No hace ni dos semanas que sentencié en este blog lo siguiente:
No me gusta el hip hop.
Ahora mismo estoy comiendo criadillas… Me cepillé ayer mis principios escuchando una bonita tonadilla de un tal Porta cuyo título, precioso, era Las niñas son unas guarras pero los tíos son unos cerdos. Ya hacía tiempo me había muerto un poco por dentro con una canción anterior de este tipo que se llamaba sólo la primera mitad de ésta, y, joder, no es culpa mía: va el tío y me pone al principio a Stewie Griffin y yo caigo rendido a sus pies. Y ahora saca a una chica llevándole la contraria y diciendo muchos tacos y yo, por qué negarlo, me pongo burro.
Ahora pon un jodido post.
La maqueta (estos del hip hop llaman maqueta a cualquier cosa) ha sido escuchada parcialmente, porque un poco más larga y revienta: veintitrés canciones, y la mayoría de ellas de cinco minutos y pico… ¡Joder! Casi dos horas. No le contéis a nadie que yo he escrito esto, pero suena bien. Cuando se pone a hacer canciones de amor no lo aguanto: ¿no hay, pregunto, ningún Extremoduro en el hip hop? Pero vamos, aparte de eso no me da dolor de cabeza, que ya saben que con lo que a mí me gusta el género ya es mucho.


Ya hay algunos “Extremoduro” en el rap, sólo hay que buscar más
¡Un saludo!
PD: La canción con la chica, por qué negarlo, para mí es la hostia.