Esta entrada está escrita con la intención de aclararme a mí mismo los argumentos en los que me baso para decidir no hacer huelga en calidad de estudiante los días que el sindicato la convoca. Nunca tengo muy clara mi postura cuando llegan esos días, de modo que soy la persona menos indicada para aconsejar a otras personas que hagan una u otra cosa. Esta es mi forma de justificarme cuando se me acusa de colaboracionista, no el manifiesto de una campaña contra las huelgas de estudiantes. Ni hacer huelga (las veces que la he hecho) ni dejar de hacerla me dejan la conciencia tranquila, pero creo que no hacer la huelga es la decisión más racional, al menos desde mi punto de vista. En esta entrada intento explicar por qué.
Una huelga se hace con el objetivo de dañar a alguien. Esto no la demoniza sino que es perfectamente lícito: cuando un empresario explota a sus trabajadores, los trabajadores están en pleno derecho de interrumpir la producción de la fábrica, dañando así (económicamente) al empresario. Bajo la amenaza de que la producción siga interrumpida, el empresario puede ofrecer mejores condiciones a sus empleados para que vuelvan al trabajo. Lo mismo ocurre al nivel de un país (salvando la diferencia entre una empresa, que es una entidad privada, y un país) cuando tiene lugar una huelga general. Si la gente no trabaja, el país se paraliza. Suponemos que, por la razón que sea, el gobierno no quiere que esto suceda, así que, si las huelgas son lo suficientemente persistentes y cuentan con un seguimiento suficiente, se contentará a los afectados para que cesen las protestas.
En el caso de la huelga en una empresa y la huelga general está claro que se hace un daño a aquella figura (el empresario o el gobierno) que se quiere presionar. El empresario no quiere perder dinero, el político no quiere ser asociado a una economía que está paralizada (por ejemplo). Se hace un daño porque la empresa o el gobierno valoran el trabajo, con lo que sufren su ausencia. No estoy seguro, precisamente por esto, de que una huelga de estudiantes sea siempre efectiva. Una huelga de estudiantes será efectiva solo en la medida en la que el enemigo valore aquello de lo que se le está privando: la educación de quienes la siguen. Un gobierno que valore la educación será consciente de que, si la gente no estudia, a la larga se detendrá el crecimiento. Uno que no lo haga, como es el caso del que tenemos, considerará que la educación es un lujo, y que, por tanto, el país no sufre si de un día para otro deja de haber alumnos en las universidades públicas. De hecho, es posible que un gobierno particularmente perverso prefiera que las aulas de las universidades públicas se vayan vaciando: finalmente, el sistema de enseñanza público reventará y solo estudiará quien pueda permitírselo, lo que encaja perfectamente con la concepción de la educación como un lujo.
Por eso, de un tiempo a esta parte, no secundo las huelgas de estudiantes: porque no las considero efectivas. En mi opinión, la mejor herramienta para combatir recortes en educación como los que estamos sufriendo son las manifestaciones. Manifestaciones a las que no solo vayan los estudiantes (que, en una visión como la que he dicho que tienen quienes nos mandan ahora, no tienen ningún arma como colectivo aislado), sino todo aquel que considere la educación pública un bien necesario. De esta forma sí creo que se minaría la credibilidad de un gobierno y se le forzaría a cambiar su orientación. (Si es que esto último se puede hacer. De hecho, creo que cualquier esperanza en que el actual gobierno ceda en cualquier cosa es vana. Lo que hay que hacer es echarlo abajo.)
Esto no tiene nada que ver con la mala impresión que tradicionalmente me ha dado el Sindicato de Estudiantes en los encuentros que he tenido con él. Intento, en la medida de lo posible, ir a sus manifestaciones, aunque ninguna se convoque un sábado por la tarde. Aunque tenga que soportar sus extorsiones y sus medias verdades, y aunque tenga que aguantar a muchísimos gilipollas iluminados. No se puede ser tiquismiquis. No en estos momentos.
Por favor, si tenéis alguna manera de convencerme de que sí se deben secundar las huelgas de estudiantes, decídmelo. Nada temo más que creerme en posesión de la verdad y en base a ello hacernos daño a mí mismo y a mis compañeros.