Como dije ayer, tenía un meme pendiente. Me lo manda Diego, que tiene la costumbre, que desde aquí agradecemos, de surtirnos de posts sin que tenga que saltar por nuestra parte la chispa de la inspiración.
La cosa consiste en echarle una fotillo a lo que se vea desde la ventana de mi lugar de trabajo. Como ustedes saben, yo no trabajo porque soy antisistema, pero desde mi lugar de asueto, donde ocupo la mayor parte de mis horas de consciencia, se ve nada más (¡y nada menos!) que esto:
Una triste casa en venta en la que a veces entra gente porque viene a verla. Pintada, porque parece que a nadie por aquí le gustaba el color blanco que traían estas casas de serie. Mis conversaciones con ustedes tienen lugar enfrente de ella. Piénsenlo.
(Cójanlo si quieren, que hace poco ya pasé otro meme y no me gustaría excederme. Conmigo excédanse cuanto quieran, eso sí.)



Gracias y más gracias por los enlaces, pero no lo hago por eso. Es que me caíste bien desde el primer día que te leí y me contestaste a un comentario… y eso que no te conozco. Internet es así.
Seguiré enviando mis disparos tipo meme y comentario hacia aquí
No, hombre, si no digo que mandes los memes porque te enlacen, además de que te serviría de poco: es probable que tu blog sea más visitado que el mío, que no sé publicitarme. Sólo digo que, sea cual sea tu intención —colegueo, no lo dudo—, me evitas tener que pensar cuando no tengo material que publicar
Hombre, intento contestar a los comentarios, movido por dos factores fundamentales:
Tú también me caes bien. Y yo seguiré haciendo los memes que me pases