Puede que el punk como movimiento musical se extendiera a varios años con la misma importancia, pero hay una cifra que se ha quedado como única y asociada a él por encima de otras: 1977. Estamos, por tanto y si lo calculan, en el año del trigésimo aniversario del punk.
Dentro de este año sin par hay una fecha concreta que mola: el 8 de abril, hoy. Tal día como hoy, hace treinta primaveras, salía a las calles británicas el primer disco de los Clash, el mejor grupo de punk de la historia (tanto, que dejaron de ser un grupo de punk para convertirse en una gran banda de rock). Este álbum, según mi criterio —ya no tan extendido como el referente a la anterior aseveración—, es el mejor disco de punk que se ha hecho, teniendo en cuenta que el London Calling se sale definitivamente del género.
Resume el lado contestatario del punk; la música es simple pero al contrario que otras (Ramones) bandas (Ramones) de punk (Ramones) las canciones se distinguen entre sí y tienen cada una su propia personalidad, aparte de variar dentro del estilo, acercándose al reggae, al pop o al rock más clásico sin desviarse. Las letras son políticas y están pensadas (lo siento: creo que la mayoría de los grupos con letras políticas no saben hacer letras). Que es muy bueno, vaya.
No suena bien, ni en las reediciones, pero tiene encanto. Strummer, voz principal, tiende a cantar como un borracho, y Jones hace unos coros desquiciantemente pop que aportan un contraste notorio. La batería es efectiva, el bajo cumple y las guitarras tienen personalidad. Y está plagado de pequeñas grandes canciones como Janie Jones, Remote control, I’m so bored with the USA, Hate & War, What’s my name, Cheat o Garageland, y otras directamente míticas, como White riot, London’s burning o Career opportunities. Píllenselo, que mola. Y la versión británica; la estadounidense es un refrito posterior que le quita gran parte de la gracia.