No hace ni dos semanas que sentencié en este blog lo siguiente:
No me gusta el hip hop.
Ahora mismo estoy comiendo criadillas… Me cepillé ayer mis principios escuchando una bonita tonadilla de un tal Porta cuyo título, precioso, era Las niñas son unas guarras pero los tíos son unos cerdos. Ya hacía tiempo me había muerto un poco por dentro con una canción anterior de este tipo que se llamaba sólo la primera mitad de ésta, y, joder, no es culpa mía: va el tío y me pone al principio a Stewie Griffin y yo caigo rendido a sus pies. Y ahora saca a una chica llevándole la contraria y diciendo muchos tacos y yo, por qué negarlo, me pongo burro.
Ahora pon un jodido post.
(Tilt, el culpable.)
La maqueta (estos del hip hop llaman maqueta a cualquier cosa) ha sido escuchada parcialmente, porque un poco más larga y revienta: veintitrés canciones, y la mayoría de ellas de cinco minutos y pico… ¡Joder! Casi dos horas. No le contéis a nadie que yo he escrito esto, pero suena bien. Cuando se pone a hacer canciones de amor no lo aguanto: ¿no hay, pregunto, ningún Extremoduro en el hip hop? Pero vamos, aparte de eso no me da dolor de cabeza, que ya saben que con lo que a mí me gusta el género ya es mucho.
Enero ha sido desastroso. Prometemos enmendar el error en meses posteriores. Semanas enteras con un post cada dos días… ¿Tan aburrido es este mes?
Ayer por estas horas, o quizá más pronto, o más tarde, tuvimos todos los poseedores de un receptor de TDT el inmenso honor de presenciar un gran acontecimiento: en Antena.Neox se esquivocaron y pusieron Shin-Chan en japonés. Se lo aseguro, es toda una experiencia. Casi tan mítico como cuando, estando yo en quinto o sexto de Primaria, en Canal 2 Andalucía pusieron Doraemon en su idioma original. Aún recuerdo la forma de pronunciar el nombre del personaje que tenían cuando sonaba la cancioncilla…
Otra buena oportunidad para comprobar que esta tía no se entera: entrevista a la ministra de Cultura (cultura, con mayúsculas; ministra, no) en 20 Minutos. El entrevistador no es más borde porque no puede, pero no es ése el caso: la buena señora no se entera, como les decía. ¡Pero léanla!
Sostiene que no hay creación sin industria…
Y menos en el siglo XXI…
Pero, gilipipas, precisamente en el siglo XXI se puede difundir la música —la calidad sonora de la misma es otra cosa, eso sí— sin necesidad de la industria, porque tenemos otros medios que han sido difundidos ahora. Otra perla marina:
¿Por qué un ciudadano que graba sus archivos personales en un CD tiene que pagar un impuesto?
Hay que adaptar la protección de la propiedad intelectual a las nuevas tecnologías.
¿Ven lo que quería decirles cuando dije que esta señora no se entera? Pues que no sabe ni lo que le han preguntado. Mira, Carmen, te están diciendo: “Si yo no he usado en mi puta vida el eMule y no tengo culpa de ná… ¿por qué narices tengo que pagarte un canon a ti?” Pero nada, que esta chica no se entera.
Y nos sale por otro lado.
Pues no, aún no había visto V de Vendetta, la peli. Como adaptación del cómic es una blasfemia (“Evey, nunca había sentido esto por nadie”, o algo así dice V en un momento en el que he sentido auténtico pavor), pero como película en sí no está nada mal. Aunque es algo más larga de lo normal (dos horas dura) no se hace pesada, y, si bien empieza de un modo muy… peliculero (el aleccionador monólogo de Evey), al cabo del rato la cosa se pone bien y vemos que han sabido hacer que se note que V está como una cabra.
Muchas cosas cambian del cómic a la peli, pero tampoco es que se la carguen. Y el final mola muuucho. De modo que al final no estoy reclamando la cabeza de los hermanos Wachowski como pensaba que iba a acabar haciendo.
PD: La he visto en el iPod: ¡qué sensación!
Me complace anunciarles que mañana no tengo clase, porque es el Día del Docente y, como todos ustedes saben, yo soy docente… ¿o no? Bueno, que puente. Al final no ha sido puente nevado, que ya hubiera estado bien, pero oigan, yo a dormir…
Otro uso justificado de la susodicha etiqueta:
Constante no está muerto.
¡Mírenlo! Que llevamos mareando la perdiz desde el verano, y ahora sí, ahora no, y yo no quiero morir sin ir al Kwai (a mirar, por supuesto, sin realizar ninguna consumición). ¿Prensa amarillista, rosa o negra?
Nieva: oración impersonal. Bueno, ahora más bien poco, tendiendo a nada; aunque hace unos minutos caía algo considerable (teniendo en cuenta que estamos en Graná)… Ha empezado sobre las dos y algo de la tarde, para gran regocijo estudiantil, y hace un rato ha comenzado a cuajar, aunque haya sido por poco tiempo, porque, ya les digo, ahora no cae. ¿Nos dejarán algo para mañana a horas tempranas, con tal de que algún profesor se encuentre con que no puede sacar el coche (esto no está bien)?
Venga, y ya dejo de darles el coñazo con Los Enemigos: ya me he bajado la discografía completa de estos señores. Pese a que La vida mata es una obra maestra (y Miedo probablemente se ha convertido en mi canción enemiga favorita), Tras el último no va nadie parece seguir siendo mi favorito, aunque sea el más chungo (históricamente hablando) de todos; y Un tío cabal, con su sobredosis de himnos para las diez canciones que contiene, y con el tono socarrón que lleva en general, se ha colocado muy alto en mi lista personal.
Creía recordar que el Ferpectamente era muy cutre (en una ocasión lo tuve… pero no lo supe apreciar y lo borré de mi ordenador: craso error), mas ¡cuán equivocado estaba! Bueno, no: cutre es, pero suena bien. Parece un trabajo bien hecho, si me entienden. La cuenta atrás está bien, me gusta, pero es el más luminoso de todos sus discos, diría que con diferencia. ¡No hay casi referencias a la muerte! ¡Ni a Dios! Así que no es de mis favoritos. En cuanto a los dos últimos: Gas y Nada, aún no los he escuchado demasiado en profundidad (léase “quince veces seguidas”), pero parecen ser más tranquilotes (e igualmente buenísimos). Alguna canción de estos se me ha pegado también. Y más o menos eso es todo lo que puedo decir.
Ya saben lo que pienso.