Lecturas de noche cerrada

¡Dios, Dios, Dios! Lecturas de noche cerrada: profundizando por los archivos de Halón Disparado a través del por todos conocido ¡Salta!, que lo lleva a uno a cualquier página de las que componen el citado blog aleatoriamente, he encontrado esta joya de la prosa moderna: Los Dinosaurios y la Biblia. Expone cómo el halo de misterio que envuelve a los dinosaurios (¿existieron?, ¿qué son esos fósiles que parecen de dinosaurios, tienen toda la pinta de ser de dinosaurios, y probablemente sean dinosaurios?) enfrenta a dos clases de científicos: por un lado a unos seres malvados que sólo creen en su leyenda particular de la que nadie tiene pruebas (bueno, sí, pero no valen porque no hay ninguna etiqueta en la huesos en los que ponga: “Dinosaurios Peláez. Desde hace doscientos cinco millones de años”), y por otro, unos científicos amables y bondadosos que saben conjugar de forma maravillosa la fe con la ciencia y hacer que todo cuanto está escrito en las Sagradas Escrituras concuerde con la realidad. Y tienen pruebas, oiga.

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