(No hay datos concretos, pero vuestra sagacidad, queridos lectores, puede haceros sacar conclusiones. Por tanto, amiguitos, y moríos de asco, esto es un spoiler.)
Harry Potter and the Deathly Hallows. Contemos con lo siguiente: que en el momento en el que Rowling esbozó las líneas generales en torno a las que giraría la serie (¿Harry la palma o no la palma? ¿Vence el bien sobre el mal?) el libro que tenía entre manos era Harry Potter y la Piedra Filosofal. Un librito, como ustedes saben, de doscientas cincuenta páginas, lineal, infantil, que presentaba cierto recato a la hora de la violencia: era una mariconada, vamos. Aunque sentara las bases para lo que vendría después, por supuesto.
En la segunda entrega desapareció, para regocijo del lector, ese miedo a cortar demasiadas cabezas que tenía Rowling en la anterior. La Cámara de los Secretos posee agradables cantidades de sangre que fueron del gusto de todos los lectores, y a partir de ahí numerosas muertes acontecen a lo largo y ancho de las páginas: nos dejan ingentes cantidades de personajes importantes que llegaron después de que la serie se volviera más oscura, más madura, mejor. Si no estaban desde el segundo o tercer libro, al menos sí que cobraron verdadera importancia más tarde.
Decía Rowling que al final del séptimo libro habría un epílogo que llevaba escrito desde los comienzos de la serie: desde antes del primer libro incluso. Evidentemente. Hay un epílogo, y es una mariconada que mola: es precioso, caballeros, pero hasta la náusea. Pero precioso.
¿Adónde quiero llegar con todas estas disertaciones sobre la sangre o la ausencia de sangre? Durante el nudo del libro la palma hasta el apuntador. En los obstáculos hasta llegar al objetivo (esa batalla épica entre el bien y el mal que quita el sentío) caen montones de gentes inocentes, y muchas de ellas eran importantes y un apoyo moral y eso. Pero el final, lo que es el final, es de cuento de hadas. De niños.
¿Me se entiende? ¡Muere hasta el apuntador, y en el contador que llevaba en el mésenyer este fin de semana con el número de muertes, bodas, bautizos y comuniones fueron quince las primeras, la última vez que actualicé! ¡Pero el final, eso que Rowling sabía desde 1990 y nosotros nos preguntábamos (no como el resto de cosas, que nosotros no las sabíamos pero Rowling tampoco hasta que se las inventó el año pasado), es de La Piedra Filosofal!
Revelar mucho es algo que no está entre mis intenciones, aunque supongo que ya he dado una idea bastante aproximada de cómo están las cosas al final. Hay más cosas que me gustaría comentar: los aproximadamente cuatro primeros capítulos del libro son canela fina, y leerlos es un placer. Luego la cosa se pone lenta y pesada y casi no pasa nada (o al menos no se revela ningún misterio, aunque haya acción) durante algún ciento de páginas, y hay ratos en los que aburre. Después llegan un montón de misterios que te hacen olvidar los de los libros anteriores y morirte por saber cómo se resolverán éstos: de pronto es introducida una historia de la que nunca antes hemos oído hablar y que nos envuelve, y ahora prácticamente es de eso de lo que va lo que estamos leyendo. Se trata de los Deathly Hallows, claro.
El interés se recupera y te olvidas de lo anterior. Por último está el Final, la batalla, con tanta acción y tantos sucesos importantes uno tras otro que no te deja respirar, y es genial. Por supuesto, tras todo eso llega el final definitivo, sobre el que ya les he dicho lo que pienso.
No mucho más que decir. Le voy a poner de nota un nueve, me temo. El final está genial para una serie infantil, pero quizá habíamos esperado que hubiera dejado de serlo; el de La Materia Oscura es mejor, y tiene el mismo tono que hubiera tenido el de Harry Potter si Rowling lo hubiera planeado en el quinto libro. El, digamos, segundo cuarto del libro es un punto negro porque aburre (al menos a mí personalmente), y sobre el final no sé qué decir en términos de si me ha gustado o no. Dejémoslo en el aire. Por lo demás, los primeros capítulos, los interrogantes y la batalla le dan el nueve merecido.
NOT MY DAUGHTER, YOU BITCH!
Estoy deseando ver cómo traducen eso.
Claro, como tú tienes un nivel avanzado de inglés, pues te lo lees en inglés antes que yo en castellano… ¡Arghh, qué envidia!