Monthly Archive for Abril, 2007

Absoluta vagancia

Me parece que me voy a pasar el puente sumido en la más absoluta falta de actividad. Tengo unos cuantos trabajos que hacer para clase, y escasas ganas de nada. No me voy a imponer escribir posts en unos cuantos días, así que (probablemente) hasta el jueves.

Ticket to ride

Ticket to ride

Al que me ha vendido las entradas le ha hecho mucha gracia que me acompañaran mi padre y mi madre (que al final, inexplicablemente, se ha apuntado, sorprendiendo a propios y marcianos), por no decir que se ha reído de mí en mi puta cara, pero soy un buen chico y no me meto en problemas, así que he dicho “Sí, jajajá” y me he llevado mis tres preciados papelitos.

Toco a concierto de Siniestro cada diez meses, lo que no está mal. Repito: no sé qué va a hacer mi madre allí.

Al final sí

Vale, vale. Ya es casi seguro que mi excelso padre me acompaña al concierto de Siniestro del cinco de mayo en Granada. Mejor, porque quiero oír el repertorio del 2007 (¡Alimaña!) y comprarme la camiseta de “Bésame: soy gallego”. A ver si hay allí alguien vendiéndolas…

Deliberado

Como parece que la única forma de asegurarse al menos un comentario en un post es cometiendo un error que haga relinchar al visitante y escribir indignado al lector asiduo, he aquí un breve texto que promete batir récords de número de comentarios:

Uno partido de cero igual a cero. Dos más dos igual a tres coma novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve. Tengo un tractor amarillo. Es virgen. Todos los pensadores con cuyas teorías estoy de acuerdo fueron excelentes personas. La amistad y el amor duran para siempre. A nadie se le ha ocurrido jamás escribir un post como éste con anterioridad.

Distribuyendo contenido

Al final resulta que era un post de aniversario, pero el caso es que este análisis que hace SuperSantiEgo de la blogosfera tanto en la teoría como en la práctica me ha parecido muy acertado.

Batallitas de quinceañero

Lum, la chica invasora

Miren a la chavalina de la derecha y podrán entender el interés que suscitaba en un chavalín de ocho o nueve años (ocho, probablemente; en el 2001 ya empecé a ser lo suficientemente consciente como para que me diera por El señor de los anillos) su manera de volar hasta determinada persona y abrazarse a ella descaradamente, sus inocentes aullidos de “tesooorooo” y el hecho, en definitiva, de que estuviera para mojar pan.

Lum, la chica invasora, era una simpática alienígena con la que me reunía a escondidas (no me la habían prohibido; simplemente, no me daba la gana de que mi madre se enterara de que yo veía semejante atrevimiento) de lunes a viernes sobre las cinco de la tarde en Canal 2 Andalucía. Siempre ataviada con su escaso bikini de leopardo, con su pelo verde, sus dientes y sus colmillos, para ir a la playa se cambiaba de bikini y resulta que dormía con más ropa de la que llevaba el resto del día; precisamente en el episodio en el que iba a la playa mi madre abrió la puerta del salón y yo, que estaba en el suelo delante de la tele, me apresuré a apagar el aparato y contestar “nada” cuando me preguntó qué estaba viendo.

Rarísimas razones la llevaban a la Tierra, donde se enamoraba de Ataru Moroboshi, un mujeriego que huía precisamente de ella, lo que a mí personalmente me hacía odiarlo. En el instituto del chaval este Lum tenía un club de fans; eso y poco más recordaba. El episodio en el que Lum se emborracha con una guinda de licor y va tó piripi por los pasillos del instituto diciendo “teeengooo… calooor…” y “¡quiero-más-guindas!” mientras se quita la poca ropa que puede quitarse (porque no lleva más) me convirtió en el cerdo que ahora soy. Pueden comprender que flipara con él.

Bueno, pues el otro día hablando con un amigo sobre una serie que me recomendaba nos acordamos de ésta. Fui enviado a un magnífico proyecto de subir a la red toda la serie, incluyendo películas, canciones y demás parafernalia; me lo estoy bajando todo; lo estoy viendo; me embriaga la emoción del recuerdo cada x minutos. Juro que solté una carcajada al volver a oír la canción del principio y la del final. Además, la serie me gusta; ya no es sólo que Lum me ponga casi tan burro como hace siete años, es que las tramas son muy, muy, muy imaginativas, el dibujo me gusta, los personajes me gustan… Estoy dispuesto ver los doscientos y pico episodios, en serio.

Movidos por este pequeño revival tenemos, ahora toda la clase, entre manos uno de mayor magnitud: una lista de las series de nuestra infancia, que ya va por las ciento treinta y algo, aunque de algunas de verdad que no me acuerdo. Este chaval que me recordó a Lum tiene algunas bandas sonoras de series en el emepetrés, y he sonreído más incluso que con esas dos canciones de antes al volver a escuchar la canción del principio de (Dios, cómo me gustaba) Sakura, la cazadora de cartas, otra posible candidata a ser revisionada.

O Reena y Gaudy, o Digimon (con ambas bandas sonoras, lo mismo hoy); la lista es grande, aunque a algunas les quita la gracia el hecho de que a día de hoy las sigan emitiendo, con lo que Doraemon pierde todo romanticismo, y no digamos ya (¡coño, una que no es anime!) Los Simpson.

No: no veía Oliver y Benji ni Dragon Ball, que no me gustaban, y ni siquiera pregunté a mis padres si podía ver South Park. ¿Me lo parece a mí o sólo me enganchaba a las que tenían a una chica por personaje principal? En cualquier caso, no sé por qué me pasé a las de verdad.

Impotencia

Los cinco: ¿por qué me hacéis esto? ¿Por qué me hacéis sufrir de tal manera? Para esto no vengáis a Granada; así no me sentiré mal por haberme perdido un concierto vuestro. Siniestro Total viene a Granada, pero actúan en una sala de conciertos (Planta Baja), por lo que no podré ir al ser menor de edad. Como si me hicieran una entrevista: me siento impotente, blablablá, no pueden hacerme esto, blablablá.

Informe (anecdotario, más bien)

Gracias al live DVD ése del que hablé ayer he podido probar KDE 4, o lo que de momento es, que no es mucho. Como era de esperar, falla más que una escopetilla de feria, pero aun así mola. Algunas tonterías en las que me he fijado:

  • ¡Han capao el icono del Kopete! Lo han redondeado, le han quitado los cuatro pirindolos de colores que tenía en las esquinas y lo han hecho más gris. No me gusta; sin embargo, una vez abierto el programa (aunque no haya podido conectarme) los iconos que lleva están bien.
  • Ahí va Amarok 2. Aunque casca nada más abrirlo y por lo tanto no he podido llegar a probarlo, sí he visto la interfaz, que no está mal.
  • El diseño de las fichas del Mahjongg que trae es excesivamente bonito. Son preciosas, aunque despistan un poco si lo que quieres es jugar y no quedarte embobado mirándolas.
  • El Dolphin está bien: funciona y no es incómodo. No parece que vaya a echarse mucho de menos el Konqueror como gestor de archivos.
  • Akregator soporta etiquetas en la nueva versión, aunque ya veremos qué es lo que se etiqueta exactamente.

Mira que probar un entorno de escritorio y quedarte con el diseño de unos cuantos iconos… Por cierto, ya he actualizado mi Kubuntu de todos los días a Feisty, y la nueva versión que trae del BasKet tiene una pinta buenísima.

Menos rústico pero más funcional

Nuestro amiguito siniestro Sergio se ha hecho un origen RSS para poder estar al tanto cómodamente de los nuevos mensajes que se publican en el libro de visitas de Siniestro Total. Aunque opuesto al encanto de nuestro rústico libro, aferrado tiernamente al año 1997, es evidentemente mucho más funcional que andar entrando cada equis tiempo a ver si hay algo nuevo en la página web.

En el Akregator está, y no parece presentar problemas.

Cosas nuevas

Kubuntu 7.04 salió ayer, aunque por aquí no se escribiera nada al respecto. Planeo no demorarme mucho en actualizar mi versión; además, está este bonito live DVD con el que se puede probar KDE 4 tal como va en estos momentos, y con el que también habrá que hacerse.