Que les corten los huevos

Cuenta Julián Hernández en Tremendo delirio que a Juanma de los Elegantes se le ocurrió la curiosa idea de hacer una manifestación consistente en salir a la calle quinientas personas con una sola pancarta que pusiese: “Que les corten los huevos”, y a ver quién se daba por aludido. Desde que lo leí pensé que, aunque fuera en una manifestación sobre otra cosa, alguna vez tenía que salir a la calle con esa pancarta. Y ahora estoy más cerca de hacerlo.

Señores, ha sido aprobada la Directiva Europea de Retención de Datos; en resumen, con la excusa de la lucha contra el terrorismo (que, oiga, no discuto que sea ése en principio su fin, pero luego entran en juego muchas otras cosas) se han recortado nuestros derechos, concretamente el derecho a la intimidad. Ahora se podrán saber datos sobre nuestras llamadas a las que hasta ahora sólo tenían acceso las compañías telefónicas que nos las cobraban; y estos datos estarán ahí, en esos discos duros sobrenaturales de proporciones hercúleas que tiene Dios y, en su representación, los políticos, sobre la Luna.

Bueno, al menos, el que se sepa qué-número-llamó-a-qué-número-a-qué-hora-de-qué-día no parece en principio tan malo; pero es que también está Internet: ahora viene lo bueno. Podrán saber qué dirección IP (vamos, quién) se metió en qué página web a la hora que fuera. Es decir, que podrán saber qué estuvimos haciendo exactamente. Y ya lo mejor: podrán leer las conversaciones por mensajería instantánea que hayamos mantenido, porque las tendrán guardadas durante entre seis meses y dos años en esos increíbles discos duros lunares, a los que les cabe todo lo que se quiera.

Aparte de que, en mi modesta opinión, lo de saber quién-llamó-a-quién y quién-se-metió-dónde no puede ayudar mucho así en un principio a detener terroristas, las discográficas ya han entrado en el asunto a pillar pasta, como todo el mundo supuso desde un principio. Piden que, igual que se rastrea a los terroristas, se vaya a la caza de unos sujetos muchos más peligrosos para la moral de la humanidad, comúnmente conocidos como piratas, viendo qué sacrilegios han estado cometiendo por la red. Pero ya saben lo que yo quiero: que les corten los huevos.

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