Monthly Archive for Noviembre, 2007

Del libertinaje

¿Y saben qué es lo más mejor el Bachillerato? Las horas tan raras a las que se entra y sale de clase: entre profesores que no vienen las primeras o las últimas horas, excursiones y excursiones que acaban antes de tiempo, huelgas y demás parafernalia, aislado es el día en que entro a las ocho y media y salgo a las dos y media. Miren cómo ha sido esta semana:

  • Lunes: de ocho y media a dos menos veinticinco.
  • Martes: de ocho y media a una.
  • Miércoles: de ocho y media a dos y media.
  • Jueves: de ocho y media a una menos veinte.
  • Viernes: de nueve y veinticinco a dos y media.

A veces, he de admitirlo, incluso me siento culpable y pienso que esto no puede ser bueno, que las cosas de este modo no va bien. Pero qué bien se está en casa.

Renovación de plantilla

Tiene lugar esta tarde en este blog un proceso de recategorización de los posts, o quizá fuera más exacto decir de redefinición de las categorías. Vamos, que en general seguimos igual, pero hay algunos ligeros cambios.

Han sido inauguradas dos nuevas secciones; una es Burricencias, que dará cabida a todas esas enajenaciones mentales de las que soy autor algunas veces: todo lo oscuro de este blog, todo eso que sale cuando me flipo. Se trata de mi consultorio psicológico. Por otro lado tenemos El orden en el caos, que agrupa todas esas entradas sobre ciencia que hasta ahora se habían colado en otras clasificaciones.

Esa aberración hasta ahora llamada No a la segregación de la exégesis nihilista, que pretendía ir sobre menesteres propios del adolescente, ha sido borrada, pues no le veía mucha utilidad. Los posts que contenía han huído a otros lugares. Además les he cambiado los nombres a varias categorías que ya estaban, en reivindicación del ingenio y, por qué no, la pedantería. Disfruten.

¡Hay una serpiente en mi bota!

Una de las cosas que más rabia me dan en este mundo es que yo estaba vivo en los noventa y no me enteré de nada: muchos de los que actualmente son mis grupos favoritos sacaban discos y yo estaba a lo que estaba.

Sirva tal muestra de presentación para enseñarles una de las pocas cosas de las que me siento orgulloso de acordarme con todo lujo de detalles:

Hay un amigo en mí.
Hay un amigo en mí.
Cuando eches a volar
y tal vez añores tu dulce hogar,
lo que te digo debes recordar:
porque hay un amigo en mí.
Sí, hay un amigo en mí.

Hay un amigo en mí.
Hay un amigo en mí.
Y cuando sufras, aquí me tendrás:
no dejaré de estar contigo —ya verás—;
no necesitas a nadie más,
porque hay un amigo en mí.
Hay un amigo en mí.

Otros habrá, tal vez,
mucho más listos que yo:
eso puede ser;
mas nunca habrá
quien pueda ser un amigo fiel,
y tú lo sabes.

El tiempo pasará.
Lo nuestro no morirá.
Lo vas a ver: es mejor saber
que hay un amigo en mí.
Hay un amigo en mí.
Hay un amigo en mí.

De verdad, qué grandísima película: díganme una sola película de animación que sea mejor que ésta. Por supuesto van a decírmela, pero yo les diré que mentira.

PD: Si se sienten nostálgicos (cosa poco probable dado que la mayoría de mis lectores me doblan la edad) pueden buscar también No sé qué va a ser de mí, otro temazo. Ambas canciones están en YouTube a disposición de ustedes.

Atracción por lo raro

Miren qué curso más chulo: euskera para castellanohablantes. Llegué a él a través de Menéame y, aunque está a medias (sólo tiene seis lecciones publicadas), se nota que el que lo ha escrito sabe cómo enseñar, porque va paso a paso, todo se entiende perfectamente bien y todo es digerible, y vas aprendiendo a hablar vasco.

Hace un tiempo que tengo interés por el euskera, sobre todo porque cada dos por tres me daba por aprender otra lengua romance, y al final se hace un coñazo porque vienen a ser todas iguales, y sobre todo parecidas al castellano; el vasco, sin embargo, está lleno de detalles extraños que lo hacen interesante. Ahí pueden ver.

No me toquéis los cojones

Valorar la trascendencia histórica de la Segunda República y de la Guerra Civil, destacando especialmente el empeño modernizador del proyecto republicano, la oposición que suscitó y otros factores que contribuyeron a desencadenar un enfrentamiento fratricida.

(Futuro sexto criterio de evaluación de la asignatura de segundo de Bachillerato llamada Historia de España, según el Real Decreto 1467/2007. No, si a mí da igual que me toquéis los cojones; pero cuando cierto sector político diga que se los estáis tocando, por más separado ideológicamente que esté de ellos, no podré más que entenderlos, porque la cosa clama al cielo.)

Volviendo sobre mis pasos

Enlacé el otro día una serie de artículos de El Tamiz, y después de hacerlo estuve dando un repaso a todo el blog, que no conocía y del que ahora debo hablarles. Se trata de un sitio dedicado a la divulgación de la ciencia, y particularmente de cosas que a mí me interesan muchísimo: tenemos relatividad sin fórmulas y física cuántica sin fórmulas. La cosa está bien explicada y si uno se concentra y le pone interés al asunto puede entenderse sin mayor problema; claro que hay que meterse en materia y pensar, pues si sólo se lee no nos aclara nada.

Tan bien como siempre

Hace unas semanas que se emiten en La Sexta nuevos episodios de Padre de Familia, esa gran serie de animación. Claro que de nuevos no tienen mucho, pero en este canal no habían sido emitidos antes, aunque la quinta temporada, que es la que están emitiendo actualmente estos señores, empezara el año pasado.

Uno podría pensar que como son posteriores a todos esos grandes episodios que ya nos sabemos de memoria tendrán un punto de revival, y no llegarán a alcanzar a otras grandes tramas. Todo mentira: los hay normales, hay momentos cansinos, como siempre ha habido en esta serie, y hay ocasiones en las que diez minutos seguidos son de descojone continuado, de que cada parida es mayor que la anterior y se suma a la ristra, y no hay dios que pare de carcajear.

De modo que les recomiendo estos nuevos episodios. Hay días que no los ponen, por alguna razón indeterminada, y en su lugar nos encasquetan un episodio repetido; pero aparte de eso, deberían tenerlos ahí de lunes a viernes alrededor de las ocho.

Cómo hemos cambiado (aportando mi parte)

Me ha llovido la excusa para soltarles el rollo sin comerlo ni beberlo: este post de Maiko me tienta a contarles mi historia y exponer mi visión del asunto. Porque yo fui un empollón; aún más: todavía no he dejado completamente de serlo.

Declaré serlo para mí mismo cuando aprendí a leer con las letras magnéticas que había adheridas a la nevera y para el resto del mundo en el momento en el que el primer día que entré en preescolar escribí mi nombre en la pizarra. Cuando con tres años me partí los dientes con el manillar de un triciclo dando lugar a escandalosos defectos en mi dentadura y con cinco empecé a echar tripa sólo estaba confirmando la posición que me esperaba en la escala social del colegio.

Así que durante mi infancia yo fui un caballerete orondo cual tonel, con unas horribles desigualdades que poblaban mis encías y unas paletas ratoniles, y, curiosamente, sin gafas, pues unas que tuve las llevé muy poco tiempo (debido a que mis padres probablemente pensaron que las gafas eran lo único que me faltaba para la repelencia absoluta, y no cuadraba que no las llevara).

No tenía verdaderos amigos y no salía con ellos a la calle a jugar a las canicas o apedrear ventanas; como mucho, me llevaba bien con algún compañero de clase, pero tras salir del colegio me encerraba en mi casa y veía la tele, leía libros o escribía historias pretendidamente ingeniosas. He de decir que ver ahora los productos de mi imaginación de entonces me hacen comprobar que yo era un imbécil, que era repelente, y la verdad es que si ahora me encontrara con mi yo de hace ocho o diez años le daría una buena patada, por melón. Es un ejemplo de gente a la que odio.

Habría que concretar un poco el significado de la palabra “empollón”, pues, como espero que tengan claro, dicho término no significa “que empolla”, como cabría deducir, sino “que saca buenas notas”. No importan aquí los medios sino el fin, y el caso es que durante toda la primaria jamás estudié una página y rara fue la vez que hice deberes (pese a que nos los mandaran). Tenía además cierta tendencia a hacer el ganso, a no atender y a ofuscar a los maestros, así que la mayor parte del día me la pasaba en el pasillo; pero no se preocupen, porque las buenas notas me alejaban de poder ser guay. Además de que era enorme y me faltaba media dentadura, claro.

La consecuencia de mi deplorable actitud fue que hasta sexto la gente pasaba de mí bastante y muchos se metían conmigo, si bien he de decir que jamás recibí paliza alguna, aunque sí varias amenazas; nada pasó en realidad. En sexto, como pasa en mi caso en los últimos años de un ciclo (cuarto de secundaria fue parecido), hallé grandes amistades y tal, y la verdad es que entonces sí me sentí medio persona.

Pero estas amistades se esfumaron al pasarme al instituto, y ciertos fantasmas del pasado volvieron a hacer aparición. Verán ustedes, yo no hice primero de primaria: cuando entré en segundo, claro está, causé cierto revuelo y se me tenía un poco alejado del resto de alumnos porque era un enano y ellos no me tenían por un igual. Al pasar los años ya era uno más, pues tras un lustro compartiendo aula qué más dan las edades, y supongo que por eso en sexto ya era todo chachi.

Cabe esperar que al pasar al instituto, entre la marea de gente nueva, haya pocos acostumbrados, y así fue: de nuevo era un paria. Era el más joven de todo el centro y el cachondeo era abundante. Pasó lo mismo, y al llegar a cuarto ya sólo algún gilipollas que había llegado nuevo se metía conmigo. Además hay que tener en cuenta que alrededor de primero di el estirón y el aparato de los dientes hizo efecto, así que, por lo menos, el componente físico no era tan repulsivo.

Otra cosa que cambió en estos tiempos fue el componente psicológico, pues, si bien mis notas seguían provocando un merecido rechazo, no creo que fuera yo a esas alturas un capullo tan enorme como en primaria, y podía ser hasta medio enrollado. Porque yo tenía cierto complejo, un algo que me hacía pensar que hiciera lo que hiciera mis padres se enterarían, y con once años no decía tacos ni hablaba de sexo o drojas. En secundaria me transformé en el burro que ahora ven, y eso vende un poco más. Pero sin pasarse tampoco, oigan.

No mucho más, miren. Entre segundo y tercero me dejé el pelo largo, entre cuarto y primero me dejé barba. Ahora, en bachillerato, me ha vuelto a pasar lo de que soy de nuevo un enano en un mundo de mayores, pero entre que me traje amigos de cuarto y que no contribuyo tanto con mi actitud a que me descarten, si bien saben que soy ése tan raro, pueden hasta tenerme en cuenta.

Pero aún no he salido del todo del bache en el que me tocó nacer.

Al mejor postor

No se habrán fijado porque no entran aquí más que para leer las nuevas entradas, pero acabo de meter un poco de AdSense en el sitio. Rezo porque nadie se escandalice, y espero esto en serio porque aprecio lo suficiente a mis lectores como para no querer perder a ninguno. Mis razones tengo.

El afán mercantilista que me ha llevado a tomar esta decisión no puede esconderse: el fin primero y principal es ganar dinero. Al menos no creo ser un vendido, pues nunca hice campaña contra la publicidad en los blogs; o no en esta vida, pues creo que el búho que tuve por aquí en los ya lejanos principios de 2006 puede ser ignorado, como todo lo que hice por aquella época. Reniego de aquello, y hace el suficiente tiempo como para no ser tenido en cuenta, así que no hay nada que traicionar, lo mire yo por donde lo mire.

Se me ocurrió hacer esto esta mañana, cuando pensé que quiero una Gibson Les Paul. Claro que lo que ganaré será un resto que no me dará ni para la pintura; pero es que me vino a la mente la idea de que podía ganarme algún dinerillo y no lo estaba haciendo. No creo que el esfuerzo por mi parte ni por la de ustedes haya sido mucho, porque la publicidad me parece poco intrusiva: un cuadro de búsqueda (que simplemente sustituye al que había hasta ahora: ¿cuál es la diferencia aparte del lucro por mi parte?) y un diminuto anuncio perdido por la barra derecha.

Aunque aún me queda la pregunta… No ya un dinerillo, sino que ¿se puede llegar realmente a ganar algo con el AdSense?

La intención es lo que cuenta

Antes de ayer (día veinte) salió la primera release candidate de KDE 4.0, que cada día está más cerca (lo cual es lógico teniendo en cuenta que tiene fijada una fecha de salida). Acabo de estar un rato probándola gracias a KDE Four Live, un live CD del que ya hablamos por estos lares. Mi veredicto:

Aunque aún le queda mucho, va por buen camino. Esto es, los iconos y las barras de desplazamiento molan y hay buenas ideas, pero aún tiene un aspecto cutre, pero cutre de cojones. Supongo que esto se irá puliendo, además de que el código se irá perfeccionando para hacerlo más estable (porque en estos momentos falla más que una escopetilla de feria), pero ahora mismo da vergüenza sacarlo a pasear.

Los plasmoides éstos, las cosas que se ponen en el escritorio, aunque no estén acabados, van bien y acabarán siendo un puntazo. El concepto del nuevo menú también me parece acertado, y en general se han añadido cosas a las aplicaciones (aunque las hay que simplemente se han pasado a la nueva apariencia y usan las nuevas librerías y demás, pero se mantienen como antes).

Ardo en deseos de señalar el nuevo Kalzium como un punto fuerte de esta experiencia: es la hostia. Te resuelve ecuaciones químicas y es capaz de representar moléculas en tres dimensiones, aunque esta función casca de momento. Creo que voy a echar mucha mano de él en un futuro.

Sólo nos queda ya rezar porque aún les quede por replantearse un poco la apariencia (empezando por la decoración de las ventanas y el panel) y porque se consiga una estabilidad decente. Hasta enero tenemos.