Monthly Archive for Septiembre, 2007

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Ocho meses

Hoy, queridos amigos, ha llegado el día temido en el que se me ha acabado el espacio disponible en el iPod: ocho meses pudiendo meter cuanto quisiera sin miedo, y a partir de ahora tengo que andarme con ojo y sacar unas cosas para meter otras.

Me han durado ocho meses los treinta gigas, lo que no está mal, supongo. Tampoco supongo que sea tan grave: siempre encontrarás algo que no importa tanto; pero poder meter una discografía tras otra con tanta alegría como hasta ahora estaba bastante bien, y ya no es posible.

Deltoya

Hoy he querido escuchar el disco de Extremoduro llamado Deltoya, y por alguna oscura razón he decidido hacerlo con unos cascos antiguos de mis padres que presumiblemente han de oírse mejor que los auriculares que trae el iPod de serie o los altavoces de mi ordenador, que, por cierto, cada dían suenan peor.

Pues, desde luego, he percibido infaliblemente la calidad de la grabación: se oye fatal; la producción es desastrosa. Con otro medio de escucha no me habría dado cuenta de esto en tal medida, pero con los cascos he podido oír mal el disco y así entenderlo del todo, pillarle todo el punto, encontrar su encanto. Bastante, por cierto.

Claro que mejora considerablemente respecto a sus predecesores, pero aun así suena bruto. Puede que sea mi disco definitivo de Extremoduro, el que considero el mejor; Agila está letrísticamente más trabajado y constituye un punto más importante en su discografía, y Yo, minoría absoluta es sin duda el disco musicalmente más complejo y conseguido de todos los del grupo, pero Agila está demasiado mitificado y hay demasiadas quinceañeras que van por ahí cantando La vereda de la puerta de atrás y Standby como para considerar al Yo, minoría absoluta un disco de culto.

Deltoya, sin embargo, es dejado un poco de lado porque es sólo el tercero y por ello es cutre. Pero está lleno de grites jits, para empezar, y es muy bueno, para seguir. Es un disco sobre un tío al que lo deja la novia y se mete de todo, prácticamente; musicalmente es correcto (sin excederse) y las composiciones son algo más variadas de lo que cabría esperar, con algún rollo de reggae, flamenco o jazz suelto por ahí. Además, incluye algunas de las letras más inspiradas, autodestructivas y características de Extremoduro.

Puntos álgidos son la línea de bajo absolutamente jazzística (lo mantendré siempre) de Última generación, el ritmo flamenco (y de esto no tengo ni idea) de Bulerías de la sangre caliente, Deltoya entera porque es para mí la mejor canción de Extremoduro y porque tiene una coda que considero la mejor expresión de descontrol jamás plasmada en un disco, el himno a la alegría que es Ama, ama, ama y ensancha el alma, la suite lisérgica de Papel secante (con sección caribeña incluida) y el estúpido pero molón arrebato contra lo establecido de Estado policial.

Sin olvidar que Sol de invierno, De acero, Con un latido del reloj, Lucha contigo, Relación convencional y Volando solo también molan porque sí. Ya saben: Yo, minoría absoluta es el mejor disco de Extremoduro pero ya eran viejos cuando lo hicieron; ninguno transmite tanta sordidez sin dejar de ser algo trabajado como Deltoya.

Diversificación

Nuestro negocio es otro: tocar los cojones.

(El Camarada Bakunin en este post.)

Promesas incumplidas

Me di cuenta anoche de que he prometido varias series de artículos, o al menos multiplicar un concepto de post, a lo largo de los casi dos años que abarcan las entradas de este blog, y no recuerdo haber cumplido ni una sola promesa. Dije hace un tiempo que reseñaría discos y hace algo más que citaría a la Uncyclopedia, y no lo he hecho (aunque de lo primero hice amago).

La moraleja es clara: ¿debemos esforzarnos por cumplir lo que prometemos? ¡No! Debemos abstenernos de prometer nada: las citas y las reseñas han de ser espontáneas; y, por esto mismo, ni siquiera es éste un post para afirmar que enmendaré esta desconsideración, porque no pienso hacerlo.

Brevemente

Les recomiendo la lectura de este excelente artículo aparecido en La Realidad Estupefaciente. No mucho más que añadir en una entrada dedicada exclusivamente a plantarles un enlace a ustedes en persona.

Malas manos

¡Señor, es mi deber informarle al instructor jefe que el Recluta Patoso tiene un cargador entero a punto de disparar, señor!

(Recluta Bufón —Matthew Modine—, La chaqueta metálica.)

Una puta cárcel

Mi hermana acaba de empezar primero de la ESO. No me acordaba yo a estas alturas de la maravillosa perspectiva que es empezar primero de la ESO: mayoría de alumnos repetidores. Además este verano cambiaron las puertas de las clases, que hasta ahora eran de madera, por unas de metal que dan a uno la impresión de hallarse (todo el mundo concuerda en esto y usa las mismas palabras) en una puta cárcel; y hay cámaras por todas partes. Van a pasárselo bomba.

Otra razón más por la que ir a empezar bachillerato es la puta hostia: es voluntario, está diversificado y se tiene ya una cierta edad (aunque tampoco mucha) que permite que no lo toreen a uno en demasía. Sin emocionarse tampoco, claro.

Sólo es una excepción

Mire usted, una foto en la que salgo bien, o eso creo. Pues habrá que ponerla en el blog, que casi no me ha visto la gente que me lee.

It’s been a long time

Foto realizada por Antonio Velasco.

Calmando a las fieras

Mucho tiempo sin hablar de Siniestro por estos lares, ¿verdad? Demasiado sin darles la tabarra. Pues bien; lean esto. ¿Un posible sucedáneo de la esperada videografía en DVD? No, esperemos: ojalá haya ambas cosas, porque esto suena guay pero no lo cambio por el tan ansiado proyecto antes mencionado.

Paula (por lo menos)

Nunca podrás estar peor de lo que ya estás. En un plano abstracto hay cosas que son peores que otras; puedes establecer una escala ahí, en cuanto a las causas. Una decepción es peor que una amenaza con navaja o una mala mirada, por ejemplo; pero los efectos son siempre los mismos: siempre te sentirás nervioso, siempre querrás morir o no haber nacido o que todo esto no esté pasando.

Vas a decir siempre que es el peor día de tu vida, o el peor fin de semana. Otros estarán peor y tratarán de convencerte de ello, pero son unas zorras: puede que les hayan ocurrido cosas aún más trágicas, pero se sienten exactamente igual que tú; porque la mente humana, eso tan extraño, no entiende de niveles y se sitúa siempre en DEFCON-1. Los mareos no empiezan en el nivel Amenaza y las náuseas, en el Decepción: viene todo junto hagas lo que hagas. Y eso es jodido.

(Tiempo de que a Hedu se le vaya la olla con los posts.)