Monthly Archive for septiembre, 2007

Insert coin

Porque cuando Hedu habla de drogas deja salir al nazi que lleva dentro, absténganse de leer esto las mentes perrofláuticas, o liberales en cuanto al tema, o… todo el mundo. También pueden leerlo si les va a ese rollo, pero disculpen mi osadía y no me exijan cuentas. Gracias.

Mira, si a mí me da igual que la gente se drogue. Las drogas son parte de este universo: normalmente plantas que te puedes encontrar en la naturaleza, que suben al cerebro y hacen saltar chispas. Como experiencia de “qué se siente”, pues mola, pues bueno, pues te lo permito, nena. No es que te lo permita, sino que si te metes algo una vez sola no me daré cabezazos contra la pared.

Pero a ti se te va la pinza mucho y estás obsesionada. Usar las drogas comúnmente, y que cuando quieras reírte bebas o te fumes un canuto y que cuando quieras tener sueños despierta le des un lengüetazo al papel secante y que cuando quieras ponerte a cien te metas una raya y que en vez de echar un polvo te chutes caballo me resulta poco tranquilizador. No, en serio. Reducirlo todo a ecuaciones químicas me parece triste: ponte un dispensador, una máquina de chocolatinas, y rotula cada botón con cómo quieres sentirte hoy: eso hará innecesaria a la gente y, sobre todo, a mí, que es lo que me toca los cojones, porque cuando me cuentas tus macabras aventuras no puedo más que pensar que ¿para qué narices quieres que te cuente un chiste si puedes fumarte un porro y reírte tú sola?

Ah, fantástico. Hemos llegado al centro del asunto: Hedu está celoso de los polvos mágicos, y es por eso que el mundo puede hacer lo que quiera pero tú no, nena. Todos menos tú. Mención aparte merece el hecho de que no dejes de recordarme tu afición, y que el único tema de conversación que tengas sea cuántas cervezas te bebiste anoche y dónde las vomitaste. Me parece triste.

De modo que la gente en general puede escoger ese camino de la simplificación hasta sencillas fórmulas químicas, pero entiende que me gustaría bastante sentirme acompañado en mi camino de la complejidad y las relaciones humanas, por eso de las almas gemelas y demás. Porque aparte de todo este asunto me gustas, qué cojones: molas un huevo para ser una chica, porque permíteme decirte que todas las demás son imbéciles, prácticamente. Tu existencia me aleja un poco más del suicidio por falta de sexo con seres iguales al menda, así que, por supuesto, me gustaría pensar que eres guay del todo.

¿Por qué estaría bien un mundo de gente en su burbuja recibiendo por un tubo enchufado a la boca una corriente continua de la fórmula de la felicidad? Claro que a veces me asalta otra pregunta que jode mucho: ¿y por qué no?

Película recomendada que va sobre exactamente lo mismo que este post, pero en la que ganan los malos: Trainspotting. ¿Quién necesita razones teniendo heroína?

No, pero esta vez es en serio

Jobar, pues sí que tenía una asignatura que me quedaba: Francés, que parece que va a ser dura o coñazo, una de dos. Y estoy razonablemente contento con Educación Física, ahora que ya hemos estado en el gimnasio y hemos sudado.

La primera semana ha sido agotadora y este fin de semana voy a hacer el gandul mucho, porque es lo que he echado de menos. Pero creo haberme hecho a la idea de que puedo con esto: puedo sacar el curso trabajando en serio. Y ahora voy a ver La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos y a terminar mis tareas de clase, porque mañana tengo invitada y he de estar libre para atenderla (¿soy un maestro del suspense o no, chavales?).

Igual este fin de semana consigo que el blog deje de ser este lacio diario personal que lleva cuantiosos días siendo.

Acabando el principio

Creo que, tal como me temía, voy a odiar Filosofía con toda la fuerza de mi ser, mayormente por la profesora. Sin embargo, la hora de Religión está bien porque los que no la damos no hacemos nada: hora libre con ordenadores y para el ocio o el estudio, a voluntad del consumidor. No me quedan ya nuevas clases por dar. Creo que se acabaron los posts introductorios del curso.

Sin razón de ser

Ah, y no entiendo las pruebas iniciales. Dicen que son para comprobar el nivel de la clase, pero ¿acaso piensan modificar el temario con vistas a los resultados obtenidos de la prueba? Me temo que, en la inmensa mayoría de los casos, no.

Además de que están hechas para suspenderlas casi siempre: en verano se te olvida todo y puede que tengas la capacidad para sacar un sobresaliente en la asignatura, pero tres meses de desenfrenada lujuria y consumo de estupefacientes hacen que se te olvide en qué se miden las cosas. ¿Existe alguien que a veintitantos de septiembre se acuerde de algo? ¿Puede existir este ser sobrenatural? No lo creo.

Y esto es todo por esta tarde.

Miércoles primero

Hoy es miércoles. Y los miércoles no hay posts, que son para matarse toda la tarde a estudiar y hacer ejercicios.

Bueno, creo que con lo que llevo escrito ya podemos considerar esto un post, y por si quedaba alguna duda ahora voy a añadir un poco más para confirmar que el veintiséis de septiembre también lo hay. Poca cosa: hoy he tenido la primera clase de Educación Física (en el aula por ser el primer día) y no pinta muy diferente a otros años, así que no va a ser uno de mis dolores de este curso por el momento.

Prepárense porque en cuanto se me acaben las nuevas asignaturas esto va a estar más seco que la mojama: sólo quiero tirarme en la cama, no buscar inspiración para escribir nada. El trabajo dignifica una polla.

A mí me gusta dormir hasta el mediodía

Seré breve porque estoy agotado y soportar este ritmo cinco días a la semana va a ser una prueba moral de cojones. Igual luego me enrollo y escribo mucho, pero a estas alturas del post mi intención es ser breve.

Ir y venir en autobús todos los días es un coñazo: va lleno, muy lleno, increíblemente lleno y hay que ir de pie, rodeado de gente y atendiendo horarios; ¡con lo bien que estaba ir al instituto andando! Poder salir del instituto durante el recreo es una experiencia interesante pero que me la pela porque lo único que aporta es la bollería de fuera, que suele ser mejor y es más variada que la de la cafetería del centro.

No sé ni cómo hemos llegado a las clases: la estrategia consistía, fundamentalmente, en seguir a la rubia, que por milagro funcionaba siempre; así no me he perdido ninguna ni he llegado tarde a nada de momento. En Lengua va a haber que estudiar un poco pero no creo que vaya a tener problemas en absoluto; la prueba inicial podría haberme salido mejor pero creo haber quedado bien. Dibujo Técnico, aun con trabajo, aparenta ser una clase tranquila.

El de Informática usa y recomienda Linux; vamos a usar Guadalinex en las clases y como estamos pocos la cosa puede salir bien. Está todo muy montado, con su intranet y sus historias: todo lo que ha dicho suena bien, y ahora falta verlo en la práctica. De Física he hecho la prueba inicial, que no me ha salido bien; tampoco mal, y de haber sido un examen lo habría aprobado, pero habiendo puesto un nueve donde nos preguntaban nuestra nota de cuarto queda uno como una rata.

Al de Matemáticas le gustan las paradojas, los conceptos extraños y en general las mismas mates que a mí, así que puedo hasta interesarme bastante. Cuenta chistes, y son malos, pero la intención es lo que cuenta; vamos a trabajar muchísimo, pero puede haber buen ambiente. En Inglés la prueba inicial ha consistido en una traducción que he despachado fácilmente: va a ser una asignatura tan chorra como siempre. En resumen: normales, las de Lengua e Inglés; apañados, la de Dibujo y el de Informática; buenos, el de Física y el de Matemáticas.

Una vez más lo digo: ¡demasiada gente!

Tora, tora, tora

Huele a napalm; es un olor que se insinúa en el vestíbulo, que se acentúa por los pasillos y que al entrar por la puerta del aula se hace insoportable. Huele a holocausto nuclear, y pongo “nuclear” sencillamente porque suena catastrófico, no porque tenga nada que ver con el napalm, que efectivamente no pinta nada con las bombas de hidrógeno. En definitiva, hoy he empezado en el instituto.

A mí eso de que te exijan mucho para que luego salgas mejor preparado siempre me ha parecido un embuste y una patraña: llevo toda mi vida yendo al colegio y al instituto de mi pueblo, y me voy a Granada porque aquí no hay bachillerato. Siempre me han dicho mis conocidos que estudiaban en institutos granadinos lo poco que —ellos lo sabían— hacía yo y las estratosféricas notas que iban a sacar en Selectividad. A mí eso me suda un pie, ni más ni menos.

Claro, ahora estoy en un instituto en Granada y va uno acojonado porque piensa que va a poder darse por muerto; y, efectivamente, asusta bastante la cosa. Encima resulta que es uno de los centros menos bestias de la ciudad (dentro de los conocidos, creo), pero prefería bastante la familiaridad de mi antiguo instituto: éste es enorme y complejo y hay demasiada gente.

Por lo menos cuatro de mis compañeros estaban en mi clase del año pasado, y no se siente uno tan solo en medio de la inmensidad; mis amigos han caído mayormente conmigo. Éste es un centro informatizado de ésos (la verdad es que el concepto me la pela), lo que significa que hay un ordenador para cada dos alumnos, que se sientan juntos en una mesa (esto está bastante bien, a pesar de que podría haber más espacio para escribir a mano). Hay tres plantas y estoy al final de un pasillo de la tercera (tres plantas son muchas: el centro es demasiado grande, insisto).

En mi clase, primero D, hay técnicamente seis personas, que con algunos cambios de última hora se convierten en ocho; mantenernos así estaría cojonudo, pero desgraciadamente no nos han considerado suficientes y compartimos aula, tutora y las asignaturas comunes con el C, que es de humanidades. Así que estamos treinta y tantos en el aula y las que te rondaré, morena.

Los horarios son difíciles de entender y parecen obedecer más a la mecánica cuántica que a Newton: como electrones en todas partes al mismo tiempo, hay distintas clases a la misma hora; por lo visto el grupo se divide en dos entonces, pero ya veremos. Tampoco he pillado bien (nadie ha pillado bien) dónde es cada asignatura: mañana habrá que seguir a alguien. Tengo miedo pero si sobrevivo les informaré de mis progresos. Que les vaya bonito.

Horas antes del apocalipsis

¿Me estás diciendo que tengo que meterme en la cama ahora? Ni de coña: llevo semanas acostándome a las cuatro y dormirme antes me es sencillamente imposible; la diferencia de esta noche es que mañana a las diez tengo que estar en el instituto para el primer día de clase, aunque sólo vayan a presentarnos los grupos, los profesores y los horarios (se supone).

Rezo por caer con mis amigos, por tener buenos profesores y porque este curso resulte satisfactorio; tengo los cojones a la altura de la garganta. Deséenme suerte; pero por lo que más quieran.

Cartelera

A la derecha de mi mesa y del ordenador desde el que escribo esto hay una bonita pared en blanco. Durante mucho tiempo hubo allí, colocado a lo alto, un póster de El Señor de los Anillos, pero lo quité en determinado momento debido a que la fantasía épica ya no era lo mío. Luego puse un póster de Stewie Griffin impreso sobre cuatro folios que pegué con celo en su lugar, pero acabé quitándolo porque aquello no era presentable y además se caía continuamente.

Se ha quedado la pared vacía durante bastante tiempo, algo así como un año. Una vez pensé que si alguna vez veía un póster con el cartel de Pulp Fiction tenía que comprarlo y ponerlo ahí, dominando la habitación, de modo que la señorita Mia Wallace me observase desde las alturas mientras yo dormía. Pero a ver quién era el listo que lo encontraba; antes de eso también pensé en el cartel de La naranja mecánica, y eso que ni siquiera la había visto todavía.

Pues es la cuestión que hoy he ido al Salón del Manga de Andalucía, que tiene lugar en Granada (prácticamente), y ha habido abundancia (era hasta excesivo aquello) de carteles de películas. El de Pulp Fiction, que tal como esperaba es fantástico, me lo he llevado y espero ponerlo a mi derecha en cuanto pueda; el resto, por más que me gustara, no lo he comprado por las siguientes razones:

  • La pasta, esa zorra.
  • El espacio: mi dormitorio tiene paredes limitadas.

Había un póster increíble de Reservoir Dogs, media docena de La naranja mecánica (incluyendo el cartel original), el brutal cartel de La chaqueta metálica, el de Miedo y asco en Las Vegas, que está chulo, los de Clerks y El club de la lucha, la portada del Abbey Road de los Beatles y muchos más de los que ahora no me acuerdo.

Efectivamente, me gustan los carteles de películas.

Necesito más

Pues eso: ya he terminado de ver todas las películas que me recomendasteis (y más). De esta tanda las que más me han gustado han sido La jungla 3: La venganza, Desafío Total, Juegos de guerra, Donnie Darko y Lock & Stock. En realidad, no hay ninguna que no me haya gustado bastante. De modo que ya están recomendándome más pelis, que sólo tengo veintiséis bajándose.