Esnif. Siento un vacío en mi interior que me impide controlarme a la hora de no publicar este post que, como ustedes podrán comprobar, está de sobra y no viene a cuento. No, no tiene que ver con nada de lo que ustedes están pensando: la cosa es bien distinta. Todos decían: “¡Y la pantalla se raya con facilidad!”, pero yo no les creí, o quizá pensara: “Bah, seres inferiores: eso no me pasará a mí.” Pero ha ocurrido. Mi flamante iPod nano. Su preciosa, hermosa, delicada pantalla. Cual pinticas negras, diminutas, pero que están ahí, como el Everest, sólo que a una escala un pelín menor, tres o cuatro desagradables rayajos en su superficie de cristal han aparecido como de la nada, pero ahí están, y ya nada puede hacerse. Esnif.
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