
Miren a la chavalina de la derecha y podrán entender el interés que suscitaba en un chavalín de ocho o nueve años (ocho, probablemente; en el 2001 ya empecé a ser lo suficientemente consciente como para que me diera por El señor de los anillos) su manera de volar hasta determinada persona y abrazarse a ella descaradamente, sus inocentes aullidos de “tesooorooo” y el hecho, en definitiva, de que estuviera para mojar pan.
Lum, la chica invasora, era una simpática alienígena con la que me reunía a escondidas (no me la habían prohibido; simplemente, no me daba la gana de que mi madre se enterara de que yo veía semejante atrevimiento) de lunes a viernes sobre las cinco de la tarde en Canal 2 Andalucía. Siempre ataviada con su escaso bikini de leopardo, con su pelo verde, sus dientes y sus colmillos, para ir a la playa se cambiaba de bikini y resulta que dormía con más ropa de la que llevaba el resto del día; precisamente en el episodio en el que iba a la playa mi madre abrió la puerta del salón y yo, que estaba en el suelo delante de la tele, me apresuré a apagar el aparato y contestar “nada” cuando me preguntó qué estaba viendo.
Rarísimas razones la llevaban a la Tierra, donde se enamoraba de Ataru Moroboshi, un mujeriego que huía precisamente de ella, lo que a mí personalmente me hacía odiarlo. En el instituto del chaval este Lum tenía un club de fans; eso y poco más recordaba. El episodio en el que Lum se emborracha con una guinda de licor y va tó piripi por los pasillos del instituto diciendo “teeengooo… calooor…” y “¡quiero-más-guindas!” mientras se quita la poca ropa que puede quitarse (porque no lleva más) me convirtió en el cerdo que ahora soy. Pueden comprender que flipara con él.
Bueno, pues el otro día hablando con un amigo sobre una serie que me recomendaba nos acordamos de ésta. Fui enviado a un magnífico proyecto de subir a la red toda la serie, incluyendo películas, canciones y demás parafernalia; me lo estoy bajando todo; lo estoy viendo; me embriaga la emoción del recuerdo cada x minutos. Juro que solté una carcajada al volver a oír la canción del principio y la del final. Además, la serie me gusta; ya no es sólo que Lum me ponga casi tan burro como hace siete años, es que las tramas son muy, muy, muy imaginativas, el dibujo me gusta, los personajes me gustan… Estoy dispuesto ver los doscientos y pico episodios, en serio.
Movidos por este pequeño revival tenemos, ahora toda la clase, entre manos uno de mayor magnitud: una lista de las series de nuestra infancia, que ya va por las ciento treinta y algo, aunque de algunas de verdad que no me acuerdo. Este chaval que me recordó a Lum tiene algunas bandas sonoras de series en el emepetrés, y he sonreído más incluso que con esas dos canciones de antes al volver a escuchar la canción del principio de (Dios, cómo me gustaba) Sakura, la cazadora de cartas, otra posible candidata a ser revisionada.
O Reena y Gaudy, o Digimon (con ambas bandas sonoras, lo mismo hoy); la lista es grande, aunque a algunas les quita la gracia el hecho de que a día de hoy las sigan emitiendo, con lo que Doraemon pierde todo romanticismo, y no digamos ya (¡coño, una que no es anime!) Los Simpson.
No: no veía Oliver y Benji ni Dragon Ball, que no me gustaban, y ni siquiera pregunté a mis padres si podía ver South Park. ¿Me lo parece a mí o sólo me enganchaba a las que tenían a una chica por personaje principal? En cualquier caso, no sé por qué me pasé a las de verdad.
Mmm… Yo tampoco veía Oliver y Benji, ni Dragon Ball. Digimon cayó en la primera reposición por La 2, pero no vi la serie entera ni de coña, cosa que sí hice con la segunda temporada. Pokémon molaba mas, si no se extendiera tanto.
Te olvidas de cosas como los Power Rangers o La banda del patio.
Ey, ey, ey. Si nos ponemos a hacer la lista la hacemos bien: Chicho Terremoto, el Inspector Gadget, Lucky Luke, Dartacán y los tres mosqueperros, Daniel el Travieso la serie de Mortadelo y Filemón, El laboratorio de Dexter, Las Patoaventuras, Pepper Ann, Pinky y Cerebro… Ya te digo, la lista (sin ordenar, eso sí, pero el número no bajará mucho) tiene ciento treinta y tantas series…