No sé en qué apartado de la matrícula firmé que aceptaba la posibilidad de que me eligieran delegado contra mi voluntad y tuviera que acatar las responsabilidades que tal rango supone. Es un peligro inherente a matricularse y a formar parte de una puta clase, pero no te avisan. Cabrones.
De modo que soy el delegado. Cuando estaba en primaria pretendía ser delegado, y era algo que me atraía en cierto modo, así que siempre me presentaba y luego me votaba yo y ya tenía un voto y ése era el único que tenía. Al entrar a la ESO pasé a aborrecer absolutamente la idea de llevar y traer el parte de faltas, hacer de intermediario ante los problemas y asistir a las juntas de evaluación.
Y ahora ese montón de gente que ni me conoce va y me vota porque, ah, ése es ése que va un curso adelantado y es superdotado y echémosle a él el muerto encima. Gracias por contarlo, los que lo habéis contado. Cabrones. También me han votado mis amigos, pero ésos más honradamente: no lo hacían porque tuvieran esperanza en que yo lo hiciera bien, sino por puro afán de joder y porque yo les había pedido expresamente que no lo hicieran. Con dos cojones.
No me gusta el trabajo, no me gusta la responsabilidad. ¿Por qué me hacéis esto?

