Bueno, bueno, bueno. La disfunción auditiva temporal y el olor en la chaqueta del viernes por la noche. Debería salir más; de todos modos, hoy ha caído concierto campestre de Lagartija Nick. Ha sido al aire libre, en el Paseo del Salón (cosa que a los visitantes del exterior de Granada os dará igual) y encima de un autobús, con un sistema de sonido montado para la ocasión.
Los teloneros (bueno, en principio estaban al mismo nivel), P.P.M., han sido apañados. El cantante no convence ─y le gusta mucho el wah-wah─ y al bajista apenas se le oye en los coros, pero el batería es bastante bueno y dan caña, además de que han versioneado God save the Queen y London’s burning.
Lagartija Nick han estado atronadores, y el sonido no era malo. El concierto se ha hecho corto (tanto, que si hemos perdido el último autobús de vuelta ha sido por poco), pero se han portado muy bien tratándose de un concierto para los transeúntes (no obstante, había una buena marea allí congregada). Son todos muy correctos.
A continuación el repertorio de la noche en orden alfabético, resaltando en negrita aquellos que considero los puntos cumbre de la velada:
- Anoche soñé demasiado
- Contar lo que no puedo contar
- El signo de los tiempos
- Esa extraña inercia (Anfetamina)
- Estratosfera
- Fahrenheit 451
- La curva de las cosas
- Lo imprevisto
- No lo puedes ver
- Nuevo Harlem
- Pasajeros en tránsito
- Resplandor
- Satélite
- Veinte versiones
Helo ahí: un repertorio muy reducido y muy centrado en El shock de Leia, pero muy convincente. El culmen definitivo ha estado compuesto por La curva de las cosas y Satélite (¡esperaba Nuevo Harlem!), creo poder decir; el público estaba entregadillo. Podéis comprobar que vuelvo a ser incapaz de acordarme del orden real de las canciones, así que he vuelto a optar por el alfabético.
Es de destacar que al final del concierto Eric ha lanzado al aire las baquetas, que han caído detrás del autobús; Velasco (mi acompañante de acción) se lo ha pensado muy, muy, muy poco y ha ido corriendo a por ellas, proceso en el cual se ha enfrentado a un encargado de seguridad al que ha conseguido despistar.
Ahora son suyas. Estaban hechas pedazos; ese hombre ha de ser muy bruto.
¡Pero ve apuntando los títulos en el móvil, aunque sea, hombre de Dios!