Monthly Archive for marzo, 2008

El viejo y el mar

El viejo y el mar, famosísima novela de Ernest Hemingway, narra un par de mañanas, tardes y noches de un pescador que intenta vencer a un enorme pez que ha picado su anzuelo. Un episodio tan irrelevante como éste se convierte en algo trascendente cuando el tono melancólico y cansado de la narración nos hace ver en la epopeya del viejo la historia de todos nosotros; nos reconocemos en las frustraciones de cada momento, en todas las pequeñas cosas que aderezan su viaje por el mar.

Pese a no haberme impresionado del todo, no tengo problema en decir que El viejo y el mar es una obra maestra de la literatura, y uno de esos libros imprescindibles.

Crónicas marcianas: ese libro

Oh, señores, qué buen libro me recomendaron ustedes. Crónicas marcianas me ha dejado un muy buen sabor de boca, y está casi con toda seguridad entre mis favoritos. Por ser, como mínimo, divertido; y es mucho más que eso.

El proceso de la invasión humana de Marte contado a través de distintos episodios protagonizados por personajes que no se conocen muchas veces entre sí, o que están remotamente enlazados, nos presenta montones de situaciones absurdas e hilarantes que ponen en entredicho todas nuestras ideas convencionales al enfrentarlas a una imaginaria sociedad extraterrestre.

Un relato, en conjunto, irónico y mordaz, ingenioso y poblado de puntos brillantes y diálogos arrasadores. De verdad, me ha encantado. Uno se ríe y piensa. Ray Bradbury sólo me pareció bueno en Fahrenheit 451, pero con Crónicas marcianas ha conseguido hacerse un hueco en mis preferencias.

Una lectura obligatoria

En mi clase hemos aprobado inglés tres personas; una de ellas porque es británica. La otra ha sacado un seis y yo tengo un nueve, así que parece ser que la profesora vio que estaba demasiado tranquilo y me mandó el otro día leerme un libro sin traducir. Me lo he terminado hoy, ya ven.

No creo que haya mucho que comentar sobre un libro que está escrito con las limitaciones de estar orientado a estudiantes; su interés didáctico hace difícil que sea literariamente bueno, pero al menos puede ser entretenido y no en vano me propuse comentar todos los libros que leyera este año.

El librito, de ochenta páginas clavadas, se llama The lady in white y está escrito por un tal Colin Campbell. Medio engancha, podría ser algo intrigante, pero bah, es desechable y está escrito en un tono para adolescentes que lo hace muy tonto.

El señor de las moscas

El señor de las moscas posee dos partes bien diferenciadas. Durante la primera, que abarca la mayor parte de la novela, leemos un relato acerca de un puñado de niños que se extravían en una isla, y asistimos a su proceso de adaptación; vemos cómo se organizan y cómo surgen las rivalidades. Parece una bella metáfora sobre la civilización narrada en un tono bastante inocente que nos da la sensación de que el libro se ha quedado atrasado desde que fue publicado hace ya muchos años.

La forma en que la novela cambia drástica y espantosamente en la última sección de la trama es sencillamente alucinante. Desde ese momento se convierte en una increíble y sobrecogedora historia de terror, conseguida no sólo por sí misma sino también por contraposición a las páginas anteriores, que parecen un cuento para niños. De verdad, alucinante; el final provocome un éxtasis místico.

Ni rastro de inocencia a esas alturas, claro.

Trescientas libras de alegría

La senda del perdedor

Me dijo que aquella noche quería dormir conmigo, pero en el último momento cambió de opinión y prefirió dejarlo para la noche siguiente. Volví a mi habitación noctámbula resentido por, primero, eso y, segundo, que no había leído nada en todo aquel día. Mi maravilloso ritmo de lectura se estaba yendo al carajo, pardiez.

Había calculado que no me dormiría hasta las cinco. Llegué a mi habitación algo más tarde de las once; empecé a leer La senda del perdedor y cuando terminé las ciento ochenta páginas que tenía mi edición (no muy elegante, he de decir) me fui a la cama. Eran un poco más de las cuatro de la madrugada.

Pensé que había invertido cinco horas en leer un libro de principio a fin; un poco más habría sido una jornada lectiva completa. Prácticamente, la clase de un día me la había pasado metido en la vida —la juventud, en realidad— de Henry Chinaski.

Lo cierto es que el personaje resulta muy creíble, pero eso ha de ser en buena parte porque estamos ante una novela, a medias, autobiográfica. Asistimos en ella a un amplio conjunto de anécdotas de la juventud de Chinaski que van configurando al personaje y van haciendo que veamos cómo madura, desde que tenía dos años hasta cumplir los dieciocho, y cómo va descubriendo las mismas cosas que todo el mundo.

Una constante a lo largo de todos los episodios que conforman la historia es el ambiente de miseria y sordidez, pero la crudeza con la que éste es presentado es en cierto modo socarrona. El tono no es directamente irónico, pero el absoluto nihilismo que encarnan las palabras, el descreimiento, tiene algo de humor.

Doscientas páginas tan bien aprovechadas que parecen bastantes más. Puede que, tras unos cuantos libros más, me lea otro de Bukowski

El espejismo de Dios

El título en inglés de El espejismo de Dios, que es The God Delusion, resulta mucho más contundente que su versión traducida, pero qué le vamos a hacer. En esta obra de Richard Dawkins, un señor devastadoramente inteligente, el autor expone una serie de ideas acerca de la religión (por qué existe, por qué se sustenta sobre bases incorrectas, por qué resulta perjudicial) con toda la autoridad de que pueden proveerle sus conocimientos como biólogo evolucionista y destacado científico en general (porque, claro, también se tocan temas de física o química).

He de decir, de momento, que la traducción no es que sea muy buena, y que se nota que la traductriz es ajena al léxico científico; por ejemplo, al hablar de Popper nos encontramos con teorías falsificadas en lugar de falsadas. A pesar de esto, la mayor parte del libro puede seguirse sin problemas. Otra cosa que veo es que Dawkins posee un pensamiento terriblemente determinista que a veces provoca un poco de repulsión, y que supongo que desarrolla más en otras obras como El gen egoísta, que pienso leer. Claro, éste es un inconveniente que atañe al lector.

El autor se va un poco por las ramas a veces, pero esto, aparte de ser prácticamente inevitable, no hace peor el libro, porque todos los temas tratados son interesantes. Puede que se predique un poco a conversos, pero en cualquier caso se aprende muchísimo con él, y contiene enormes cantidades de datos fundamentales o curiosos.

Todo inconveniente que yo acabe de mencionar no quita que, como dice Bakunin, éste sea un libro que tendría que ponerse como obligatorio en las escuelas.

Demasiado bueno para ser cierto

Si el río fuera whisky no se desbordaría.

(Siniestro Total, Inundación.)

Era estupendo quemar

Fahrenheit 451 completa la trilogía distópica clásica junto con 1984 y Un mundo feliz, y aunque no es tan bueno como este último ni tan opresivamente conocido como 1984, está bastante bien. Bradbury es un maestro a la hora de describir sensaciones, y su prosa puede llegar a ser poética en ocasiones; tiene un estilo correcto, y buenas ideas para un mundo distópico que no está ni de lejos tan desarrollado como los de las obras anteriormente mencionadas, ni es tan fatal. Aun así, da la impresión de que la historia se acaba demasiado pronto, y de que podría haber dado más de sí; pero repito que me ha parecido, sin lugar a dudas, un buen libro.

Por fin, un coñazo soberano

El guardián entre el centeno es un coñazo seudoprofundo que te acabarás leyendo igual por curiosidad (y porque no tiene mil páginas).

(Maiko, sabia.)

Pues eso es: he caído en sus redes, y me lo leí el otro día. Ni mi afán por llevar la contraria sumado al hecho de que todo lo que me habían dicho sobre él era negativo pudieron contra el hecho de que, efectivamente, es un coñazo.

El personaje de Holden Caulfield la verdad es que podría resultar hasta un tipo inteligente, ingenioso y encantador visto desde fuera, pero como asistimos a la obra desde el interior de su cabeza no podemos ignorar el hecho de que es un completo imbécil. Joder, qué tío más insoportable. No por lo que decía Vengoroso:

Yo no podía evitar la sensación constante de “pero qué c@#~!”@ me estás contando, so capullo, ¡si eres un puñetero niñato de papá! ¡Búscate la vida por ti mismo y luego me vienes con crisis existencialistas!”.

No es eso; creo que todos tenemos derecho a sentirnos mal: sin ir más lejos yo vivo como un señor y me paso el día llorando por los rincones. No hay en este mundo nada tan jodido como carecer del derecho a sentirse desgraciado.

Pero vamos, es que la forma que tiene el señorito éste de contar su historia es llorica e infantil a más no poder, y te hace odiar su crisis de las narices. Claro que es infantil porque es un crío, lo que me hace preguntarme si alguien metido en mi cabeza sacaría las mismas conclusiones que he sacado yo de esta lectura.

Además, la historia no lleva a ningún sitio. Tras dos días viendo como el chavalín éste queda con conocidos y va de bar en bar acometiendo patéticos intentos de borrachera, la historia se acaba y uno se pregunta qué puede sacarse en claro de todo esto. No pasa nada interesante en toda la novela. Podría finalizar cien páginas antes o tener cincuenta más, que daría lo mismo.

Por fin un libro malo, joder, que aporte variedad en mi lista. Aunque la existencia de un libro tan evidentemente malo deja más claro en qué radica la calidad de una obra, y da esperanza, pues tras leerlo tuve más claro que es bastante fácil escribir bien.