Creo que ya he repetido unas cuantas veces que la dirección de mi pueblo no es precisamente ejemplar. También sabrán, si siguen las pistas que he ido colocando por el camino, que el alcalde no es precisamente un ser de mi agrado. Es más, quizá sepan que lo considero un sinvergüenza. Pues bien; hoy aumentaremos el grado (negativo) de los calificativos a él dedicados hasta “miserable”.
El día de Reyes, en el ayuntamiento reparten regalos para los niños que vayan a recogerlos. Claro, la calidad no es que sea destacable… Aún recuerdo el coche dirigido (ahorrémonos el “tele”) que le regalaron a mi hermano: se controlaba con un mando con un solo botón unido al juguete mediante un cable. “¿Y por esto lo llamas miserable?”, dirán ustedes. “¡Madura, imbécil!”, opinarán algunos. Ya maduraré, señores. Mientras tanto, les digo que entregar propaganda política a los infantes que van a recoger sus regalos de Reyes no está pero que nada bien.
Además, es propaganda política diseñada especialmente para tan tiernas edades. Se trata de un librito de unas cincuenta páginas plastificadas, costeado con dinero público, cuyo título es Celia en el Pueblo de Edu, y que pretende ser una guía para promocionar el municipio… Décima página:
Un buen rato estuvo recorriendo los pasillos de la también llamada Casa Consistorial y como era muy curiosa, asomó la cabeza en una de las estancias y vio a un hombre sentado en su despacho.
El hombre al ver a la niña en la puerta se presentó cordialmente “hola soy Paco” “hola me llamo Celia” “¿y que te trae por aquí Celia?” “busco al alcalde para hacerle una entrevista, tengo que hacer una redacción sobre el Pueblo de Edu”, explicó Celia, “¡ah perfecto!”, dijo el hombre esbozando una sonrisa, “has llegado al lugar adecuado porque resulta que el alcalde soy yo”.
Ya han visto el dominio de la acentuación y la puntuación de quien quiera que haya escrito esta… cosa; todas las páginas están ilustradas, y en la siguiente aparece una simpática caricatura de nuestro alcalde, un afable señor que sonríe despreocupadamente cogido de la mano de la repelente Celia.
En el resto del folleto el alcalde enseña a Celia las maravillas de su pueblo; curiosamente, sólo le muestra aquellas edificadas desde que este señor ostenta su cargo. Son los momentos de mayor babosidad los siguientes:
Después del partido los niños de acercaron al Centro Cívico, ubicado junto al polideportivo, allí les esperaba el alcalde para seguir con la visita. “qué construcción tan bonita” dijo Celia, “pues sí”, contesto Paco, “todos nos sentimos muy orgullosos de este nuevo edificio donde muchos vecinos y vecinas del pueblo vienen a realizar actividades culturales y recreativas como pueden ser los talleres de pintura y manualidades, la biblioteca, la escuela de música… además aquí ensaya la banda municipal e incluso los domingos un cura celebra la Santa Misa. [Este imbécil se cree que todos vamos a asentir con la cabeza cuando veamos “Santa Misa” escrito con mayúsculas iniciales.]
“En este pueblo hay tiendas de todo tipo” decía Celia mientras pegaba su nariz a un escaparate, “pues claro niña ¿qué te has creído*?” le decía su primo, “el Pueblo de Edu tiene comercio suficiente para que podamos comprar de todo sin necesidad de salir de nuestro pueblo” (…).
“Ven, te enseñaré lo que estamos haciendo para nuestros vecinos y vecinas”, Paco llevó a Celia a ver la nueva a ver la nueva piscina cubierta, “la próxima vez que vengas podrás nadar aquí con tu primo, ya sabes que el deporte es muy bueno para la salud y además justo al lado estamos construyendo el nuevo pabellón cubierto de deportes”.
Luego fueron a ver el nuevo ambulatorio, “qué bonito es y que grande” dijo la niña, “ahora todos estarán mejor atendidos” “Y fíjate” dijo Paco, “junto al ambulatorio estamos construyendo la Casa de la Cultura ¿y sabes por qué?”, la curiosidad apareció en el rostro de Celia, “porque además de cuidar la salud del cuerpo es muy importante cuidar la salud del espíritu”. [Suenan campanas.]
Más adelante hicieron un nuevo alto en su camino, “mira Celia aquí antes había un barranco muy feo y ahora todo esto lo vamos a convertir en una entrada bonita para nuestro pueblo, con una amplia avenida y rotondas que mejoren el tráfico. [No, las comillas no se cierran.]
He reproducido creo que exactamente todo cuanto pone en el folleto, errores incluidos. Yo me he reído. Y luego me he cabreado, claro. Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo antes de exigir la cabeza del simpático personaje del título. Igual “miserable” les parece demasiado para el idiota que ha perpetrado esto. Bien, a mí me parece el adjetivo indicado.
*Aquí sí que han recogido a la perfección nuestra forma de hablar.

