Nada importa un carajo

El Never mind the bollocks no es el mejor disco de la historia del punk. Difícil está determinar cuál es el mejor disco de un género que se distingue precisamente por su precaria calidad musical, pero sí podemos localizar uno como su mayor exponente; y ése es el Nevermind the bollocks, porque, si bien yo soy y seré siempre del lado Clash, el único álbum de los Sex Pistols es la piedra angular del punk, y el trabajo más crucial e importante dentro de éste.

Sin duda estoy ideológicamente más cerca de los Sex Pistols que de los Clash (que eran, sépanlo, unos rojillos), de modo que conceptualmente el Never mind the bollocks me parece una obra maestra: todo es rompedor en él. Y ya sé que los Sex Pistols no eran más que una estrategia de márketing, pero eso es parte del mensaje.

La portada, la música, las letras, la voz: todo es como tiene que ser. Holidays in the sun, No feelings, Liar, Submission (¿que sólo es una canción de amor? ¡Qué más da!) y, sobre todo, God save the Queen y Anarchy in the UK quedarán para siempre en los resquicios de mi cerebro. Es puro afán de joder. Y hoy hace treinta años del lanzamiento de una de las obras más importantes de la historia de la música popular, y de la que siendo optimistas fue la penúltima revolución del rock; si no ha sido ya la última y el rock está criando malvas definitivamente.

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