Advertencia: si te tomas este blog en serio andas listo.
¿A quién matas antes: a Hamilton o a un judío? Al judío, porque primero va el deber y luego, el placer.
(Un amigo en sus momentos más políticamente incorrectos.)
Oiga, por favor: ¿dónde está su puta madre?
Advertencia: si te tomas este blog en serio andas listo.
¿A quién matas antes: a Hamilton o a un judío? Al judío, porque primero va el deber y luego, el placer.
(Un amigo en sus momentos más políticamente incorrectos.)
Les voy a contar un secreto: cuando escribí el archienlazado (por mí mismo en sucesivas entradas, quiero decir) Acaba lo malo yo no me creía nada de lo que estaba escribiendo. Mi intención era exclusivamente coñesca, cínica e impersonal; me apoyaba en las estadísticas y los periódicos, en una visión general, en los comentarios de los adultos. La adolescencia, me estoy dando cuenta, no se veía por ningún lado a mi alrededor por aquel entonces: aquellos desamores no eran más que un perro vestíbulo, una ridícula preadolescencia.
El verano de 2007 me ha hecho darme de morros contra la realidad, ver a la gente cambiar y a mí mismo despertarme borracho y conduciendo un coche a toda leche y en dirección contraria. Ahora, damas y caballeros, es cuando corro el peligro de ser absorbido, porque antes no tenía con qué distraerme de mi recto camino. Perdonen los desbarres que hace tiempo que tengo, y los que me quedan antes de pasar del todo el mal rato; de veras que lo siento. Me pienso tanto las cosas tan obvias, me preocupa lo asumido de tal modo que creo que no sólo tengo la edad más cruda, sino que aparte sufro algún tipo de disfunción psicológica por la que no relaciono conceptos que todos ven normales. Además de que no sólo otros adolecentes, sino también cuantiosos adultos, intentan llevarme al huerto.