomendadísimo.